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EDICIÓN | Febrero 2018

El Puerto: más allá de Valparaíso

Por Rodrigo Moreno Jeria
El Puerto: más allá de Valparaíso

Hace pocos días se supo que el gobierno ha optado por impulsar la construcción de un puerto a gran escala en San Antonio, sepultando la aspiración de Valparaíso de mantener la competitividad portuaria para las siguientes décadas.

Esta noticia, en realidad se sospechaba hacía tiempo en círculos especializados, pero como implicaba una decisión política compleja para el gobierno central, se dilató, al punto que ahora parecía que lo más sensato era no tomar la opción exclusiva por San Antonio, sino apuntar a la construcción de sitios portuarios en ambas ciudades, y trabajar bajo el principio de complementariedad, pensando en el largo plazo real, donde la historia nos ha demostrado que nunca será suficiente la exclusividad de un solo puerto.

Ahora bien, el anuncio de gobierno igual tomó por sorpresa a muchos, pero la reacción fue mucho más pasiva por parte de las autoridades locales de lo que uno se hubiese imaginado. Y en un análisis preliminar, parece que se vuelve a repetir la premisa de que lo que afecta a la ciudad de Valparaíso es un problema comunal, sin reacción de las autoridades políticas y sociales del entorno.

Entonces surge una pregunta: ¿es una mala noticia sólo para Valparaíso? En realidad, no, puesto que la actividad portuaria y marítima ha sido el motor de la economía de toda la provincia, traspasando las fronteras comunales mucho más allá de lo que la gente imagina. Y lo anterior no significa que la mayoría de la población esté relacionada directamente con dicha actividad, pero detrás de muchas que parecen no tener relación, surge la explicación de que es el puerto el origen de su existencia.

Por ejemplo, si Valparaíso no fuese puerto, la vida universitaria no hubiese existido en las dimensiones de lo que hoy hablamos. La creación de sendas fundaciones como la de Federico Santa María e Isabel Caces de Brown, dieron origen a las universidades Santa María y Católica de Valparaíso respectivamente, y en ambos casos, el origen de las fortunas estuvo relacionada con la vida portuaria y marítima. Don Federico era un porteño que provenía de una familia vinculada al comercio internacional, y él mismo forjó fortuna en dicha actividad, primero en su puerto natal y luego en el extranjero, y doña Isabel, también de una importante familia porteña, era viuda del constructor y arquitecto norteamericano Juan Brown, quien había hecho fortuna en Valparaíso en el siglo XIX.

Y para seguir con las fundaciones, Pedro Ibáñez Ojeda, junto a su hermano Manuel, crearon, en 1953, la Escuela de Negocios de Valparaíso al alero de la Fundación Adolfo Ibáñez, en memoria de su padre, quien había sido un actor relevante en la actividad vinculada a la vida marítimo-portuaria, a través del comercio de importación y exportación y la industria.

Y doce años antes, el Estado también había dado una fuerte señal en el ámbito marítimo, cuando, en 1941, aprobó fundar la Estación de Biología Marina Montemar, gracias al apoyo de la Liga Marítima de Chile, la Armada de Chile, la Asociación Científica de Valparaíso, la Cámara de Comercio e Industrias de Valparaíso y la Pesca.

Todo lo anterior, en que mostramos el origen histórico de cuatro prestigiosas universidades, es una pequeña muestra de que la historia de nuestra zona no se explica sin la actividad marítimo-portuaria, y hoy, en el presente, sigue siendo un motor del desarrollo para toda la gran conurbación en la que vivimos. Renunciar a Valparaíso como puerto es un error histórico que sólo lo pueden cometer quienes no conocen el pasado de toda la zona. 

 

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