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EDICIÓN | Marzo 2018

La casa de Karima

Karima Maluk
La casa de Karima

Hace un año y medio abrió, junto a su marido filólogo, Una Casa de Cartón, la primera librería de Limache. Una quijotada a todas luces que Karima, con el tiempo, aprendió a sustentar con otros soportes, como talleres de cuentos, clubes de lectura, tienda on-line y también una editorial homónima. Su periplo por Europa fue el detonante. Allá la cultura está impregnada en las calles, en los barrios, en el ADN de la gente. Allá los libros son parte de la vida misma. “Una librería es un punto de encuentro necesario, un lugar donde siempre pasan muchas cosas interesantes”, asegura.

Por Macarena Ríos R./Fotografías Mariela Sotomayor

Bajo el alero de la Fundación Lumbre abrió la primera librería limachina: Una Casa de Cartón. En sus estantes hay poesía, claro. Hay narrativa, ciencias, sabiduría. Pero el plato fuerte son los libros ilustrados infantiles. Los llamados libros-álbum, “que tienen una lectura bien abierta. Siempre les digo a los papás que si quieren fomentar la lectura en sus hijos deben partir por mostrarles libros bellos, con una historia entretenida, con dibujos lindos. Es la única manera. El hecho de tener un libro en la mano ya te acerca a la lectura. Por ahí se empieza”.

¿Tú empezaste por ahí?

Sí, si bien es cierto que en esos tiempos no existían libros como los que ahora se pueden encontrar en librerías y bibliotecas, me acuerdo de algunos como Doña piñones, Negrito zambo o El rabanito que volvió. Con mis hermanos los leíamos una y otra vez. En esa época nuestros padres nos llevaban a la feria del libro de Viña y a una librería que había en el centro. Nos pasábamos la tarde ahí.

La adolescencia de Karima estuvo marcada por escritores de la talla de Cortázar, García Márquez y Borges. “Me encanta leer, pero no siempre encuentro todo el tiempo que quisiera para hacerlo. Trato de leer al menos una novela al mes, leo muchos libros infantiles que llegan a la librería, unos veinte mensuales por lo menos, y también en casa con mis hijos; primero lo hacía con mi hijo mayor y ahora con el pequeño, vamos leyendo y releyendo su biblioteca”.

 

ANTES

Antes de su apuesta con la librería, antes de vivir en Bolonia y Madrid, Karima estudiaba diseño gráfico en Viña del Mar y el ser librera y tener una editorial simplemente no estaba en sus planes. Pero el destino dijo otra cosa. Ya casada, postuló a un máster en Gestión de Diseño en Italia, un poco como aventura, otro tanto, porque el diseño italiano era otro mundo y la impronta de estudiar en una de las universidades más antiguas del mundo —la Universidad de Bolonia— le atraía como un imán. Y se embarcó en un viaje junto a su marido, el filólogo Sebastián Arellano y su entonces pequeño hijo, Horacio.

 

¿Qué aprendiste en Italia?

La eficiencia, el gestionar proyectos y trabajar en equipo. Tuve la suerte de realizar mi práctica en el estudio de diseño Chialab, encargado de realizar toda la gráfica para los museos, la Feria del libro infantil y de la sala Borsa (biblioteca municipal). Me gustó el diseño cultural y social. Allá las asociaciones culturales acogen e integran a los inmigrantes a través de diversas actividades con los niños y sus familias. De hecho, el primer libro que publicamos con una amiga italiana, Había una vez un dibujo, surge de esa experiencia.

En Italia postularon a Becas Chile y ganaron una pasantía en la Universidad Complutense de Madrid para continuar sus estudios y profundizar otras vetas del diseño social. Pero después de cuatro años los pilló la crisis y decidieron volver.

 

¿Por qué Limache?

Nos encontramos con un Viña muy colapsado y el estilo de vida no se ajustaba a lo que buscábamos para nuestros hijos: un lugar más tranquilo y donde hubiese mucho por hacer. Además, influyó bastante el hecho que aquí está el colegio Waldorf, donde estudian Horacio (14) y Guillermo (6).

El primer paso fue la creación de la editorial para poder desarrollar Había una vez un libro, que era un libro de actividades multilingüe. Ya instalados en las tierras del famoso “tomate limachino”, comenzaron a asesorar colegios para implementar bibliotecas de aula y a realizar talleres de fomento a la lectura para profesores.

Luego de un año de adaptación y mientras hacían su defensa de tesis, se adjudicaron dos fondos del libro: uno de edición para La famosa (y secreta) receta de papá, de la ilustradora Joanna Mora —cuyos premios internacionales le otorgaron visibilidad mediática a la editorial—, y otro para la creación de una librería. Un sueño que traían desde Europa.

 

¿Por qué una librería?

En el extranjero adquirimos el hábito, como familia, de comprar libros, de ir a las bibliotecas, a actividades culturales y sociales que hacían muy rica la relación cotidiana con los libros, y cuando volvimos, primero a Viña y después a Limache, nos dimos cuenta de que había muy poco de todo eso. Vimos en el Fondo que se abría, y que ganamos, una buena oportunidad de poder activar iniciativas como las que habíamos visto nacer y desarrollarse en lugares como Madrid o Bolonia, donde vivimos. Nuestra apuesta era justamente generar algo en un lugar que nunca lo había tenido y qué mejor que una librería. Llegamos muy ilusionados con eso.

 

¿De dónde viene el nombre Una Casa de Cartón?

Lo tomamos de una canción de un poeta andaluz, que habla de sueños alcanzables y de cosas simples. Nos gustó, porque representaba muy bien el proyecto que estábamos formando en estos tiempos de tanta pedantería.

 

¿Cuál es el criterio para elegir los libros?

La calidad, los contenidos, el apoyo a editoriales independientes, tanto chilenas como extranjeras. Buscamos, en catálogos interminables, aquello que queremos tener en la librería como propuesta diferenciadora. Cada libro está aquí por alguna razón. Además estamos atentos a las temáticas interesantes que se relacionan con lo local, entonces tratamos de tener todo de Gastón Soublette y Andrea Maturana, autores destacados en sus áreas y que viven acá.

 

¿Qué ha sido lo más desafiante?

Mantener la motivación y seguir creyendo en lo que hacemos y cómo lo hacemos. Sobre todo cuando te ves enfrentado a un público que no lee tanto como debería y que le cuesta mucho participar de las actividades culturales que en general se proponen. Hay personas que teniendo para pagar un libro original prefieren el pirata y nos reclaman por la diferencia de precio.

 

¿Derogarías el impuesto al libro?

El impuesto al libro debiera ser más bajo o al menos debiera existir, como en otros países, el impuesto diferenciado para la cultura.

 

¿Cómo incentivar la lectura?

La mejor manera es ofrecerles a los niños libros bellos, predicar con el ejemplo, entender la lectura como algo divertido, generar los espacios y los tiempos adecuados para ella. Un libro o álbum ilustrado puede leerse muchísimas veces y eso les encanta a los niños. Se puede partir hasta con quince minutos al día.

A fines del año pasado participaron en la primera feria internacional del libro de Valparaíso, FILVA17, con fuerte presencia de editoriales independientes.

 

¿Qué conclusiones sacas?

Muy positivas. Ahí te das cuenta de que hay personas, como Gladys González, que con muy pocos recursos y apoyo logran montar una feria internacional en una comuna en que era incomprensible que no contara con un evento como este. La feria nos ayudó a visibilizarnos mucho más. “Una librería en Limache, ¿cómo es posible?”, nos preguntaba la gente.

 

A ITALIA LOS PASAJES

Por estos días, Karima acaba de recibir la noticia de que su editorial Una Casa de Cartón, fue seleccionada como parte de la delegación chilena para la Feria del Libro de Bolonia, la más importante en literatura infantil y juvenil. “Estoy feliz de poder reencontrarme con la ciudad y con los amigos que dejamos”.

 

Un espaldarazo a tu gestión

Fue súper emocionante, sobre todo porque, como editorial, nuestra misión es poder difundir lo mejor posible el trabajo de autores y aportar a la internacionalización de su obra, en este caso, de Joanna Mora. La noticia me llena de orgullo y valida nuestra labor, lo que significa que si hay una propuesta de calidad, un libro que nace en un micro espacio regional como el nuestro puede llegar directamente al mundo y posicionarse en diversos mercados.

 

¿Proyectos?

Este año queremos potenciar la editorial, porque es difícil financiar las ediciones. Estamos tratando de levantar proyectos colaborativos que no solo beneficien a la editorial, sino que a todos los actores involucrados. Nos ganamos un fondo de ayuda. Con él vamos a comprar equipamiento tecnológico para la editorial e implementaremos un blog para fomentar la lectura, que tendrá entrevistas con autores, reseñas de libros y de emprendimientos locales.

 

¿Qué buscan con eso?

Ser un aporte local para el fomento de la lectura. Como editorial tenemos varios libros en carpeta en distintas etapas de desarrollo, que esperamos poder editar. Un álbum ilustrado con temática de integración, dos libros de poemas, un libro de cocina consciente, un libro de fitoterapia. No sabemos si llegaremos a editar todos este año, pero sí queremos seguir desarrollándolos. Lo lindo es que todos los libros proyectados son de autores de la zona.

 

¿Qué son los libros para ti?

Objetos preciados, historias, mundos, universos infinitos que contienen otras vidas que te transportan, que enriquecen tu cotidiano.

 

Karima está segura que quince minutos de lectura diaria pueden hacer la diferencia.

“El impuesto al libro debiera ser más bajo o al menos debiera existir, como en otros países, el impuesto diferenciado para la cultura”.

“Los libros son objetos preciados, historias, mundos, universos infinitos que contienen otras vidas que te transportan, que enriquecen tu cotidiano.

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