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EDICIÓN | Enero 2018

UNA DIRECTORA VERSÁTIL

Isabel Fredes, soprano y directora de la Camerata Vocal Vox Lumini
UNA DIRECTORA VERSÁTIL

En Talca, Chile y el extranjero, la Camerata Vocal Vox Lumini ha destacado por la versatilidad de su repertorio y su calidad coral. Su directora, la soprano Isabel Fredes, oriunda de la capital del Maule, se la ha jugado por innovar en la puesta en escena, incorporando diferentes estilos y expresiones del canto. 

Por Fernanda Schorr / Fotografías Francisco Cárcamo

No fue fácil encontrar a la soprano y directora coral Isabel Fredes (32) con mucho tiempo libre para entrevistarla. Esta música talquina apenas se da descanso; además de dirigir la Camerata Vocal Vox Lumini, es responsable de otros dos coros en el Centro Cultural de la Alianza Francesa en Curicó, y el resto del tiempo lo dedica a sus alumnos particulares a los que les hace clases de canto y piano.

“La dirección coral es una rama difícil, requiere de arduo trabajo de escritorio, de investigación, de buscar, hacer arreglos y estudiar mucho el repertorio”. Cuenta que cuando estudió licenciatura en música en la Universidad de Talca, la mayor parte de su generación se especializó en el canto, pero a ella no le gustaba la frivolidad y competencia que veía en el mundo de la ópera y    el canto lírico. Por eso, se inclinó por la dirección: “El maestro que tuve, Guillermo Cárdenas, me motivó mucho. Él me dijo que tenía que dedicarme a esto”. 

Fue ese camino el que la llevó a formar el proyecto al que hoy dedica la mayor parte de su tiempo y energía: la Camerata Vocal Vox Lumini. Este coro de cámara profesional, conformado por treinta voces, comenzó el 2004 como un cuarteto impulsado por Isabel junto a Rubén Fuentes, su marido y mano derecha en la dirección coral. Como cuarteto les fue bien desde un comienzo, participaron en distintos festivales en el extranjero y viajaron por todo Chile; pero Isabel soñaba con dirigir un coro que le permitiera abarcar otro tipo de repertorio y abrir nuevos espacios en el campo de la música coral de cámara, por lo que decidió ampliar el grupo y convocar a más gente para participar en las óperas del Teatro Regional: “Me gustó el sonido que se provocaba. Además, el factor humano funcionaba, es importante que las personas se lleven bien porque la música no se desempeña si no es con una buena relación”.

El grupo se afianzó en 2009 como coro, pero distinto, ya que hoy maneja un repertorio que tal vez no se repite en ninguna parte de Chile: “Tenemos la suerte de que todos leen música, todos tienen formación universitaria y de canto, entonces es un pequeño lujo el de poder abarcar temas mucho más complejos”. Asesorados desde sus inicios por el maestro Guillermo Cárdenas, Vox Lumini ha tenido una fructífera labor artística con una recopilación que abarca desde música renacentista hasta piezas contemporáneas. Durante su trayectoria han interpretado óperas como: Tosca, Carmen y Otello, obras de Beethoven o Mozart y musicales como Jesucristo súper estrella, La novicia rebelde, Los Jaivas sinfónico, entre otros.

También han participado en distintos festivales de coro en México, Colombia, Ecuador, y hoy están grabando su segundo disco financiado por la Municipalidad de Talca. Además, en 2017, deleitaron al público del Teatro Regional del Maule con su concierto Décima y canción, Violeta a una voz, en homenaje a Violeta Parra.

DUCTILIDAD MUSICAL

Para Isabel, la dirección coral tiene un trabajo romántico detrás, que es el de investigar las motivaciones de un músico para componer una determinada obra. Además, recalca la importancia del trabajo en equipo, algo fundamental para lograr que treinta personas puedan sonar como un solo instrumento: “La música coral para mí no tiene comparación, la armonía de las voces no se puede igualar con una voz virtuosa solista. Eso fue lo que me cautivó desde el primer minuto, escuchar acordes vocales es algo que hasta ahora me eriza la piel”. Para lograrlo se necesita mucho trabajo y estudio. Después de varias horas de ensayo, los cantantes terminan tan compenetrados que pueden, incluso, entender como respira el compañero de al lado. “Las voces son muy susceptibles al clima, a los estados del cuerpo, a tantos factores, un instrumento súper delicado que hay que cuidar mucho”.

Esta directora y su grupo se han planteado el desafío de ir más allá de la música clásica y convencional, innovando no sólo en el repertorio sino también en los formatos. Desde hace un tiempo, Vox Lumini se adentró en el coro con movimiento escénico, un formato que incorpora la teatralidad como parte de la música: “me gusta trabajar la ductilidad del coro, eso mantiene  motivado al grupo y a mí también. La idea es probar muchos estilos y diferentes expresiones del canto”.

Hoy el sueño de la artista es que la Camerata pueda algún día ser una agrupación remunerada, para que sus integrantes puedan vivir de su trabajo, como la Camerata Vocal de la Universidad de Chile o el Coro del Teatro Municipal de Santiago. Hoy Vox Lumini tiene vida propia y no depende de ninguna institución cultural, viven de la autogestión, y se acaba de convertir en una asociación cultural con personalidad jurídica para poder participar en más proyectos.

LIDERAZGO FEMENINO

 

Para ser un buen director coral hay condiciones que un músico debe tener, como un oído armónico, buena técnica vocal, buen gusto para elegir el repertorio y buena lectura al piano, pero además hace falta liderazgo, algo que Isabel tiene y que ha sabido utilizar durante su carrera: “El maestro nos decía que hay personas que tienen una mística especial, un liderazgo innato que convoca gente que te puede respetar musicalmente y, por lo mismo, se compromete contigo”.

Sin embargo, Isabel reconoce que no es fácil dedicarse a la música siendo mujer, sobre todo porque históricamente la dirección ha sido un trabajo donde se ha privilegiado más a los hombres. “Cuesta entrar en distintas partes del quehacer cultural siendo mujer, directora y joven, además”. Aunque lo toma con humor, ha vivido un proceso largo donde ha tenido que “demostrar, demostrar y demostrar”, para que reconozcan su trabajo y la respeten.

En Chile son muy pocas las directoras corales, Isabel no conoce ninguna chilena que dirija un coro profesional y, al menos en Talca, señala que todos son hombres: “A veces pienso que a las mujeres no les interesa mucho la dirección, si tienen dotes musicales se van mucho más por la parte del canto o de la pedagogía”.

La vida de los coros comienza en marzo, y ahí apenas tienen tiempo para preparar las presentaciones que harán en Semana Santa. Después de eso, normalmente hacen una gira a mitad de año, para lo que estudian hasta cuarenta obras de distintos repertorios para diferentes audiencias. Y finalmente están los eventos del segundo semestre que son muchas invitaciones a encuentros corales, festivales, conciertos navideños, etc. Para poder dedicar todo ese tiempo a cada uno de sus coros y, además, viajar con ellos dos a tres veces al año fuera de Chile, Isabel tiene que ser muy responsable y organizada. 

Al momento de esta entrevista, la artista estaba embarazada de treinta y cinco semanas, a punto de tener a su primer hijo: “me costó aceptarlo, pero ahora estoy súper contenta e ilusionada, porque además he tenido un excelente embarazo”. Por lo demandante de su trabajo, no estaba en sus planes ser mamá, ella quería priorizar su carrera y su desarrollo profesional. Y aunque en un comienzo tuvo miedo de no concretar todos los planes que tenía en mente, hasta ahora los ha podido realizar, y ya tiene pensado como vivirá su maternidad: “sé que lo voy a poder compatibilizar bien. Tengo trabajos tan libres que me van a permitir que mi bebé pueda ir conmigo a los ensayos, lo quiero involucrar lo que más pueda en la música, tengo pensado cómo lo voy a criar, porque quiero que sea un niño artista”. 

 

“A mí me gusta trabajar la ductilidad del coro, eso mantiene súper motivado al grupo y a mí también como directora. Me motiva salirme de la percepción puritana de quedarse solo en un estilo. La idea es probar muchos estilos y diferentes expresiones del canto”.

 “La música coral para mí no tiene comparación, la armonía de las voces no se compara con una voz virtuosa solista. Eso fue lo que me cautivó desde el primer minuto, escuchar acordes vocales es algo que hasta ahora me eriza la piel”.

“Cuesta entrar en distintas partes del quehacer cultural siendo mujer y directora. Y siendo joven además”.

“A veces pienso que a las mujeres no les interesa mucho la dirección, si tienen dotes musicales se van mucho más por la parte del canto o de la pedagogía”.

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