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EDICIÓN | Marzo 2018

El gran salto

Benjamín Hammersley, equitación
El gran salto

Junto a Amerikano, el caballo con que brilla en los concursos ecuestres, Benjamín Hammersley ha echado a andar una sorprendente carrera en la equitación nacional, convirtiéndose, a los dieciocho años, en una de las principales promesas del país.

Por Érico Soto M. / Fotografía Sonja San Martín D.

Miembro de la selección chilena de equitación, medallas a nivel internacional y el premio al mejor deportista de la disciplina en la Región del Biobío en 2017 —distinción entregada en enero por el IND— son algunos de los méritos de Benjamín Hammersley Maldonado, la nueva revelación de este deporte. Su meta ahora es dejar de ser una promesa para convertirse en un jinete consolidado, desplegando su talento casi sin errores en los jardines de saltos y consiguiendo logros en las diferentes series y dificultades.

Una historia en la que también entra su caballo Amerikano, con el que salta desde hace casi tres años. Y el apoyo de sus padres, George Hammersley y María Angélica Maldonado, quienes junto a sus hermanos Lucas y Agustín constituyen su principal “hinchada”, mientras entrena sin cesar en el picadero del club Marina del Sol, bajo las lecciones del maestro Rodolfo Hinrichs.

Luego de muy buenas actuaciones en los Campeonatos Americanos de Brasil (2016) y Argentina (2017), donde representó exitosamente a Chile, su siguiente objetivo es dar el gran salto en el Campeonato Americano, que se realizará en Santiago en septiembre, y donde Benjamín deberá competir en la categoría young riders, con exigencia mayor a las anteriores (pre junior y junior). Algo que no lo asusta, pues ya participa —con triunfos— en series todo competidor.

¿Por qué elegiste la equitación?

A pesar de que nadie en mi familia hizo equitación, sí estaba muy presente el deporte. Yo jugué tenis, básquetbol, esquí en agua, nieve… Pero siempre me llamaron la atención los caballos. Los veía saltar cuando pasaba por San Andrés, y tenía la curiosidad. Hasta que llegó el momento en que quise aprenderlo.

¿Cómo fueron los primeros pasos?

Partí con don José Villablanca, un caballero de noventa y dos años, que aceptó hacerme clases y me formó durante un año. Aprendí lo que era este deporte y me acerqué a los caballos, pero sin competir. Luego, comencé a montar en la escuela de don René Varas, un jinete muy reconocido, con quien aprendí a saltar y competí un par de veces. Para aprender fue muy bueno, porque empecé a saltar desde lo mínimo, que es categoría cruceta, con obstáculos de un metro y un metro diez.

¿Cuál fue el salto hacia la competencia?

Cuando apareció Amerikano, mi caballo. En la equitación es importante tener consolidado un binomio, y llegó el momento en que tuve que comprar un caballo. Me lo mostró mi entrenador en el club Marina del Sol, Rodolfo Hinrichs, y estaba en nuestro presupuesto. Con él comencé a competir, aunque tuve la mala fortuna de lesionarme apenas lo compré: se me cayó otro caballo encima de la pierna, tuve rotura de ligamento y reconstrucción del tobillo, con tres meses sin caminar.

¿Cómo fue entonces el inicio con Amerikano?

Cuando me recuperé, llegó mi primer concurso. Era la primera vez que metía el caballo a la cancha, y estaba nervioso, recibiendo hartos gritos de mi entrenador. Me sirvió para ambientarme y conocer, pero sabía que teníamos que madurar todavía. Ya llevo más de dos años y medio montando a Amerikano, primero en Concepción, y desde el año pasado en Santiago, para competir durante el año allá.

¿Qué es lo más difícil de este deporte?

Es un deporte tremendamente exigente. Y no solo de uno, porque tenemos un compañero especial que es el caballo, que no es una raqueta ni un balón, pues dependemos de un animal al que hay que darle instrucciones. En mi caso, ha significado un esfuerzo ser de Concepción, porque para competir a alto nivel, es necesario estar en Santiago, con todo lo que implica desplazarnos, traslado de caballo y lugar donde dejarlo allá. Lo más difícil, es juntar todo y comenzar a asimilarlo y darse cuenta cómo hay que hacer las cosas. Sé que debo madurar como jinete, tanto en el tema sicológico como el técnico, y darme cuenta de lo que hago mal para poder mejorar.

NUEVOS DESAFÍOS

Con dieciocho años cumplidos el 24 de enero, Benjamín Hammersley Maldonado cursa Cuarto Medio en el Colegio Francés Charles de Gaulle, de Concepción. Su familia es reconocida por su relación con la óptica y es su principal apoyo para colocarse nuevas metas en la equitación.

“Mi familia siempre ha estado ahí, partiendo por mi mamá, que quería que yo hiciera este deporte. Me acompañan siempre, incluso afuera, por eso nunca me he sentido solo. También ha estado mi entrenador, Rodolfo “Rudy” Hinrichs, y en Santiago, Sergio Riekle. Ha sido un sacrificio familiar, por el tema económico, y además mis hermanos se han portado muy bien.

¿Cuáles fueron los primeros saltos oficiales?

En 2016, pude participar en la gira al sur, con los concursos que se hacen en verano. De ahí, se sigue a exigencias mayores como las de Santiago. Todo me ayudó a tener más experiencia. Me fue bien en algunos torneos y en otros, mal. Con mi entrenador, decidimos ponerle más empeño e ir a Santiago a competir, desde el 2017. Así fue como enviamos a Amerikano desde marzo a diciembre, y yo viajando todos los fines de semana, y más cuando había competencia.

¿Cuándo llega la selección chilena?

Poco tiempo después de empezar, en 2016. Monté, hice un par de concursos y anduve bastante bien. Fue rápida la decisión, porque en un momento se abrieron las postulaciones para el Campeonato Americano que se iba a disputar en Brasil, y participé en el selectivo, con varias fechas, donde se eligió al equipo. Justo era mi último año en la categoría junior, de 15-16 años, así que intentamos hacerlo y clasificamos, así que fui a Sao Paulo. Allá se cumplió con las expectativas, estuve en desempate de medalla de bronce en la competencia por equipos, con una cuadrilla de jinetes donde se suma el total, y obtuvimos la medalla. Desde entonces, he seguido en la selección.

¿Luego vinieron más logros?

Sí, el 2017 competí en el Campeonato Americano de Argentina (junior), donde no nos fue muy bien, pero en la final hice un gran recorrido y obtuve un segundo lugar. Este año obtuve el primer lugar en los FEI Challenge y el tercer lugar en el Gran Premio, ambos en el Santiago Paperchase Club. Esto, en todo competidor, saltando contra campeones de Chile.

¿Cuáles son tus próximas metas?

Este 2018 va a realizarse el Campeonato Americano en Chile, donde compito en la serie young riders, así que estamos preparando todo el equipo para correrlo de la mejor manera y dar el mejor espectáculo. Después de los dieciocho, paso a alturas y desafíos más exigentes. La meta personal es, en dos años, ser un jinete mucho más maduro, sin fallos y más fogueado. Porque un buen jinete, a pesar de que compite el binomio, se puede subir a cualquier caballo y andar bien.

 

“Mi familia siempre ha estado ahí, partiendo por mi mamá, que quería que yo hiciera este deporte. Me acompañan siempre, incluso afuera, pero eso nunca me he sentido solo”.

“Este 2018 va a realizarse el Campeonato Americano en Chile, donde compito en la serie young riders, así que estamos preparando todo el equipo para correrlo de la mejor manera y dar el mejor espectáculo”.

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