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EDICIÓN | Febrero 2018

DESBORDE DE TALENTO

Michelle Cassis, directora de cine
DESBORDE DE TALENTO

Acaba de ser elegida entre los cien líderes jóvenes de 2017. Y aunque su nombre puede parecer desconocido, vale la pena recordarlo porque, sin duda, dará que hablar en el futuro. Ya tiene tres celebrados cortos en el cuerpo, dirige comerciales y videoclips y lleva un rato dándole vueltas a su primer largometraje. Y tiene veintisiete años… y muchas ganas.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló

Vive corriendo. Siempre un poco atrasada, siempre acelerada pero feliz. Llega e inunda todo con su energía, con su risa y su entusiasmo. Le falta para cumplir treinta, pero ya parece haber hecho mucho para una cineasta: vivió, estudió y dirigió en Estados Unidos, tiene un promisorio trabajo en una productora local y ha escrito y dirigido tres cortometrajes.

 

Michelle es la quinta de seis hermanos e hija de un publicista. Muy cercana a su padre, hubo un doloroso hecho familiar que cimentó esta relación. “Cuando yo tenía nueve años, murió mi hermana mayor, de diecisiete, que tenía una gran conexión con él… para él fue un tremendo vacío y a partir de eso nos conectamos, porque hasta ese momento no nos conocíamos para nada. Es algo que los gringos llaman silver lining, cuando de algo muy negativo sale algo que no esperabas que, en este caso, fue que yo me empezara a encantar con lo que él hacía y me metiera mucho en el mundo de la publicidad”, recuerda.

 

Siempre creyó que su elección académica iba a ir por ese lado, hasta que agarró la cámara de video familiar y comenzó a grabarlo todo y a hacer historias. Y aunque no era una gran consumidora de películas, su ansiedad por hacer videos y contar historias la llevó a elegir la carrera de cine. Aunque al principio le costó encontrar el lugar adecuado para estudiar y dio algunos tumbos, finalmente decidió irse a Nueva York.

 

“Me fui a la New York Film Academy porque sabía que era muy intensivo, que desde el primer día tenías una cámara en la mano y estabas en la calle. No es una universidad, sino que una escuela técnica”, explica.

 

Instalarse allá fue todo un desafío. Tenía el inglés del colegio, pero reconoce que al principio hablaba y nadie le entendía o se daban cuenta altiro de que era extranjera por su acento. Tenía veintiún años y al principio decidió irse sólo por cuatro meses a hacer dos cursos intensivos y probar si le gustaba como para extenderlo por un año… partió con una maleta y el número de teléfono de una amiga de su papá, que ni siquiera conocía. En poco tiempo tuvo que encontrar un departamento en Brooklyn y empezar una vida al estilo New York.

 

CON LA CÁMARA AL HOMBRO

“En la escuela había gente de todos lados y se armó una mística familiar increíble. Cuando terminé el primer curso sentí que me tenía que quedar y pedí una beca para quedarme el resto del año. Aunque al principio me inscribí de nuevo en el curso de Dirección y Producción, en la primera clase me di cuenta de que iba a ser todo desde cero y me cambié a Dirección de Fotografía”.

 

Ahí te metiste de lleno en lo audiovisual…

Exacto, sentí que necesitaba complementarme como directora, porque era importante saber cómo llevar a cabo mis historias, cómo interpretarlas…

 

Cómo bajarlas a imágenes…

Cómo hacer sentir determinadas sensaciones a las audiencias, qué tipos de lentes sirven para ciertas cosas, qué efectos provoca un gran angular. Todos esos tecnicismos que muchas veces intuyes, pero que no necesariamente conoces.

 

En septiembre de 2013 terminó su año académico y le ofrecieron hacer una práctica, que le permitía una extensión de la visa. Hizo de todo: sirvió café, manejó una van y fue asistente de cámara. Todo, incluso dar vida a su primer corto Astro Son.

 

“En Nueva York la gente tira los muebles viejos a la calle. Te puedes encontrar desde sillones a mesas con los cubiertos puestos y la gente, todo tipo de gente, va por las calles buscando cosas que les pudieran servir. Pero también me di cuenta de que era una ciudad donde vivían muchas madres solteras. Cuando vi una lavadora en la calle hice la sinapsis y vi una historia, la historia de un niño que quiere ser astronauta para conocer a su papá que está en el cielo. Pedí ayuda a mis compañeros, me conseguí los actores y lo hicimos”.

 

Ese no fue el único trabajo que hiciste allá.

No, cuando se me estaba acabando el plazo de la visa y debía regresar, decidí que no podía irme sin filmar algo que tuviera que ver con la moda. Me encanta la moda y Nueva York está lleno de gente digna de ser retratada. Así salió la idea de Queens Of Flesh & Blood, que grafica la idea de una ciudad llena de mujeres que podrían ser modelos, aunque estén sirviendo un café o trabajen como ejecutivas en una oficina. Esta historia también tiene que ver con mi historia, con la de una mujer que llega sola a esta tremenda ciudad a cumplir sus sueños. Y la moda está presente, más que en la ropa, en la factura, que es muy fashion, hecha a partir de los carteles de Nueva York.

 

LOS PREMIOS Y EL REGRESO

 

Un León de Bronce en Cannes, un Palmares en el Festival del Sol, tres oros en El Ojo de Iberoamérica en Argentina y el premio Mejor Artista Emergente 2017 en el Buenos Aires International Fashion Film Festival hablan de la calidad de su trabajo.

 

“Me siento súper agradecida de cada uno de esos premios, porque, además, hay un tremendo trabajo de equipo detrás de cada uno. Hay gente que me ha ayudado, que me ha abierto la puerta cuando se la he tocado sin ni un peso, como pasó con la música de Queens of Flesh & Blood, por ejemplo. El premio a la artista emergente fue increíble, porque era directamente para mí… al final lo que hacen es darte pie para decir ‘por acá va la cosa, lo estás haciendo bien’, lo mismo me pasó con los cien líderes jóvenes, donde me pusieron al lado de gente que está descubriendo curas para enfermedades, lo que fue súper emocionante”.

 

Instalada en Chile trabaja como directora en la agencia Triciclo Films, en la productora peruana Canica y también sigue desarrollando sus propios proyectos. “Hay que tener patitas metidas en todo, es la única forma de subsistir, y no solamente por el precio, sino que por las ganas de seguir haciendo cosas...”.

 

Los hermanos Larraín vienen de la publicidad y han hecho una carrera increíble…

Sí, es que ellos son como un dúo dinámico. Siempre pienso en ellos como referentes, porque a Fuga, su primera película, no le fue muy bien. Y después sacaron Tony Manero, que también dejó un gusto extraño en la gente que pensaba que se iba a encontrar con Fiebre de Sábado por la Noche, y resultó algo mucho más oscuro y sombrío. Pero siento que uno tiene que hacer ese tipo de películas para llegar a ser quién eres, las cosas no siempre salen bien, no siempre harás la mejor película ni el mejor corto, pero mientras sigas produciendo hay más posibilidades. Mucha gente se queda de brazos cruzados porque no tiene alguna cámara o no ha encontrado la actriz perfecta… y hay que darle igual… Yo he hecho cortos con cámaras fotográficas. Últimamente estoy trabajando en videoclips y la gente ha llegado a mí porque saben que soy movida y que las cosas quedan bien.

 

¿Te ha costado hacerte un espacio en el mundo de la publicidad en Chile?

Sí, porque tengo cortos, que duran dos o tres minutos, pero las agencias los ven y dicen: ‘¿esta mina puede filmar algo que dura treinta segundos? ¿Se la va a poder?’. Eso ha sido un freno, porque puede ser que mis cortos sean bacanes, pero si no tengo una marca, un par de comerciales, no te dan la pasada.

 

Ser un buen director de cine no es garantía para ser un buen director de comerciales.

Es muy raro que llamen a un director de cine para hacer un comercial, acá en Chile por lo menos. Pero en Estados Unidos, David Lynch dirige comerciales de perfume, Steven Soderbergh, Tarantino también lo han hecho y son un lujo.

 

¿La publicidad te deja tiempo para seguir pensando en el cine?

Sí, de hecho ya tengo un corto en la cocina que quiero filmar pronto, pero lo quiero ir a hacer a Nueva York, así que estoy tratando de coordinar mis tiempos.

 

Y del corto al largo, ¿cuándo? 

Quiero hacer un largometraje… de hecho ya tengo una idea, pero necesito crearme el hábito de sentarme a trabajar en eso por lo menos una vez a la semana. No puedo permitir que se me pase la vieja…

 

Ser mujer, ¿te ha jugado a favor, en contra o da lo mismo a estas alturas? 

No creo que dé lo mismo. Existe una idea de ‘qué interesante, una directora mujer’, pero al momento de decidir siempre los proyectos se los lleva un hombre. Puede ser una ventaja porque eres como un bicho raro… hace poco me tocó hacer un videoclip con la Josefina Montané, por ejemplo, y ella no paraba de decir lo agradecida que estaba de que la dirigiera una mujer, porque la entendía y no le pedía que hiciera cosas que no haría en la vida real. Pero si ves en Hollywood, el cuatro por ciento de las películas es producido por mujeres… no es nada.

 

“Cuando yo tenía nueve años, murió mi hermana mayor, de diecisiete, que tenía una gran conexión con mi papá… para él fue un tremendo vacío y a partir de eso nos conectamos. Es algo que los gringos llaman silver lining, cuando de algo muy negativo sale algo que no esperabas que, en este caso, fue que yo me empezara a encantar con lo que él hacía y me metiera mucho en el mundo de la publicidad”.

“El premio a la artista emergente se sintió increíble, porque era directamente dedicado a mí… al final lo que hacen es darte pie para decir ‘por acá va la cosa, lo estás haciendo bien’, lo mismo me pasó con los cien líderes jóvenes, donde me pusieron al lado de gente que está descubriendo curas para enfermedades, lo que fue súper emocionante”.

“Tengo cortos que duran dos o tres minutos, pero las agencias los ven y dicen ‘¿esta mina puede filmar algo que dura treinta segundos? ¿Se la va a poder?’. Eso ha sido un freno, porque puede ser que mis cortos sean bacanes, pero si no tengo una marca, un par de comerciales, no te dan la pasada”.

 

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