Tell Magazine

Entrevistas » Mundo Empresarial

EDICIÓN | Abril 2018

El inventor

Mauricio Silva, creador de CoureTex
El inventor

Inspirado en la tragedia de los treinta y tres mineros, Mauricio Silva inventó la primera tela inteligente antibacteriana, creada con verdaderos hilos de cobre puro. Un desarrollo que le ha costado sudor y lágrimas, pero que cuenta con certificaciones nacionales e internacionales que avalan sus telas.

Por María Inés Manzo C. / Fotografía Teresa Lamas G. y gentileza de Couretex. Agradecimientos a Duoc UC Sede Valparaíso.

Son conocidas, mundialmente, las propiedades antibacterianas que posee el cobre, y varios han sido los emprendedores y empresas que lo han ocupado en telas destinadas a productos, instituciones y servicios; pero la gran mayoría de ellos falla en que estos no son para toda la vida. Aquí la gran diferencia con la invención que patentó Mauricio Silva bajo su empresa CoureTex: la primera tela antibacteriana inteligente.

“Yo no descubrí la pólvora, el cobre se usa desde el tiempo de los egipcios, y antiguamente los conquistadores colocaban cobre en el agua para que esta no se contaminara ni le salieran algas. Mi invención es la aplicación novedosa de este metal, pues no son sales minerales añadidas a la tela, sino que hilos de cobre puro que no se deterioran con el uso ni el paso del tiempo”, cuenta Mauricio.

Todo comenzó con la tragedia de los treinta y tres mineros y el derrumbe de la mina San José, el 2010. Mauricio miraba el televisor, veía cómo distintas marcas se promocionaban mandando productos, pero sentía que no eran de verdadera ayuda. Así se le ocurrió que ellos podían contar con una tela antibacteriana, como primera capa, que los protegiera de las enfermedades y comenzó su investigación hasta llegar al cobre.

“Este trabajo y esfuerzo de años no ha sido sólo mío, si bien soy el que pelea los permisos y con la burocracia; investigo, me consigo el apoyo financiero del Estado, quién arma y desarma las máquinas… detrás de esto hay un esfuerzo familiar y quien hace los prototipos de productos y va buscando desarrollar nuevas aplicaciones es mi padre, Oscar Silva. Además, mi hermano David ha sido un apoyo fundamental en la traducción de patentes y cartas internacionales. Ellos creen en mi trabajo y vamos avanzando juntos en este desarrollo”.

CONTRA VIENTO Y MAREA

El 2008, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), aprobó al cobre como el único material natural antibacteriano. Estudio que, años más tarde, le dio a Mauricio el respaldo de que esa iba a ser su materia prima. “Se gastaron millones de dólares para validar, hacer estudios, evaluaciones y seguimientos con las empresas productoras de cobre —entre ellas Codelco—, pues detectaron que iba a bajar la demanda a nivel mundial y empezaron a invertir y a buscar nuevos usos”.

En ese tiempo, salieron al mercado los famosos calcetines con cobre, pero estos venían con un derivado de sales que se incorporan dentro de las fibras del tejido. Investigando, Mauricio encontró que estaban patentados por un israelita en Estados Unidos y que en Chile los habían copiado con ciertas modificaciones. “Con una salmuera, la tela capta las propiedades del cobre, pero luego de varios lavados desaparece. Aquí otra empresa le agregó también zinc, pero básicamente es lo mismo. Por eso, para validar mi producto, hicimos análisis de laboratorio y comprobamos que al décimo lavado estos calcetines se volvían comunes y corrientes. En nuestro subconsciente, y sobre todo como chilenos, está el concepto de que el cobre es bueno, el tema es usarlo correctamente”.

¿Cuánto te demoraste en el desarrollo?

Alrededor de tres años. Tuvimos millones de trabas en el camino, pues el “no se puede” fue la respuesta que nos dieron muchos empresarios y entidades públicas. Lamentablemente, los chilenos somos muy reacios a lo nuevo y peor si es producto nacional.

Preferimos el producto extranjero…

Exactamente, me ocurrió con el presidente del directorio de una gran clínica, al cual le ofrecí la posibilidad de probar nuestra tela ya certificada, pero quería saber en qué clínica internacional se había probado. No quiso entender que esta era una innovación chilena y que para tener respaldo internacional, primero debía tenerlo en mi país. Este desarrollo siempre lo pensamos para grandes empresas que pudieran utilizar nuestra tela y darle un beneficio extra a sus productos, pero ha sido difícil ese proceso.

¿Has podido ver la retribución de tu inversión?

Sigo en eso, es una etapa larga. Siempre estamos invirtiendo, por ejemplo partimos  con un solo telar, pero al salir al mercado internacional debimos aumentar a seis telares, que permite una capacidad total de nueve toneladas mensuales de tela.

¿De dónde obtienes el cobre?

Creía que el cobre chileno iba a ser fácil de encontrar, pero la verdad es que no hay… si vas a cualquier ferretería a comprar una cañería de cobre esta es importada. Por otro lado, aunque probamos con una serie de cobres nacionales no todos nos servían, ni eran antibacterianos. La gran mayoría se comercializa “impuro” para abaratar costos, por eso tuvimos que buscar en el extranjero una empresa que nos entregaba el cobre lo suficientemente puro para utilizarlo.

¿Cómo realizan el hilado?

Implementamos y desarrollamos nuevas tecnologías, modificando nuestras máquinas textiles para poder tejer cobre. Primero reducimos el cobre, hasta adelgazarlo a milímetros de espesor, tan fino como el pelo del caballo. No buscábamos hacer un traje antibacteriano de mallas como si fuera la Edad Media (ríe), sino que pudiera ser aplicado en productos comunes. Nuestra tela se puede teñir, someterla a una serie de tratamientos e, incluso, tenemos una que es repelente al agua.

¿Hubo mucha prueba y error?

Sí, perdimos kilos y kilos de tela mala hasta llegar a la consistencia y temperatura que debía ser trabajada. Para hacer funcionar las máquinas me tuve que preparar con un técnico textil —que fue muy difícil de encontrar—, ya que llegué a quebrar trescientos mil pesos sólo en agujas.

¿Cómo funciona la tela?

Creamos una barrera, si cae una bacteria o un hongo que contamina esta impide que se siga expandiendo o multiplicando. Si bien no se sabe si por la electricidad o porque estos microorganismos consumen cobre, les empieza a afectar en su membrana simple y se desintegran. Por eso apuntamos gran parte de nuestro desarrollo al área médica. Las enfermedades intrahospitalarias causan al año unas seis mil muertes en Chile, pues si bien existe cambio de sábanas y cubrecamas, los hongos y bacterias pueden permanecer en colchones, almohadas y cortinas por días.

 

INNOVACIÓN CHILENA

CoureTex comenzó a comercializar el 2016, con su patente de invención y las certificaciones internacionales que los respaldan en Chile, Brasil y Unión Europea. Rápidamente llamó la atención de empresas en Canadá, Japón, Colombia, Paraguay, Costa Rica, Perú, México entre otros, que ya han probado las telas en sus propias marcas. Además, cuentan con representantes en Argentina y Paraguay, específicamente en el área de la salud.

“Nuestra primera validación fue con la Universidad de Santiago, quienes nos ayudaron y guiaron en todo el proceso; porque en otros laboratorios nos dijeron que por ser chilenos y trabajar con cobre nos iban a cobrar entre seis a diez millones de pesos sólo por la certificación. Como era un producto nuevo, no había normas, entonces se debía validar nuestra tela”.

¿Cómo lograron certificar?

En Chile si bien no existía una norma, si existía una “norma de comparación”. Así se contaminaron dos telas iguales, con y sin cobre, y se analizó el comportamiento de las bacterias en cada uno de ellas. Como la población no se mantuvo ni creció obtuvo propiedades antibacterianas. Un laboratorio en Brasil, certificó nuestra tela, que estuvo expuesta entre ocho horas hasta siete días, y permaneció limpia sin la acción de hongos. Ese resultado hizo que una empresa brasilera la usara para su ropa interior femenina, lo cual nos abrió a un nuevo campo.

Cubre colchones, cubre almohadas, esponjas, delantales, mascarillas, sacos de dormir, guantes, ropa de bebé, entre otros, son solo parte de los prototipos que han desarrollado. Hoy Cardinale está usando la tela de CoureTex para forrar su línea de calzado Cooper Care y este año sus plantillas serán parte de una nueva marca de zapatos femeninos. También Tanax lanzó un pack promocional que incluye sus paños y otras empresas lo utilizan para forrar el interior de sus botas ortopédicas, fajas o muñequeras. “Ha sido difícil llegar al mercado nacional, pero ya muchos confían en nosotros. Ahora estamos trabajando en tapiz para los vehículos de la minería y acabamos de sacar un prototipo para proteger a la vid de los hongos. Por eso creemos que hay mucho por innovar”.

 

“Mi invención es la aplicación novedosa de este metal, pues no son sales minerales añadidas a la tela, sino que hilos de cobre puro que no se deterioran con el uso ni el paso del tiempo”.

“Implementamos y desarrollamos nuevas tecnologías, modificando nuestras máquinas textiles para poder tejer cobre. Primero reducimos el cobre, hasta adelgazarlo a milímetros de espesor, tan fino como el pelo del caballo”.

“Creamos una barrera, si cae una bacteria o un hongo que contamina esta impide que se siga expandiendo o multiplicando. Si bien no se sabe si por la electricidad o porque estos microorganismos consumen cobre, les empieza a afectar en su membrana simple y se desintegran”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación2+8+8   =