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EDICIÓN | Marzo 2018

HÁGASE LA LUZ

Rafael Rivera, diseñador de iluminación
HÁGASE LA LUZ

Temperatura, distribución, encandilamiento. Palabras que escuchamos normalmente y que no siempre asociamos a iluminación. Por qué es tan importante iluminar adecuadamente un espacio, por qué todos debieran incorporar esta variable en sus proyectos y cómo un concepto más ligado a la decoración y el interiorismo puede hacer la diferencia en consumo y sustentabilidad.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló y gentileza Rafael Rivera

El éxito de su trabajo radica en que nadie hable de él. Tal cual. Parece extraño, pero es cierto: si nadie habla de la luz, pero en cambio conceptos como calidez o armonía empiezan a dar vueltas, siente que su labor está cumplida.

Rafael es diseñador de ambientes, estudió tres años de arquitectura y se perfeccionó en Lightening Design en el Instituto Europeo de Diseño (IED) en Milán. El camino para llegar a ese nivel de especialización se fue dando por la experiencia en terreno: “Hace quince años, haciendo trabajos de interiorismo, me di cuenta de que este era un tema que no se abordaba, nadie lo hacía y lo que había surgía por defecto: llegaba un electricista y decidía qué hacer”, explica.

 

¿La necesidad de especialistas en iluminación también habla de una sofisticación del mercado?

Hace no mucho tiempo, tener un interiorista era un lujo, hoy no. Está mucho más aceptado y eso significa que entren nuevos actores, como la iluminación, como también el paisajismo y la climatización. Nadie puede ser especialista en todo y ahí está la importancia del trabajo en equipo, de poder construir experiencias.

 

¿Todavía hay quienes piensan en tu trabajo como en “poner lámparas”?

Más allá del objeto, de la lámpara en que muchos se detienen, lo que yo hago es

iluminación arquitectónica, iluminación técnica. Desde ahí se puede derivar a la iluminación decorativa, pero ese es otro tema. La idea es crear un proyecto que construya una experiencia sensorial desde el arte de la luz.

 

¿Cuánto influye en tu trabajo haber pasado por la escuela de Arquitectura?

Mucho. No me arrepiento de la cadena que seguí para llegar hasta acá. Fue como un efecto embudo que resultó en una especialización muy fina. Me ha servido mucho saber leer planos, conocer el lenguaje de los arquitectos… la iluminación y la arquitectura deben dialogar porque, aunque uno también ilumine paisajes o espacios públicos, todos tienen características arquitectónicas.

 

LA OSCURIDAD

“Más que la luz, me cautiva la oscuridad. Me parece que saber manejarla es la esencia de la luz. Cuando uno pone algo en valor hace un trabajo para mostrarlo y así es como puedo percibir el día y la noche, como trabajo la luz, la oscuridad, las sombras. Una cualidad propia de la luz es generar sombra y es posible construir con esa sombra algo más teatral. En una fachada, por ejemplo, las sombras y las luces generan tridimensionalidad y dramatismo”.

 

Eso implica aprender a trabajar mucho con la luz natural.

Totalmente. Para mí no es posible un proyecto de arquitectura sin pensar en la luz natural. A pesar de que siempre pensemos que la luz artificial cumple un rol, la vida ocurre más de día que de noche. Se debe diseñar con luz natural: se puede mimetizar con distintos tipos de cortinas, con un elemento arquitectónico que la filtre, como una celosía y desde ahí hacerla convivir con la luz artificial.

 

Eso implica ser parte del proyecto desde el principio…

Es lo ideal, que cuando se conceptualiza el proyecto se incorporen las variables de interiorismo e iluminacion para trabajar de manera complementaria. Mientras más información se tenga, mucho mejor.

 

¿Hay mayor apertura de los equipos para funcionar así?

Sí, eso está cambiando. Hoy día yo puedo intervenir en cómo vamos a trabajar la luz natural y la artificial y qué temperatura de color vamos a usar. Porque una persona puede decir que quiere un espacio cálido, pero surgen varias preguntas: ¿qué tan cálida?, ¿de qué color es la casa?, ¿cuál es el tono que predomina?, ¿los materiales?... todos esos elementos van a definir cantidad de luz, temperatura y cómo se multiplican los colores de un objeto.

 

¿Tú trabajas con algunos arquitectos o te sumas al que ya tiene el cliente?

Todas las anteriores. Me llaman clientes, me llaman arquitectos, me llaman mandantes directamente... de todo. Y mucha gente te llama, también, con la obra hecha, porque no está contenta con el resultado.

 

PERSONALIZAR LA LUZ

“Siempre digo que el arte de la luz tiene que ver con el dramatismo, con la experiencia para el usuario, porque muchas veces a uno le piden que ilumine un objeto, pero finalmente uno ilumina en función del usuario y eso hace que tenga mucho de psicológico, porque no toda la gente es igual ni tiene la misma llegada con la luz”, señala.

 

O sea, es importante conocer al cliente final…

Es lo óptimo, pero la realidad es que la gente desconoce bastante sus gustos en este tema. La mayoría te dice ‘me gusta harta luz’, pero eso es muy subjetivo, porque al final puede ser demasiada… la iluminación es experiencial, individual e intransferible. Hay un concepto que la gente desconoce que es el de la distribución lumínica, saber qué se va a iluminar, qué es lo más importante dentro de un espacio y cuál es su esencia.

 

Muchas veces la iluminación no llama demasiado la atención, sólo cuando no te gusta, cuando es muy frío o muy oscuro, por ejemplo…

Absolutamente, porque un buen proyecto de iluminación es el que pone en valor otras cosas. Por ejemplo, que un espacio sea acogedor o agradable. Un trabajo bien hecho es aquel en que la iluminación no es tema, en que nadie hace ningún comentario. De un mueble yo puedo hacer un juicio de valor directo, igual que de un objeto arquitectónico, pero con la luz es más difícil, más intangible, aunque también es una experiencia concreta.

 

Un lugar que te guste, que te haga sentirte cómodo.

Lo que te genera el lugar está asociado directamente con la luz. Muchas veces nos enfrentamos a proyectos que están muy bien resueltos arquitectónicamente, pero en que la iluminación no acompaña; y simplemente no funcionan. Por eso es tan importante que se incorpore la iluminación técnica.

 

¿Es muy caro un proyecto de este tipo?

No. Y no sólo no es caro, sino que es muy rentable, sobre todo por el tema de la eficiencia energética. De esta forma es posible medir consumo por metro cuadrado y es posible optimizar los watts y el tiempo y la llegada del Led ha sido súper importante en ese cambio de paradigma. Hoy la iluminacion puede ser inteligente, se puede origramar, manejar desde el teléfono, se pueden armar escenas de luz en espacios grandes.

 

¿Cualquier proyecto es apto para un diseño de iluminación?

No existe un desde… no tiene que ver con tamaños, todos se merecen una propuesta de iluminación que cumpla con las caracteristicas que cada usuario.

 

¿Qué es lo más básico?

La temperatura del color, porque esta puede determinar la percepción de un lugar. También la distribución lumínica es importante: definir donde voy a tener más o menos luz, o donde definitvamente no voy a tener. La luz pareja no funciona bien en ninguna parte, hay que definir máximos y mínimos que no tiene por qué ser de cero a cien… se puede estar entre ochenta y cuarenta, por ejemplo, y para eso basta con un dimmer que puede instalar uno mismo.

 

¿Cuál es el error más común?

Además de la temperatura y la distribución, el tema del encandilamiento… vivimos mucho más encandilados de lo que creemos. La gracia está en lograr que no exista la noción del origen de la luz. Que la luz no sea tema.

 

“Más que la luz, me cautiva la oscuridad. Me parece que saber manejarla es la esencia de la luz. Una cualidad propia de la luz es generar sombra y es posible construir con esa sombra algo más teatral”.

“Una persona puede decir que quiere un espacio cálido, pero surgen varias preguntas: ¿qué tan cálida?, ¿de qué color es la casa?, ¿cuál es el tono que predomina?, ¿los materiales?... todos esos elementos van a definir cantidad de luz, temperatura y cómo se multiplican los colores de un objeto”.

“Un trabajo bien hecho es aquel en que la iluminación no es tema, en que nadie hace ningún comentario. De un mueble yo puedo hacer un juicio de valor directo, igual que de un objeto arquitectónico, pero con la luz es más difícil, más intangible, aunque también es una experiencia concreta”.

“La distribución lumínica es importante: definir dónde voy a tener más o menos luz, o dónde definitvamente no voy a tener. La luz pareja no funciona bien en ninguna parte, hay que definir máximos y mínimos”.

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