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EDICIÓN | Febrero 2018

Sobre relictos y santos

Por Leonardo Mellado González.Docente de Pedagogía Media en Historia y Geografía, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad San Sebastián. Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica. Máster en Museología de la Universidad de Valladolid, España.
Sobre relictos y santos

En este período estival, podemos encontrarnos con un sinnúmero de ejemplos de relictos naturales y culturales que nos invitan a viajar en el tiempo, a escudriñar el pasado para aprender más de nuestro mundo y de los legados que aún quedan por conocer.

Emplazada en el corazón de la capital, en una pequeña isla verde conocida como Plaza de los artesanos del 900, se encuentra una pequeña capilla de estilo neogótico, llamada Capilla Dolores. Escondida entre las calles Marín, Santa Victoria y Portugal, conectada al mundo por una pequeña vía llamada Angamos y en medio de un silencioso conjunto habitacional levantado a comienzos de los años setenta, es un verdadero bien relicto de un Santiago que desapareció entre modernas torres y trajinadas calles.

Es precisamente sobre el término relicto que me quiero detener. Concepto de diversas acepciones, suele referirse generalmente a los restos supervivientes de manifestaciones naturales o especies vivas, prácticamente exterminadas por causas naturales, como los milenarios glaciares del Campo de Hielo Sur o los cipreses de las Guaitecas. Pero también puede entenderse como los restos culturales, aún en pie, de edificaciones, prácticas u otros bienes de carácter histórico-patrimonial y que dan cuenta de épocas o procesos históricos y que sirven de fiel testigo y manifestación exclusiva de un pasado.

El bosque de Fray Jorge, por ejemplo, es el bosque húmedo más nortino de Chile, similar a una selva valdiviana, situado por sobre los quinientos metros, en las llamadas alturas de Talinay, en la Región de Coquimbo. Rodeado de una zona semiárida, cubierta de matorrales espinosos bajos y hierbas anuales. O el Cerro La Campana, inserto en el parque del mismo nombre, y en el que se encuentra el «Palmar de Ocoa», uno de los últimos bosques naturales de palma chilena (Jubaea chilensis), especie endémica de Chile, declarada reserva de la biosfera por la Unesco. Incluso más próximo a Santiago, el bosque Panul, últimas presencias de bosque esclerófilo nativo, ubicado en la precordillera, en la comuna de La Florida, bajo la sombra del Cerro Minillas en la Sierra de Ramón.

Este verano es el momento de maravillarnos con lo que va quedando de nuestra flora y fauna nacional, verdaderos relictos conservados en parques o áreas silvestres protegidas, las que deben seguir siendo preservadas ya no sólo porque así lo establecen las normas, sino por convicción y por amor a nuestro país.

Asimismo, si este verano no puede moverse de la capital, o si viene de fuera de Santiago y quiere conocer algo más de esta gran ciudad, no deje de buscar, indagar y conocer, como una verdadera excursión, lo relictos culturales que aún subsisten, escondidos, ignorados y desconocidos, como aquella capilla Dolores, que fuese parte de lo que era el convento y colegio de las Madres Inglesas de los Sagrados Corazones, llamado Claustro del 900, erigido en 1861, y en cuyo lugar fueron sepultados los restos de Ana du Rousier, fundadora de la orden en Chile y las primeras generaciones de religiosas del Sagrado Corazón y donde estudió y vivió Juanita Fernández, Santa Teresa de los Andes, la primera santa chilena.

 

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