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EDICIÓN | Enero 2018

VOLVER AL ORIGEN

Carlos Valdés, Cerezas Huilmay
VOLVER AL ORIGEN

Convencido en sacar adelante la plantación de cerezas del campo familiar, Carlos Valdés dejó su vida en Estados Unidos, donde estuvo por veinte años, para instalarse en Graneros junto a sus padres. Su objetivo: no perder la identidad, mantener las tradiciones, y cambiar la mentalidad del empresariado chileno. 

Por María José Pescador D. Fotografía Francisco Cárcamo P.

Con una tradición agrícola de más de cien años en la región de O´Higgins, hoy, Carlos Valdés busca crecer en el negocio de las cerezas, pero además, cambiar la mentalidad de los trabajadores y del emprendedor chileno. “Volví a Chile para ayudar a mi padre y porque tengo un amor profundo por esta tierra, por este país, y porque veo el potencial del lugar de donde soy”.

 

Carlos estudió derecho en la Universidad de Chile y pronto se fue a Estados Unidos, aprovechando que un tío vivía en Dallas, para aprender mejor el idioma. Una vez allá se ganó una beca para un posgrado, y nunca más volvió. Estuvo veinte años viviendo afuera, en donde trabajó en grandes compañías, viajó alrededor del mundo, y la última vez que vino al campo, hace cuatro años, decidió renunciar a su pega, y a su vida gringa, para quedarse.  

 

¿Por qué volver a Chile?

Siempre tuve la ilusión del campo. Me preguntaban constantemente en Estados Unidos de dónde venía, y yo orgulloso mostraba en el mapa este lugar. Uno de los lugares que considero más ricos del planeta. Aquí en Graneros estaba la hacienda de La Compañía, los jesuitas se hicieron ricos acá, en esta tierra que es bendita desde siempre...

 

Un cambio drástico…

Lo que me pasó es que me di cuenta de que la vida en Estados Unidos para la gente es más fácil, allá todos tienen las necesidades básicas cubiertas, y a pesar de eso no son felices. En Chile, en cambio, hay gente muy pobre que es más feliz que aquellos que lo tienen todo allá, y eso es porque los gringos no tienen el sentido de vida. Por eso quise volver. Porque aquí tengo la posibilidad de mejorar como persona y mejorar mi entorno. Aquí puedo entregar una mentalidad de empresa diferente con Huilmay. La idea es crear una empresa sabiendo que no somos los más grandes en el rubro de las cerezas, pero tenemos una mística que es única…

 

¿Cuántas hectáreas tenía el campo y cuántas tiene hoy?

 

El campo tenía quinientas hectáreas. Al principio, mi abuelo cultivaba lo tradicional de la zona. Luego en el campo se vivió el proceso de reforma agraria y más tarde se dividió entre los siete hermanos y mi papá continuó con la veta familiar agrícola. Él transformó los viejos cultivos a uva de mesa y luego a cerezas, en lo que hoy son diecisiete hectáreas de plantaciones en la zona de Chancón y Graneros.

 

 

RETOMAR, ORDENAR

 

Tremendamente exhaustivo ha sido el trabajo de Carlos. Es impresionante ver cómo el orden prima en este campo. En las bodegas las palas, picotas y rastrillos están perfectamente colgados; a un lado los bidones de plástico, más allá los sacos, dentro de otra bodega los productos químicos…Todo con sus respectivos carteles. En la oficina destaca un mapa en donde hay un cuadrado con número para cada planta y, además, un color por cada variedad.

 

¿Cómo ha sido acostumbrarse a trabajar en el campo?

Pensé que iba a hacerlo todo en un año. Pero en ese tiempo sólo logré arrancar las plantas muertas; al segundo año saqué las plantas que no correspondían a ninguno de los tipos que queremos producir; al tercero logré darme cuenta para dónde iba la cosa, y en este el cuarto año ya estamos produciendo como yo quiero. En esto me ha ayudado mucho mi papá, que es quien me da una pausa, me dice que tengo que tener paciencia, algo que me cuesta…

 

¿Cómo estaba el campo hace cuatro años cuando llegaste?

Era un potrero. La gente me decía que campos como este no existían, estaba muy mal, y decidí tirarlo para arriba, pues no estaba dispuesto a perder la identidad. En Estados Unidos no tenía identidad, era “Carlos el latino”. En cambio aquí la gente es noble y la idea es ser el “Carlos que pudo hacer un cambio, el que logró transformar su entorno para bien”.

 

¿Qué fue lo primero que hiciste para generar el cambio en la empresa?

Cambiar el nombre del fundo. Porque este era el fundo Santa Amelia de mi abuelo. De ahí nace Huilmay, con la idea de motivar a un conjunto de personas a algo nuevo, fresco. Hubo que crear una visión, cambiar el concepto que se tenía de este campo, creerse el cuento. Decirle a la gente que somos una empresa, con maquinaria, con bodegas, con cuarteles, con identidad de variedades en cerezas, y con un orden establecido.

 

¿Cuánta gente trabaja en la empresa?

Somos cuatro de planta, la señora Carmen encargada de administración, Alejandro encargado de las maquinarias y Hernán que está en terreno, se encarga del huerto, de los riegos, entre otros... Durante la cosecha llegamos a ser cincuenta.

 

¿Cuántas plantas tienen?

Tenemos ochocientas ochenta plantas por cada hectárea. Hemos plantado al menos tres mil o cuatro mil plantas nuevas, con lo que hoy tenemos casi diez mil plantas en once hectáreas.

 

¿Cuando llegaste cuánto se producían, y hoy, cuánto producen?

Lo máximo que había llegado a producir eran unos treinta mil kilos. Y hoy producimos cien mil. Pero no fue tan fácil porque por un par de años bajas la producción al arrancar las plantas fuera de tipo, por ejemplo.

 

¿Cuántas variedades de cerezas hay?

En total deben ser treinta o cuarenta. Pero hay variedades principales y que se dan mejor dependiendo de cada zona.

 

¿Qué variedades dejaste en Huilmay?

Santina, Lapins y Bing, que son las reinas de estas zonas.

 

 

TRANSPARENCIA TOTAL

 

Este empresario emprendedor asegura que la transparencia en los números es la base de una empresa exitosa. Al revés de lo que se piensa, Carlos les presentó un power point a sus trabajadores, en el cual les transparentó todos los números de la empresa: costos y ganancias, poniéndolos en tres escenarios y mostrando resultados con números. “La idea es que ellos sepan lo que pasa y se comprometan. Algo que ningún empresario hace en Chile”.

 

¿Cuál fue tu plan de negocios para levantar la empresa?

“Con la camiseta puesta” fue el plan que redacté exclusivamente para los trabajadores, y en donde les conté su historia, porque mi idea es que ellos se sientan parte de esto, y no que solamente quieran su cheque de fin de mes. Entonces les conté lo que hicimos: el mejoramiento de los replantes y del riego, y la instalación de una hélice para soportar las heladas. Además los puse en tres escenarios de resultados: si llegaban al primero, lograban un bono equivalente a tres sueldos líquidos; si llegaban al segundo, a dos, y si alcanzaban al tercero, a uno… La idea es decirles que las cosas son posibles y se pueden lograr. Los modelos de negocios tienen que ser simples, participativos y trasparentes.

 

¿Qué escenario de los que presentaste se cumplió hoy?

Todo va a depender de la liquidación de la fruta en China, pero el tercero ya se cumplió. Creo que vamos al llegar al primer escenario. Sí, puedo decir que hoy estamos todos en el mismo barquito.

 

¿Qué cambios crees que debe hacer el empresario en Chile?

Asociarse con sus trabajadores. Porque son ellos la parte fundamental de la empresa.

 

¿Cuáles son los problemas que enfrenta la agricultura hoy?

El campo no conlleva un proceso lineal, como yo estaba acostumbrado en mi otro mundo. Allá primero se hacen las carreteras y luego las casas… Aquí es al revés. Para mí el problema principal es cambiar la mentalidad de la gente. Uno acá se enfrenta con la apatía, cambiar el “yo no lo boté, no lo recojo; yo no lo dañé, no lo arreglo”. Nosotros tenemos la obligación de dejar un lugar mejor que como lo encontramos y esa es la diferencia entre los gringos y los chilenos.

 

¿El objetivo próximo?

Mi idea no es ser el más grande en exportación de cerezas en Chile, pero el objetivo de todas las personas siempre es ser el mejor, por lo mismo quiero que la productividad por hectárea mejore cada vez más. Quiero plantar las cuatro hectáreas que faltan y hacerme más competitivo y pasar al siguiente negocio, que sería asociarme con cuatro personas como yo, que produzcan fruta de calidad, y así aumentar el volumen de exportación con el fin de hacer la comercialización personalmente, sin tener que pasar por la empresa exportadora, tener packing y etiqueta propia.

 

“Para mí el problema principal es cambiar la mentalidad de la gente. Uno acá se enfrenta con la apatía, cambiar el “yo no lo boté, no lo recojo, yo no lo dañé, no lo arreglo”. Nosotros tenemos la obligación de dejar un lugar mejor que como lo encontramos y esa es la diferencia entre los gringos y los chilenos”.

“Mi idea no es ser el más grande en exportación de cerezas en Chile, pero el objetivo de todas las personas siempre es ser el mejor, por lo mismo quiero que la productividad por hectárea mejore cada vez más”.

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