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EDICIÓN | Abril 2018

Bollywood

por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
Bollywood

Si en la Antigüedad la mitología fue la proyección de la fantasía, en la Modernidad lo es el cine. Decía Ernst Cassirer que los mitos son sueños colectivos; y agregaba, en su Antropología filosófica, que en cada leyenda y creencia hay un núcleo de veracidad; se oculta un hecho histórico complejo, a veces indescifrable, pero que se puede transmitir con toda su mágica e incomprensible integridad.

Ciertamente hay cine para todos los gustos. Hay grave y sesudo; dramático, o de densa estética. Humildemente pienso que el más atractivo es aquel que hace soñar, que sume en el ensueño al que contempla el luminoso espectáculo desde su caverna, activando el ojo trascendental. Mientras más absurda, irreal y ficticia la película tanto más placentera y encantadora. Pues un espectador corriente no busca raciocinio. Quiere ser seducido, hechizado por una trama en que él mismo se transporta e identifica con los personajes; sufre, goza, nace, muere, y vive varias vidas en dos horas de reloj.

Buen ejemplo de lo propuesto es el cine hecho en India, industria que produce casi dos mil filmes cada año. La mayoría se ruedan en Bombay (Mumbai), de ahí el apodo de Bollywood; aunque también hay buen cine hecho en Calcutta, en Bangalore, o en Madrás. Las diferencias son lingüísticas, estilo y celo localista. Porque es muy interesante señalar que no hay disputa ni competencia. Cada estilo tiene mercado de sobra; sólo el cine hecho en lengua bengalí, de Calcutta (o Kolkota), tiene como mercado objetivo cien millones de bengalíes, más otros cien millones de bangladeshis.

Cine indio se exporta a Sudáfrica y a toda Asia, donde hay cientos de millones de hijos de la India. El cine indio, genéricamente llamado Bollywood, podría ser tanto o más visto que todo el cine occidental.

Nació al mismo tiempo que el de Occidente; y si bien ocurrió en el contexto del imperio británico, el cine no reflejó el duro dominio colonial. En 1906 había una sala de exhibiciones en Calcuta y otra en Bombay. Pudo ser que ese primer cine mudo, con su cómica acción acelerada y espasmódica, sólo fue curiosidad de elite; no obstante pronto se extendió a toda la población. Entonces, se filmaron historias conocidas que no requiriesen mucha explicación. Célebre fue un Mahabharata, leyenda e historia épica fundamental de la literatura india, realizada hacia 1910. Posteriormente, el cine sonoro introdujo nuevas áreas de interés: la palabra y la música, que se asoció a la radio con su potente capacidad de comunicación. Las películas indias, desde los comienzos, fueron una mezcla de drama y de musicalización, a lo que se añadió casi de inmediato la danza. El tema podía ser serio, pero igual en toda película india siempre hubo espacios de baile y canto, cosa que le añadía, a un film cualquiera, hora y media extra. Insoportable para un occidental.

El cine extranjero llegó inevitablemente a India y causó estragos; hubo fuerte crítica por su moral desinhibida o por tocar asuntos delicados como el divorcio, o su excesiva sexualidad. El cine indio era recatado, muchas veces centrado en lo histórico o costumbrista. Pero con el tiempo se hizo de todo. En Calcutta, se desarrolló un cine con contenidos políticos y evidente base doctrinal; Madrás tendió hacia el cine legendario y religioso. En cambio, Bombay fue erigiéndose en la capital del cine comercial, del “entertainment”; y con el transcurrir dio paso a toda una cultura asociada: las estrellas y su glamour, moda, revistas, la farándula, la propaganda. Como en todas partes, dentro de la misma India hay reproche hacia lo que se considera una vulgarización de lo que nació y evolucionó como auténtico arte escénico. Se ha acusado al cine colorinche y chillón de Bollywood por no representar al pueblo, ni reflejar la realidad social y hasta ocultarla. O se le ha tildado de caricaturesco o exagerado. Mas, Bollywood se asemeja a nuestras telenovelas: intrascendentes y sobreactuadas, pero a la masa le gustan y las piden. Por otro lado, el cine de Bollywood produjo otro fenómeno que se hizo independiente y ha adquirido personalidad propia: las coreografías y las danzas tipo Bollywood, que hoy se esparcen por el mundo y hacen furor.

No hace mucho tiempo atrás, escribí en una de estas columnas un artículo titulado “Yoga, el softpower de India”.  Hoy agregaría un nuevo capítulo al mismo: “Bollywood, dancing power de India”.

 

 

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