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EDICIÓN | Abril 2018

Un año en Champaña

Por Maximiliano Mills – www.maxmills.com
Un año en Champaña

“Vengan pronto... ¡Estoy saboreando las estrellas!” – Pierre Pérignon

Estamos viviendo hasta mayo de 2018 una de las vendimias más prometedoras y menos complicadas desde el inicio del siglo XXI, por lo que este mes, Cine Paralelo los invita a conocer y encantarse con los vinos espumantes.

Desde que en febrero de 2003 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre Chile y la Unión Europea, está estrictamente prohibido nombrar “Champaña” a cualquier vino que no sea elaborado en esa región de Francia. De un principio aborrecí esta imposición por “quitarme” un nombre que se había incrustado en la historia de Chile desde que tengo memoria… era como si no me permitieran decir, nunca más en voz alta, palabras como “leche”, “sardina” o “libro”. Me tomó casi una década poder acostumbrarme a pedir un “espumante” en vez de una champaña. Por estas razones, cuando supe que se había estrenado el documental A Year in Champagne (2014), decidí verlo de inmediato para finalmente poder entender que tan grave era nombrar champaña a un vino que no había sido elaborado en esa región de Francia. Aquí nos enteramos de que la mayoría del champán no es sólo producido con la cosecha de un año específico, sino que varias pueden ser combinadas para alcanzar a reunir los diferentes estilos de cada viñatero.

La narración se encuentra estructurada en cuatro actos, comenzando por “Primavera”. Una hermosa introducción musical y visual te sitúa de inmediato en la sensación de estar catando la historia de una región que tiene su champaña más antigua en Gosset, con una producción que retrocede hasta la primera vendimia realizada en 1584. Después se visita la sede de Bollinger, donde apreciamos los documentos en que el rey Eduardo VII de Inglaterra lo nombra su champaña oficial. Una publicidad que tiene más de ciento veintisiete años y, como bien afirma su gerente, “es imposible de comprar”.

Champaña también posee una triste historia por “haber sufrido una guerra cada tres décadas”: desde que fue invadida por Atila y los Hunos, hace 1.400 años, pasando por las guerras Napoleónicas, hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial, estos maravillosos lomajes han sido el antónimo de un apacible remanso donde se elaboran vinos celestiales. Pero así como una Matrioshka, las imágenes del director David Kennard continúan entregando impensadas sorpresas en la elaboración de este vino espumante y de la región de Champaña. Como sus draconianos tiempos y procesos de cosecha, prensado y filtrado; o que hay un tonelero en custodia por cada cuatrocientos barriles (algunos de hasta cien años) y de que bajo las ciudades de Ay, Reims y Épernay hay en total unos mil kilómetros de galerías subterráneas con cavas que guardan un inventario con más de… ¡Mil millones de botellas de champaña! Y empleados que las recorren para realizar un trabajo que es tan específico como ¡girar cien mil botellas al día un cuarto de vuelta para que los sedimentos se vayan acumulando en el cuello del envase! Finalmente, sus habitantes recalcan con orgullo su mayor diferencia: “en el vino importa el clima, el terruño y la cepa. En la champaña importa la marca y el dueño”.

El segundo acto se llama “Verano” y muestra casi en imágenes diarias lo frío, húmedo y lluvioso que fue esa estación el año 2012, donde recibieron fuertes lluvias en junio, y cómo su severo control del cultivo, cosecha y producción les permite sobrevivir a estos altibajos de la atmósfera. Por otro lado, resulta irónico ver cómo también aceptan sin cuestionamientos la existencia de los Negociant, productores de champaña que no tienen vides, pero que les compran uvas a agricultores de la región. Con el formato de largometraje por cumplirse, el tercer acto “Cosecha” y el cuarto “Invierno” se comprimen en extensión, pero no por eso el documental decae en interés. Impresiona el alto grado de automatización que se ha implementado en estas empresas que producen champaña. La extraordinaria calidad se ha mantenido. Pero como dice uno de ellos: “¿Cómo reproducir la cosecha de 1924 o de 1936? Nuestros abuelos lograron esos vinos excepcionales por accidente ¡Fue una magia accidental! ¿De qué manera podríamos repetirlo hoy con toda esta tecnología?”. En el acto final de “Invierno” se ve a los franceses que producen este vino clásico para alegrarse y seducir, presentando su champaña a los importadores de Inglaterra. En este momento es que recordamos la frase inolvidable de esta película que es una oda al Carpe Diem: “Los viñateros no son gente muy seria. El vino se produce para celebrar y contar chistes.”

 

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