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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2018

ARTESANO DEL SONIDO

Jaime Schorr, lutier
ARTESANO DEL SONIDO

En el taller que construyó detrás de su casa camino a Pencahue, el lutier y orfebre talquino, Jaime Schorr, se dedica a la restauración, reparación y construcción de instrumentos de cuerda, trabajo que aprendió a los dieciocho años y en el que se ha perfeccionado de forma autodidacta. Consciente del valor de este oficio, hoy está en vías de introducir más tecnología a su taller, para facilitar la construcción de guitarras y bajos hechos a mano. Aquí la entrevista hecha por su propia hija.               

Por: Fernanda Schorr R. Fotografía: Francisco Cárcamo.

Nos juntamos una tarde a conversar en su taller, que está detrás de la casa. Como su hija, he estado ahí muchas veces, pero nunca para hablar en profundidad sobre su trabajo y su mayor pasión: la lutería. Esta vez, y a pedido de mi editora, le hice esta entrevista a Jaime Schorr —mi papá—, lutier y orfebre talquino que ha aprendido y perfeccionado este oficio de manera autodidacta, siendo hoy reconocido por su trabajo dentro del ámbito musical en Talca.

Sobre un gran mesón hay varias herramientas, pegamentos, trozos de madera de diferentes tamaños y grosores, y un cuerpo de guitarra acústica desarmado. Cerca de la puerta cuelga otra guitarra recién barnizada y sobre otro mueble hay un chelo con la cubierta quebrada. Pregunto qué le pasó y me cuenta: “a este se le cayó un niño encima, se rompió entero”. Son los trabajos que llegan a su taller con mayor frecuencia: violas, violonchelos, contrabajos y violines que necesitan ser restaurados y reparados.

Jaime también construye guitarras acústicas y eléctricas a pedido, además de algunos instrumentos especiales como la “charanguita”, experimento que resultó de una guitarra con un charango incorporado. Sin embargo, este último tiempo su trabajo como fabricante ha estado algo detenido: “No es muy rentable por el hecho de que, como lutier, fabricar instrumentos es muy caro, y hoy en día llega una gran cantidad de instrumentos de cuerda desde China, hechos con máquinas de control numérico y a un precio imposible de competir”.

Comparativamente, me explica, los instrumentos hechos a mano son mucho más caros que los fabricados de forma masiva, sin embargo, “aunque estos últimos son bonitos y sirven para un nivel básico, un músico profesional busca algo con un mejor sonido y con estándares mucho más altos para la interpretación”. Consciente de esto, Jaime se acaba de adjudicar un proyecto a través del Fondo de la Música del Consejo Nacional de Cultura y las Artes, para poder adquirir una máquina de control numérico —CNC—, que le permitirá abaratar costos y hacer instrumentos de calidad accesibles para los músicos: “La salida lógica que han tenido todos los lutieres y fábricas de instrumentos del mundo, que quieren rentabilizar el negocio y hacer que sus instrumentos salgan a la luz, es la tecnología numérica, que permite fabricar con un menor esfuerzo. Pero esto es sólo un apoyo, ya que el trabajo humano es lo que determina la calidad y el sonido del instrumento”. Con el apoyo de esta tecnología, él espera iniciar una línea de producción de guitarras de jazz de gama alta, además de guitarras eléctricas y bajos.

AMOR POR LA MÚSICA

Se crio y creció junto a la música, viendo cada día a su mamá estudiar guitarra clásica frente a una partitura. Por otro lado, su papá le había inculcado desde muy pequeño el gusto por trabajar la madera: “desde los seis o siete años yo construía juguetes, autitos y aviones de madera, ese era mi pasatiempo”. Ambas cosas gatillaron su amor por la guitarra, instrumento que aprendió a tocar a los dieciséis años y que construyó por primera vez a sus dieciocho. “Quería hacerme una guitarra acústica especial, y mi papá conocía al dueño de la tienda Marconi, una tienda de instrumentos y electrónica en Talca donde trabajaba el maestro fabricante de guitarras José Poblete. Él fue la primera persona que me enseñó cómo construir un instrumento”. Luego, en la universidad, diseñó y fabricó su primera guitarra eléctrica.

¿Qué te motivó a dedicarte a la lutería?

La pasión por la música fue la que me llevó a buscar un instrumento que sonara como yo quería. Entonces me dio por fabricarlos, y como tenía conocimientos y cierta destreza con el uso de la madera, se confabularon las cosas. Quería buscar ese sonido, ese tono perfecto que me motivara. Aparte de la belleza de la guitarra, que para mí es un instrumento muy hermoso.

¿Qué es lo que más te apasiona de este trabajo?

Lo que me gusta es la libertad de poder trabajar y ganarse la vida en lo que uno ama. Creo que ese es el máximo logro de un ser humano, porque estás trabajando en tu pasión, y lo haría por el resto de mis días. Por otro lado, tiene sus riesgos, no tengo seguro contra accidentes, hay maquinarias eléctricas con filo, y muchas veces me accidento las manos.

¿De qué manera has ido perfeccionando tus conocimientos?

Principalmente he estudiado con libros especializados en perfeccionamiento y estudio para lutier, que he importado de Estados Unidos, sobre cómo fabricar guitarras de jazz, guitarras españolas, eléctricas, de cuerdas metálicas, o de cómo hacer incrustaciones de madre perla. También he seguido por internet distintos cursos y tutoriales de lutieres que dan algunos consejos. He ido absorbiendo todo lo que me rodea en cuanto al conocimiento de la lutería y lo he ido asimilando.

¿Qué valor agregado crees que tiene tu trabajo?

Una ventaja es que soy guitarrista y he tenido la oportunidad de conformar diferentes bandas de rock con amigos. Es una ventaja, porque creo que un buen lutier tiene que ser músico. Es más, los lutieres se generan a partir de un artista que tiene la inquietud de investigar más el instrumento mismo, y termina reparándolos y después fabricándolos.

 

CALIDAD A MENOR COSTO

“Históricamente, la palabra lutier deriva de los fabricantes de laúdes”, me explica, “después esta palabra se utilizó para denominar a todos los artesanos que fabricaban instrumentos de cuerda”. Sierras, cepillos, gubias y formones son las herramientas que utiliza principalmente en su taller, y que son fundamentales para este oficio. Además, se necesitan prensas especiales para poder unir dos mitades de madera, y pegamentos similares que se usan en mueblería.

A sus cincuenta y cinco años, de los cuales dieciocho los ha dedicado a la lutería, Jaime Schorr ha logrado afinar la técnica y el oído. “Para eso seleccionas las maderas adecuadas, porque estas tienen sus tonos. Con la combinación de maderas duras y blandas tú logras conjugar esa alquimia”.

¿Cuál es la ventaja de un instrumento construido por un lutier?

El músico logra interpretar mejor, siente esa calidad, tonalidad y sonido superior.

¿Cómo escoges las maderas para tus instrumentos?

Las buenas maderas para instrumentos son las que están clasificadas como tonales, y tienen una estabilidad dimensional, es decir, una vez que ya están secas, mantienen su forma y no se encogen, no se enchuecan ni se parten. Maderas que al percutirlas tengan una resonancia, una musicalidad y una prolongación del sonido en el tiempo.

¿Cómo ves el escenario de la música en Talca?

Es muy bueno, ha tenido un desarrollo musical realmente grande en los últimos diez o veinte años. Hay muchas orquestas, y la Universidad de Talca ha formado una gran cantidad y variedad de músicos. Estamos viviendo una época de gloria en cuanto a la música, tenemos una big band espectacular, una orquesta sinfónica, grupos de jazz eléctrico, jazz acústico, rock, blues, y folclore.

¿Un buen contexto para dedicarse a tu trabajo?

La infinidad de gustos y variedades de música en Talca, el buen clima y las buenas maderas locales, hacen que sea una excelente coyuntura para trabajar como lutier, y yo espero que con este proyecto que voy a realizar, Talca llegue a ser una ciudad en la cual se fabrican buenos instrumentos, que sea el lugar donde uno vaya especialmente a comprar una guitarra.

¿Te gustaría capacitar a otros en este oficio?

No quisiera quedarme con todo lo que he aprendido para mí. Una parte del proyecto que me adjudiqué con el CNCA, es la difusión de conocimientos de lutería en algunos colegios de la región, con lo que espero aportar a la cultura local y difundir este arte para que no se pierda. 

 

“La infinidad de gustos y variedades de música en Talca, el buen clima y las buenas maderas locales, hacen que sea una muy buena coyuntura para trabajar como lutier”.

“Las buenas maderas para instrumentos son las que están clasificadas como tonales, y  tienen una estabilidad dimensional, es decir una vez que ya están secas, mantienen su forma y no se encogen, no se enchuecan ni se parten”.

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