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EDICIÓN | Enero 2018

Año 4.655

por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
Año 4.655

El 2018, en China, comienza el 16 de febrero; aunque para ellos el año que se inaugura es el 4.655, puesto que según la tradición, todo ese tiempo ha transcurrido desde que el emperador Huangdí fijó el primer calendario. Y, no obstante la existencia real del magnífico y sabio Huangdí es más bien leyenda, sí es cierto que el conteo cronológico en China cumple, exactamente, 4.655 años.

El año chino no tiene 365 días, pues el inicio depende de los ciclos lunares y solares combinados. Por eso, la equivalencia de fechas chinas en relación al calendario gregoriano occidental exige cierto conocimiento minucioso, y ya es ámbito de iniciados en la cultura y civilización china.  Mas no deja de llamar la atención el gran interés actual por el horóscopo chino y su simbología asociada.  En la última semana del mes de diciembre recién pasado, fui sorprendido por la cantidad de súbitos expertos en sinología que aparecieron en programas televisivos y radiales. Celebro ese interés por el mundo asiático en general, y por China en particular

Por lo tanto, no será nuevo que anuncie en esta columna que el año que se inaugura el próximo 16 de febrero es regido por el signo del Perro, símbolo de bipolaridad extrema (los canes son simpáticos y afectuosos, pero también agresivos y hasta rabiosos). Por eso, la predicción para el año que amanece es que se darán situaciones y oportunidades óptimas, o pésimas. Según la astrología china, tal bipolaridad la controla el amo del perro: la autoridad que ordena y organiza el mundo. Pero este año es el del Perro de Tierra (los doce signos del zodiaco chino se combinan con cinco elementos: fuego, agua, tierra, madera y metal). La civilización china siempre fue agraria, rural, cansina y organizada; luego, la Tierra, que es la base fértil y productiva, expresa la idea de la estabilidad, del trabajo tenaz que logra la abundancia. Así, el año del Perro de Tierra es el tiempo en que una conducción poderosa, firme y decidida, podría aprovechar bien las muy buenas condiciones para atraer afluencia, prosperidad y paz.  Al revés, una conducción débil, soltará las rabias contenidas, las fuerzas sin disciplina y hambrientas; desatará el miedo, el caos, y la decadencia. El período de este año del Perro de Tierra que puede ser especialmente complicado será el equivalente al fin del verano en el hemisferio norte, vale decir, entre agosto y septiembre.

Sin embargo el Perro de Tierra podría estar en ideal balance (el equilibrio Yīnyáng) si el amo mantiene el control de la energía () a la altura del estómago, usa su maestría para ganarse al animal de manera simpática, utiliza como emblema el color amarillo y enfatiza en los alimentos dulces. En este contexto, por ejemplo, al presidente Maduro de Venezuela le va a ir mal, porque se viste de rojo opaco e insiste en patear al perro y no le da de comer; y si consigue comida esa es agria; jamás hay simpatía en sus palabras ni dulzura en lo que ofrece. Si usted, estimado lector, quiere hacer más cábalas, pues aplique lo ya dicho a otros reinos de nuestra región.

Quiero agregar algo más: en el Daoísmo —el pensamiento esencial chino— Yīn / Yáng (陰|陽) es la dualidad que expresa la existencia, pues el universo es la dinámica eterna de fuerzas opuestas aunque complementarias.  Yīn / Yáng están en la base de todas las cosas.  Yīn es el principio femenino, la noche, la pasividad, la absorción. Yáng es el principio masculino, el día, la actividad y la penetración. Entonces, está anunciado que en el año del Perro de Tierra primará Yáng; malas noticias para el feminismo furioso.  Este no es su año. Por el contrario, siendo que el Perro es un animal hogareño, un fiel y leal guardián, el ciclo que comienza será positivo para recuperar tradiciones, fortalecer instituciones. En el zodiaco chino, el Perro es la señal de la conservación de valores tradicionales, protector de la familia, de los niños y de los ancianos.

En China, las celebraciones comienzan dos semanas antes.  Desde fines de enero los chinos viajan a sus pueblos de origen; se reúnen, limpian la casa, pintan, lavan, adornan, llenan de luces y guirnaldas. Por las calles danzan las comparsas de dragones y leones; por las noches hay fuegos de artificio y bengalas. Suenan campanas, hay música en el aire, se come, se bebe, se ríe. La Fortuna, siempre esquiva, es llamada con la sana algarabía y el aroma de la euforia y el alborozo. La comunidad china, en Chile, celebra la llegada del año nuevo en muchas ciudades. Estamos todos invitados a unirnos y contagiarnos con su alegría.

 

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