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EDICIÓN | Marzo 2018

Investigadora

María Esperanza Rock, etnohistoriadora
Investigadora

Una disciplina poco conocida, pero apasionante, es el doctorado que estudió la teórica e historiadora del arte, María Esperanza Rock. Se trata de la etnohistoria, una disciplina que busca estudiar el origen y desarrollo de las culturas. Entre sus aportes, contribuir a la declaración de zona típica de Lota en 2014.

Por Soledad Posada M. / Fotografías Sonja San Martín D.

Nieta de palestinos, nació en Talca y terminó el colegio en Concepción. María Esperanza Rock, doctora en Historia con Mención en Etnohistoria, de pequeña fue inquieta y buena para el estudio, lo que mantiene hasta hoy, cuando sigue profundizando tanto en su trabajo como investigadora, como en el centro de arte y cultura que dirige en Chiguayante.

Para María Esperanza Rock, sus investigaciones sobre cultura y patrimonio deben tener un fin social; en lo posible, ser utilizados para el desarrollo de una comunidad. Un ejemplo de ello es el reciente lanzamiento de su segundo libro Voces de Lota. Relatos de la ciudad del carbón, que muestra la historia urbana, social y cultural de la primera ciudad industrial del sur de Chile, que tuvo tecnología de punta, y que contó con la primera hidroeléctrica del país y la segunda en Latinoamérica. Con este libro, María Esperanza aporta conocimiento para el desarrollo turístico de Lota.

Anteriormente, trabajó en el Museo Sebastián Engler, en Rapa Nui, e hizo investigaciones en comunidades pehuenches en Alto Biobío. También, realizó pasantías en el extranjero, donde siguió diversos estudios en Sudáfrica y California.

¿Qué te gusta de tu trabajo?

Me encantan los humanos, cada uno somos un mundo completo, lleno de historias, comprensiones de mundo, formas de ver, de ser y de estar. Mi trabajo, desde sus complejos y diversos alcances, ha flexibilizado y sensibilizado mi forma de observarnos y sentirnos. Lo veo en los progresivos trabajos etnográficos, en la profunda comprensión de algunas conductas y en la capacidad de comprender a los seres humanos, sus gestos, sus tonos, su expresión corporal, sus discursos, su música, sus pinturas. Esa comprensión me da fuerza o ganas de poder aportar, de poder generar soluciones, me evoca ser creativa para buscar la forma de que entre los humanos nos valoremos y respetemos. Ver las infinitas posibilidades que nosotros mismos somos, lo que se podría lograr si ven lo que yo logro ver.

¿Te ayudó tu infancia, con un abuelo inmigrante, a esta compresión?

Tuve una infancia llena de amor y diversidad, con mis abuelos palestinos, por un lado, y los chilenos, por otro. Esa infancia diversa hizo que hoy no tenga juicios respecto de otros que no comen, hablan el idioma o creen lo mismo que yo, y que sin embargo somos todos humanos. Tenemos las mismas necesidades y nos necesitamos. Las diferencias nos constituyen como seres sociales, pero no como seres humanos, esa es la gran diferencia. Si pudiéramos todos ver el profundo sentido de esto, no existirían guerras en el mundo. Agradezco haber tenido una infancia llena de olores y sabores diversos, pero por sobre todo el amor y respeto de todos los adultos que rodearon mi infancia; eso hizo que valorara y respetara a todas las culturas sin importar la procedencia ni las creencias.

ETNOHISTORIA

¿Cuál es la base para comenzar un estudio etnohistórico?

Los estudios etnohistóricos son descripciones que intentan comprender la complejidad cultural de una época para poder interpretar de manera fidedigna el documento histórico, el que corrientemente se puede encontrar en archivos oficiales. La etnohistoria ha transitado diversos caminos, hoy ya existen corrientes y líneas de pensamiento que diversifican aún más el ejercicio histórico. Mi línea de trabajo utiliza recursos antropológicos, etnográficos y estéticos para complementar, interpretar o significar el documento. Ahora bien, el documento que yo interpreto o analizo no proviene siempre de los archivos oficiales. Pues el documento es cualquier soporte material o inmaterial que contenga memoria y es ahí donde el abanico se expande. Trabajo mucho con oralidad, pintura, dibujos, folclor, poesía, performance, con los diversos lenguajes de las artes, etc.

¿Qué te ha enseñado tu trabajo?

El estudio de la humanidad, desde donde se aborde, entrega enormes enseñanzas. Por ejemplo, nuestros indígenas no son esas personas alcoholizadas y violentas que los medios y la voz pública muestran. Cuando vives un invierno en Alto Biobío, te das cuenta que simplemente un “flojo” se muere, cuando aprendes el valor de esa sabiduría ancestral de hacer harina de una semilla con solo una roca, o a pescar con una miga de pan, como lo hacen en Rapa Nui, o de saber qué fruto es comestible o venenoso. Cuando llegas a África y sabes que a ese chico que le dicen “negro” en Chile, está lejos de ser realmente negro. Cuando todo ese mundo que construyen los medios o incluso los juicios culturales de tu propia cultura, se derrumban, te das cuenta de quiénes realmente somos, comienzas a sentir y valorar. El conocimiento es el principio; sin conocimiento, sin historia, no somos nadie y estamos propensos, indefensos, al sistema que esté de turno.

¿Y a nivel personal?

Por lo pronto, con todo lo aprendido de comunidades indígenas en Chile y el extranjero, concluyo que mientras más simple se viva tanto mejor. Es mucho más relevante tener las manos en la tierra que en un aparato que se cae y se rompe. Tanto más importante es comprender y reflexionar que acumular. Con mi familia cultivamos una huerta, nos alimentamos de ella casi al ciento por ciento. Nuestras semillas han sido regaladas por diversas familias de diferentes lugares; son semillas con historia y amor, cuidadas y recolectadas por años. Tuve un parto natural en mi casa, al igual que miles de mujeres antes de nuestra era. Fue una experiencia única y enriquecedora. Nuevamente, me di cuenta cómo afectan los juicios culturales que nos hacen temer del dolor del parto y de la falsa necesidad de cesáreas programadas.

También eres instructora de yoga…

El estudio de tantas culturas te reafirma la sensación de que, en verdad, no sabemos nada y no somos nadie. La humildad con que me dejó y me siguen dejando los estudios culturales me hizo comprender profundidades filosóficas provenientes de Oriente, y curiosamente sangre de Oriente también corre por mis venas. El yoga y su práctica son, en sí mismo, una apertura y expansión al universo, pero desde la conexión de los recursos que nos da esta experiencia humana. Nuestros distintos cuerpos alineados en uno permiten pensar con claridad, mantener humildad y observar desde el amor y la profunda armonía los tiempos en que vivimos. El yoga es una tremenda herramienta que nos dejaron los antiguos, una herramienta que lleva más años en la Tierra que cualquier disciplina conocida en cualquier universidad occidental.

PATRIMONIO

¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy diseñando, organizando y evaluando trabajos de investigación para el II Congreso Internacional e interdisciplinario de Patrimonio Cultural que se realizará en Jalisco, México, en agosto. Dirijo el Centro Cultural Artístico y de Oficios Casa Taller Chiguayante, una bellísima iniciativa de investigación-acción que persigue fomentar las distintas prácticas de artes y oficios con fines sociales y públicos. Lidero la Red de Académicos del Sur, con quienes estamos permanentemente diseñando investigaciones interdisciplinarias de diversas áreas, en distintos países. Entre otras actividades, organizo un simposio para el Congreso de Etnohistoria de este año, en Quito; estoy escribiendo un capítulo de libro para Nueva Zelanda y, junto al arquitecto Andrés Torres, asesoramos a algunos municipios con temas patrimoniales, pedagógicos, de memoria e identidad.

Respecto a eso, ¿cuáles son los antecedentes que compilaste para que hoy Lota sea Zona Típica?

Compilé antecedentes para la declaratoria de Monumento Histórico la Mina Chiflón del Diablo y el Parque Lota, en conjunto con la Unidad de Patrimonio y Proyecto, que en 2008 existía en el SERVIU. Tras esos impulsos de declaratoria se comenzaron a enviar al Consejo de Monumentos Nacionales expedientes de distintos monumentos históricos hasta que, en 2014, se declara Zona Típica. Mi libro Voces de Lota. Relatos de la ciudad del carbón, sirve para contextualizar históricamente lo que hoy se observa en las calles, y aquello que ya no está. La formación de la ciudad, cómo se transitaba, cómo se vivía y cuáles eran los distintos sectores de Lota Alto.

¿Trata de recuperar patrimonio?

Es un libro que aporta antecedentes históricos inéditos y fidedignos complementados con relatos y etnografía, con el fin de comprender no solo la memoria e identidad del lugar, sino que también esas sensaciones que provocan esos pabellones. Recuperar patrimonio no es preservar solo un edificio, una imagen, sino que es recuperar todas esas emociones y sensaciones que provocó en alguna época ese inmueble, mueble o ritual. La preservación trata de mantener esas emociones, trata de generarla en las siguientes generaciones. No solo es conservar fachada y algún material constructivo, sino también quiénes lo manufacturaban, cómo y por qué.

 

“Cuando vives un invierno en Alto Biobío, te das cuenta que simplemente un “flojo” se muere, cuando aprendes el valor de esa sabiduría ancestral de hacer harina de una semilla con solo una roca, o a pescar con una miga de pan, como lo hacen en Rapa Nui”.

“…el documento que yo interpreto o analizo no proviene siempre de los archivos oficiales. Pues el documento es cualquier soporte material o inmaterial que contenga memoria y es ahí donde el abanico se expande. Trabajo mucho con oralidad, pintura, dibujos, folclor, poesía, performance, con los diversos lenguajes de las artes, etc”.

“El conocimiento es el principio; sin conocimiento, sin historia, no somos nadie y estamos propensos, indefensos, al sistema que esté de turno”.

 “El estudio de tantas culturas te reafirma la sensación de que, en verdad, no sabemos nada y no somos nadie”.

“Recuperar patrimonio no es preservar solo un edificio, una imagen, sino que es recuperar todas esas emociones y sensaciones que provocó en alguna época ese inmueble, mueble o ritual”.

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