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EDICIÓN | Febrero 2018

LA FILÁNTROPA DE LA FAMILIA

Francisca Cortés Solari, presidenta ejecutiva Fundación Caserta
LA FILÁNTROPA DE LA FAMILIA

Nació en el seno de una de las familias empresariales más importantes del país, pero lejos de acomodarse en su sitio, ha dedicado su vida a formar y dirigir fundaciones que dejen una huella en Chile. Su pasión: el medioambiente. Su foco: la educación.
 

Por María Jesús Sáinz N. / Fotografías Andrea Barceló A.

Avanza la mañana en Likandes, un parque educativo de ciento ochenta hectáreas ubicado en el camino a Lagunillas, en pleno Cajón del Maipo. Hace calor, pero una suave brisa comienza a refrescar el día. Es un entorno privilegiado. De pronto, Francisca Cortés Solari irrumpe en la escena. Sonriente, de trato afable, saluda por sus nombres a quienes trabajan en el lugar y se dispone a hablar del camino que ha recorrido y que hoy la tiene a cargo de todos los proyectos de Corso, el grupo empresarial de su familia.

 

Francisca no solo es la presidenta ejecutiva de Caserta, sino también de otras dos fundaciones: Meri y Tata Mallku. Sus días transcurren entre viajes y reuniones, pero ella es una mujer llena de energía. Cuando habla de la labor que realiza lo hace con pasión, gesticula y enfatiza con la voz, y se detiene a recordar a sus abuelos paternos, que describe como muy sencillos y esforzados, y sus abuelos maternos, los fundadores de Falabella, que precisamente emigraron de la localidad italiana de Caserta. “Nunca hay que olvidar a quienes vinieron antes que nosotros”, dice.

 

¿Piensas mucho en tus orígenes?

Es que entender cuál es mi pasado me ha hecho sentir esa responsabilidad familiar, no de devolver, sino de agradecer. Sé que a mi abuela le hubiera gustado ver lo que estamos haciendo y me emociono cuando te lo digo. Este trabajo es también, de algún modo, un reconocimiento a ellos.

 

SELLO PERSONAL, COMPROMISO FAMILIAR

 

El camino que ha debido recorrer Francisca para liderar hoy todos estos proyectos ha sido extenso. “Mi historia es larga”, dice entre risas. Nunca se sintió a gusto en el colegio y no estudió una carrera tradicional, pero cree que lo andado ha sido necesario para encontrar su vocación y reafirmar su compromiso. Siente que su interés por lo social partió de un modo muy “personal y profundo” y que las organizaciones que hoy preside se fueron dando de manera orgánica.

“La historia se fue construyendo. No es que yo hace diez años haya dicho que la idea era comprar parques y hacer educación. Nosotros trabajamos primero en Peñalolén, haciendo senderos en Casablanca, en el Cerro San Cristóbal, en fin, hasta que de repente decidimos tener nuestro propio parque”.

 

¿Te costó mucho convencer al grupo?

No, de hecho, la constitución de la fundación, hace ya quince años, se dio por un pedido familiar. Es decir, partí yo como persona interesándome por un mundo que tenía que ver con la transformación de lo humano, y luego se institucionalizó por interés de la familia.

 

¿Por qué?

Porque nosotros teníamos muchas personas que se nos acercaban a pedirnos diferentes ayudas y esta era una manera de hacer algo concreto. Y creo que tenía que haber una cabeza con la intuición y el ímpetu para lograr propósitos que, en ese tiempo, eran muy innovadores.

 

¿Por qué dices que el trabajo que hoy hacen salió de ti de forma natural?

Porque mi vida ha estado rodeada de mucha naturaleza, de campo, animales y caballos. Me acuerdo que cuando iba de vacaciones a Santo Domingo no tenía muchos amigos, porque prefería ir donde la señora Irene, que tenía gallinas, pollos, donde me podía subir a un carretón con papas. Yo tuve una infancia muy ligada a la gente y así aprendí de la vida, con la pala, podando, conectada a la naturaleza. Y obviamente me di cuenta tarde de todo este paradigma.

 

¿Cuál paradigma?

El modelo educativo que tenemos, que es el mismo que tuve yo, que es rígido, que tiene que ver con el orden, con el encasillamiento de este niño sirve o no sirve. Venimos de una estructura escolar que no está haciendo felices a los niños. Hoy en día hay más depresiones y desmotivaciones que nunca.

 

¿Y cómo se puede transformar eso?

Nuestra idea es acompañar la educación formal, sacar a los niños de la sala de clases, porque nosotros sabemos que ya estamos ayudando al aprendizaje desde el momento en  que traemos a los estudiantes a este parque.

 

CONSERVAR Y APRENDER

 

La Fundación Caserta realiza su trabajo, justamente, en el parque en que hoy Francisca nos recibe. La idea no solo es conservar un territorio rico en flora y fauna nativa, sino además convertido en un centro educativo donde estudiantes, docentes y directivos puedan vivir una experiencia formativa y transformadora.

 

Los programas, que pueden ser de uno y hasta tres días, consisten en salidas pedagógicas que buscan fortalecer la convivencia escolar y el respeto de sí mismos, los otros y el medio ambiente. 

Además, dirige la Fundación Meri, que trabaja para la conservación de los ecosistemas terrestres y marinos de la Reserva Natural Melimoyu, ubicada en la Patagonia norte y hábitat de la ballena azul, y en el norte, en San Pedro de Atacama, la Fundación Tata Mallku que conserva el territorio, pero, por sobre todo, las tradiciones. Las tres fundaciones, en 2017, acogieron a cerca de cinco mil estudiantes de sectores vulnerables.

“Estos tres lugares llegaron a mí. Así como San Pedro de Atacama es un hito a nivel mundial, Chiloé también lo es. Es la puerta de entrada a todos los fiordos de un sistema único en el planeta”.

 

¿Tú idea era hacer conservacionismo?

Por supuesto, pero la idea no era solo proteger la naturaleza, sino también ofrecer una educación integral, unida al entorno. Trabajar en el concepto de que somos naturaleza y por lo tanto no podemos desligarnos de ese que es el vínculo más puro, que es lo que contiene al ser humano.

 

¿Cómo ha sido la experiencia con niños vulnerables? ¿Qué cambios has visto?

A veces las personas me preguntan cómo podemos cambiar un niño maltratado, por ejemplo, qué sacas con hacerlos vivir esta experiencia puntual, cuando luego deberán volver a sus casas, a su realidad. Y la respuesta es que así como el ser humano registra en sus células las experiencias traumáticas, también lo hace con las experiencias positivas. Venir a Likandes para un niño se constituye en un hito que queda en la memoria.

 

¿De qué manera?

Cuando los niños entran acá se encuentran con personas competentes, capacitadas, que saben liderar y que saben lo que hay que hacer. Para nosotros todo es importante: las personas que trabajan, los equipos humanos, la estética, la comida, la belleza del lugar, porque todo eso se queda en las personas.

 

¿De dónde sacas energía para liderar tantos proyectos?

Es que hay mucho que hacer en este país. Falta gente a la que le interese esto. Faltan empresarios, porque es poco el empresariado que tiene esta vocación de servicio.

 

¿Quisieras hacer un llamado?

Me gustaría que hubiera más gente que entendiera que este es un recurso para el país, es el futuro de nuestros hijos, de nuestra vida. Para que existamos hay un ecosistema único y dentro de ese ecosistema el ser humano está en el último lugar. No hay ser humano sin naturaleza; no hay ser humano sin agua, sin la cordillera, sin el mar. Hay algo que cambiamos cuando nos pusimos adelante y a la naturaleza al final. Y es al revés. Eso es lo que queremos que la gente comprenda

 

“Entender cuál es mi pasado me ha hecho sentir esa responsabilidad familiar, no de devolver, sino de agradecer. Sé que a mi abuela le hubiera gustado ver lo que estamos haciendo y me emociono cuando te lo digo. Este trabajo es también de algún modo un reconocimiento a ellos”.

“Nuestra idea es acompañar la educación formal, sacar a los niños de la sala de clases, porque nosotros sabemos que ya estamos ayudando al aprendizaje desde el momento en que traemos a los estudiantes a este parque”.

“La idea no era solo proteger la naturaleza, sino también ofrecer una educación integral, unida al entorno. Trabajar en el concepto de que somos naturaleza y por lo tanto no podemos desligarnos de ese que es el vínculo más puro, que es lo que contiene al ser humano”.

Me gustaría que hubiera más gente que entendiera que este es un recurso para el país, es el futuro de nuestros hijos, de nuestra vida. Para que existamos hay un ecosistema único y dentro de ese ecosistema el ser humano está en el último lugar.

 

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