Tell Magazine

Columnas » Cine Paralelo

EDICIÓN | Enero 2018

Tron

Tron

Hubo un momento de mi vida en que me recontra juré que nunca iba a tocar teclado alguno de un computador.  ¡Y que permanecería fiel a mi máquina de escribir Underwood! Quizás parte de mi aversión se produjo quince años antes, cuando fui al cine, en 1982, a ver Tron… 

Una inocua película con “el sello de Disney” que al final se transformó en una rareza anticipada a su tiempo, en una época en que las computadoras eran un artefacto que solo era posible encontrar en la sala de lanzamientos de la Nasa y en las pocas películas de ciencia-ficción que comenzaban a mutar hacia el “cine de anticipación”. Pero para el naciente público geek, nerd o gamer la idea de ser absorbido por una computadora y encontrarte viviendo dentro de un ser cuyo biotipo eran placas de chips, resultaba fascinante, rayando en lo alucinante y siniestro que puede ser un mundo paralelo e intangible. A mí me pareció un tipo de vida del que nunca querría llegar a ser parte. Renunciar a mi humanidad para transformarme en un Bit 0 o 1 me pareció una fusión más terrible que regresar a la vida como Frankenstein.

Tron es una película norteamericana estrenada en 1982, escrita y dirigida por Steven Lisberger. Está protagonizada por Jeff BridgesBruce Boxleitner y Cindy Morgan. Fue una de las primeras películas gestada en un gran estudio de cine que usó, de manera radical, las herramientas entregadas por la computación gráfica, aportando su diseñador de producción toda una dimensión revolucionaria, las que se anticiparon en décadas a lo que hoy se vive en nuestros dispositivos móviles. Tron, además, creó su propia estética visual definida por el artista conceptual Syd Mead y el admirado dibujante francés Jean Giraud. Fue nominada a dos premios Óscar por mejor diseño de sonido y diseño de vestuario. La banda sonora con sintetizadores fue encargada al legendario pionero compositor de música electrónica, Wendy Carlos. Aunque Tron inicialmente no se consideró exitosa (tuvo un presupuesto de diecisiete millones de dólares y solo recaudó treinta y dos millones), en pocos años se ganó la categoría de película de culto debido a su avanzado diseño visual —con intensos paisajes de un ciberespacio extremadamente novedoso, con un tremendo colorido y compuesto por una geometría avasalladora—. Esto resultó en el amanecer de un nuevo género con bastante fuerza en la ciencia ficción: la realidad virtual.​ La película también ha lanzado variados videojuegos dentro de este mercado. Como anécdota, está el dato de que el juego Tron recaudó más dinero que la película. Años después se promocionó como una de las mayores atracciones en Disneylandia la recreación del “Túnel de Supervelocidad” que aparece en la película.

En esencia, Tron es una cyberaventura poética que muestra a un programador joven que trabaja en la megacorporación Encom y es absorbido digitalmente por una computadora dentro de un mundo digital dominado por la Central de Control de Procesos. Una razón por la que los efectos especiales de Tron han envejecido bien es porque no intentaron simular nada que ya existía; lograron un estilo tan irrepetible que nunca se verá desfasado o fuera de época. A la salida del cine hoy —en pleno Siglo XXI— ya estamos viendo avances cruciales en robótica, inteligencia artificial y reemplazo genético. Hace unos días escuchaba en la radio a Fernando Villegas, afirmando que “lo que se viene mañana en el mundo por la inteligencia artificial son cambios tan devastadores que todo lo que prometieron en campaña los políticos que eran candidatos a diputados, senadores y presidente ya es irrelevante”. Digan lo que se les ocurra, pero Tron fue y es la película de anticipación por antonomasia. Tan así es que, en 1982, ya nos mostró la única posibilidad que tenemos como especie para seguir evolucionando: transformarnos en un cyborg. Mitad humanos, mitad máquinas… con gran fuerza y una mente central rigiendo cada movimiento y cada pensamiento que nos haga funcionar. Adiós religiones, filosofía y compasión. Darwin tenía razón. O ser un cyborg o morir en el intento de regresar a lo natural.    

 

Otras Columnas

CURIOSIDAD
Monocitas
Año 4.655
Asia Dónde Vamos
El opio del pueblo
Presta Oído
Dulce verano
Rodrigo Barañao
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+8+9   =