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EDICIÓN | Febrero 2018

FLORES DEL DESIERTO

Humberto Alache Ríos, artista flores de lata
FLORES DEL DESIERTO

Las únicas flores que adornan el desierto más árido del mundo son las de hojalata, las que forman parte del tradicional arte fúnebre pampino en una mezcla de tradición y sutil belleza. Conocimos a Humberto Alache, profesor de artes plásticas, quien guarda los secretos de este centenario oficio, y que tuvo la misión de crear los más doce mil ejemplares que decoraron el altar donde el Papa Francisco celebró su eucaristía en Iquique.

Texto y fotografías: Soraya Valdivieso 

Humberto Alache Ríos, nos recibe en su casa ubicada en el casco antiguo de Iquique. A sus setenta años se muestra sonriente y alegre, dispuesto a contarnos detalles que cómo, junto a Jessica Cordano asumieron el desafío de crear una decoración exclusivamente diseñada para el altar del Papa Francisco, quien visitó Iquique el pasado 18 de enero.

Las flores comenzaron a ser confeccionadas cuatro meses antes del gran acontecimiento, por el profesor y sus colaboradoras. “Yo sentía que este arte debía estar presente en la visita papal y cuando leí en el diario que el arquitecto Yoing Koo Cayo iba a hacer el altar, le pedí una audiencia al Obispo para que me contactara con él. Cuando vio mi trabajo, aprobó la idea de incorporar las flores y me trajo las figuras y los planos de cómo tenían que hacerse”, explica Humberto.

La propuesta aprobada incluyó rosas y claveles de aproximadamente cinco centímetros, repujados y pintados en los colores cobre, oro y plata, en representación de las riquezas naturales del norte chileno. Con estas flores se confeccionaron casi cincuenta cuadros, que formaron la decoración del escenario. Además se expusieron dos cinderelas de casi tres metros de altura y un sol relampagueante, todos en base a hojalata.

“Estas figuras están talladas en las iglesias del altiplano, porque representan la Pachamama.  Los indígenas de nuestro territorio estaban sometidos por los cristianos españoles, pero cada vez que podían incluían parte de sus ritos o sus creencias en las construcciones de las iglesias o en el vestuario de los santos. De esta forma, participaban del catolicismo, pero manteniendo sus propias tradiciones”, nos relata el profesor, añadiendo que este tipo de artesanía es netamente nortina.

El origen de las flores de hojalata se remonta a la época salitrera, donde las flores naturales utilizadas para adornar los cementerios eran imposibles de mantener en el desierto. Como una forma de revertir esta realidad los pampinos fueron creando flores de papel, pero también duraban poco por los vientos y el sol que desvanecía los colores. La solución la entregaron algunos inmigrantes británicos, que le torcieron la mano al agreste clima con coronas de flores de latas esmaltadas, las que aún se pueden encontrar en el cementerio inglés de Tiliviche.

“Al ver que eran bonitas, el chileno hizo sus propias versiones, sus propias flores con la hojalata donde venía la manteca, la leche o un tarro de conserva.  Ahora ese material es prácticamente inexistente porque todos los envases son de tetrapack o plástico, por ello trabajo con aluminio de latas de bebidas, lo que también ayuda a fomentar la cultura del reciclaje”, comenta Hugo. “La magia que tienen estas flores para mí, es que en ellas se traduce nuestra esencia como habitantes de este territorio, porque nosotros somos desierto, minerales, mar, arena”.

Entre las personas que han trabajado codo a codo con Alache, están Jessica Cordano, Norma Araya, Yolanda Cañas, Sandra Godoy, Patricia Chacón y Silvana Herrera.  “Algunos vienen acá y otros traen el trabajo, y nosotros les pagamos por la cantidad de cosas que traen”, nos cuenta.

HISTORIA DE UN PAMPINO

 

Humberto desde pequeño tuvo cercanía con el mundo del arte. Su madre fue su principal ejemplo, sin embargo, su padre fue quien realmente lo estimuló a crear libremente, recompensándolo por las buenas notas del colegio con papel y pintura.

 

Nació en la salitrera Santa Laura, pero habitó la mayor parte de su infancia en la oficina Victoria. Debido al puesto de su padre, quien era contador bilingüe en esa época, vivían en la avenida principal de la oficina y por ese motivo debían jugar en el patio de la casa junto a las gallinas y los materiales sobrantes. En esos tiempos las clases sociales eran evidentes, porque las oficinas salitreras separaban los barrios de acuerdo al tipo de trabajo que se realizaba. Humberto recuerda “nosotros nos sacábamos los zapatos para jugar con los hijos de los obreros, así éramos todos iguales”.

 

Pasaron los años y el trabajo se hizo más escaso, por lo que la familia Alache Ríos debió migrar a Iquique. “Fue un cambio fuerte para nosotros, nos parecía una ciudad muy fría y extrañábamos profundamente la pampa, pero finalmente nos adaptamos”, recuerda Humberto.

 

A la hora de entrar a la universidad Humberto no desvío su camino y siguió fielmente ligado al arte, donde estudió en la entonces Universidad del Norte. Siguió su carrera como docente por más de cincuenta años en los mejores colegios de Iquique. Aunque no se casó, ni tuvo hijos, todos sus estudiantes forman parte de su historia, llena de recuerdos y anécdotas divertidas. Ya jubilado creó su propia escuela de arte, donde hasta la actualidad imparte clases para adultos.

 

 

“Estas figuras están talladas en las iglesias del altiplano, porque representan la Pachamama.  Los indígenas de nuestro territorio cada vez que podían incluían parte de sus ritos o sus creencias en las construcciones de las iglesias o en el vestuario de los santos. De esta forma, participaban del catolicismo, pero manteniendo sus propias tradiciones”.

“La magia que tienen estas flores para mí, es que en ellas se traduce nuestra esencia como habitantes de este territorio, porque nosotros somos desierto, minerales, mar, arena”.

 

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