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EDICIÓN | Diciembre 2017

Sueño intercultural

Carla Julio, gestora cultural
Sueño intercultural

Cada vez que le pasa algo lindo, trata de representarlo en una nota o en un objeto que se transforma en el tesoro escondido de una cajita de lata. Así, ha ido creando una colección de instantes felices, cuyas historias relata a sus más cercanos, cuando se da la ocasión.

Coleccionista, periodista, gestora cultural y escritora en potencia, siente que hoy, desde su cargo como coordinadora del Centro Cultural Estación Antofagasta, de alguna manera rinde un homenaje a sus raíces, a su padre.

Por Pamela Rodríguez T. / Fotografías Rodrigo Herrera 

Con una sonrisa encantadora y una voluntad de hierro, Carla Julio ha ido forjando su lugar como gestora cultural en Antofagasta. Hoy es coordinadora del Centro Cultural Estación Antofagasta, desde donde desarrolla un arduo trabajo en el ámbito patrimonial y artístico.

 

Quiso ser escritora, pero eligió periodismo, quizás, como ella dice, gracias a la influencia de su padre, el notable y reconocido abogado recientemente fallecido, Bernardo Julio.

 

¿Cómo elegiste periodismo?

Estaba muy indecisa, en ese momento terrible en que enfrentábamos la PAA y Periodismo estaba dentro de las opciones. Mi papá me dijo: “yo también quería ser periodista”, y claro, seguí su consejo. Hace unos meses descubrimos que a sus tres hijas nos dijo lo mismo… Quizás de verdad quiso estudiar varias carreras o era su manera de animarnos a elegir.

 

¿Crees que fue una decisión acertada?

Me encanta ser periodista, soy inmensamente feliz haciendo infinitas preguntas a mi compañero de vida. Él las responde y a ratos solo me mira divertido por esta curiosidad sin límites.

 

VIDA Y TRABAJO

 

“Mi lugar favorito por estos días es mi balcón que mira atardeceres y noches con luna que se refleja en el mar”, nos cuenta con un dejo de nostalgia, romanticismo y complicidad.

Hoy se siente en el lugar correcto, haciendo lo que más le gusta, dejando fluir los conocimientos adquiridos en distintas etapas de su vida, como cuando durante cuatro años vivió en Ecuador, cuando su padre fue nombrado embajador.

 

¿Cómo fue tu vida en Ecuador?

Estaba en cuarto básico cuando llegamos a Quito. De inmediato percibimos el cariño por el migrante, por el otro que viene de lejos y de otras tierras. Se piensa que somos distintos, pero al final del día, como seres humanos nos mueven las mismas pasiones y nos hacen llorar las mismas carencias. Por ello, veo relevante que podamos seguir creciendo como una ciudad cosmopolita, con colores y sabores de distintos lugares del mundo. Debemos trabajar para que desde distintas veredas contribuyamos a la integración de las personas, no olvidando nunca que la génesis de Antofagasta es con manos migrantes; negar la migración es negar la evolución del hombre.

 

Bajo esta mirada, ¿qué piensas de la migración?

Migrar es intrínseco a nuestra condición de seres humanos. Nos movemos para buscar mejores condiciones para nuestro vivir. Dejar lo propio por destinos que no conoces puede ser maravilloso, cuando deseaste hacerlo, pero si te vas porque no puedes estar en tu país por razones de trabajo, de seguridad y lo que nos pasó alguna vez acá, por pensar distinto, es algo muy doloroso. Que el proceso migratorio sea provechoso y enriquecedor es tarea de todos. Empieza con uno, y la voluntad para conocer a ese otro que creemos infinitamente distinto, pero que llora con la foto de su hijo que está lejos, igual como lo haría usted. El tema es largo, lo resumo con que mi ciudad es de migrantes, se hizo gracias ellos. ¿De dónde venían?, ¿quiénes eran? y ¿qué dejaron? Me gustan más las respuestas que confío vamos a tener en esta segunda oportunidad de oleada migratoria.

 

ESTACIÓN ANTOFAGASTA

 

Es decir que has crecido junto al centro cultural…

Sin duda. Este espacio cultural ya completó seis años de gestión, de los cuales he tenido la oportunidad de liderar cuatro, en mi puesto de coordinadora. Es inevitable tener tantos aprendizajes considerando que debo organizar todo lo que ocurre en la casa: la llegada de exposiciones, estudiar posibilidades de itinerancias desde otros lugares de Chile, vinculación con actores locales, gestión y facilitación de espacio, mediación con establecimientos escolares, comunicaciones y difusión de las actividades, hasta los temas domésticos propios a una casa de más de cien años.

 

“La polifunción se debe a que en el espacio cultural somos un equipo de gran corazón, pero pequeño en número. Mis chicas tienen casi súper poderes y gracias a ellas, Marianne, Karla, Paola y Margarita, vamos abriendo caminos. Entonces la casa —como le digo a nuestro centro cultural— hace que quienes la visiten se maravillen con ella”.

 

¿Qué es para ti la cultura y cómo comenzaste a adentrarte en ella?

La definición es amplísima, y las prácticas que configuran en mí un entorno propicio y sensible a la valoración de las artes y sus manifestaciones deben comenzar lo antes posible. En mi casa, los domingos eran para la música clásica. La foto que tengo en mi memoria es mi mamá Alicia jardineando, y papá leyendo o estudiando con Vivaldi, en un casete de esos que regalaban con las revistas. Bernie (mi padre) tenía un bello escritorio armado con amor por mi madre para él.

 

Creciste como en un cuento…

Es que tener ese entorno, para mí favoreció el gusto por el teatro, los espectáculos musicales. No digo que a todos les pasará igual, pueden ser otros ritmos, otros instrumentos. Siempre me leyeron, siempre me enseñaron a imaginar, y siento que es algo a lo que no todos los niños tienen acceso. Crecer y desarrollarnos en esos contextos, sin duda, nos abrirán oportunidades y despertarán sensibilidades.

 

¿Crees que es difícil hacer cultura en el norte de Chile?

Hoy el trabajo que hacemos los que estamos en la vereda cultural, supone infinitos esfuerzos en toda la extensión del territorio continental e insular. Desde quienes deben decidir si seguir trabajando apatronados, o destinar tiempo de calidad para la creación artística. Esfuerzo en buscar recursos y fondos que permitan el desarrollo y producción de obra. Los espacios también nos vemos en la necesidad de brindar metros cuadrados y lineales acordes para exhibir sus trabajos. Ello, lamentablemente, no siempre es posible, estamos también a diario pensando cómo hacer sostenibles los espacios, y a veces el ítem acondicionar/ mejorar salas no alcanza a formar parte del presupuesto.

 

¿Hay recursos para difusión?

Poco, entonces debemos enamorar a los medios para que nos ayuden a que más personas vayan a los espacios culturales de nuestra ciudad. A eso hay que sumarle las voluntades de los directores de colegio para que permitan que los estudiantes aprendan en otros contextos. Hemos hecho un trabajo muy lindo con los profesores, con nuestros Quijotes, como les decimos, pero ellos no siempre tienen apoyo desde las direcciones. La educación, y su currículo pensando en la competitividad y no en la felicidad, está en deuda con las artes.

 

¿Cómo ves el papel de la mujer a lo largo de la historia? ¿Y su presencia en el panorama actual?

Las mujeres hemos sido siempre las más poderosas y aunque es necesario luchar porque se nos valore, trabajar silenciosamente como hemos hecho hace años nos sigue haciendo grandes. En el ámbito cultural local nunca escucho a una Alejandra Rojas, Arlette Ibarra, Marcela Oyarzún, Paz Osorio y tantas más que no alcanzo a nombrar, quejarse de la inequidad de oportunidades que el sistema nos ha impuesto. Todo lo contrario, van dando pasos gigantes para construir una mejor sociedad.

 

¿Qué es lo más gratificante que te ha sucedido en la vida?

Agradezco rodearme de seres increíbles que me acompañan. Ha sido gratificante poder trabajar en lo que me apasiona y ahí es bueno que uno de esos seres increíbles te recuerde que la pega no lo es todo, que sí es maravilloso que te haga feliz, pero que tenemos otros mundos por caminar y soñar juntos. Eso se los agradezco. Y hay cosas como esta entrevista, que me permite hacer público lo bueno que fue tener un padre como el que tuve y que siempre trabajó para que las personas vieran, en la cultura y las artes, una especie de trampolín que nos lleva a una vida mejor.

Temores, desafíos, tu sueño para la ciudad…

Siento que varios estamos soñando colectivamente. Antofagasta ha ido entendiendo que además de nuestro pasado y presente minero, existen otras posibilidades de desarrollo. Tenemos tantas oportunidades como atardeceres mágicos nos regala el borde costero. Ojalá quienes lean esta entrevista hagan el ejercicio de mirar Antofagasta con amor, que la sientan suya, generando opciones y buscando espacios de encuentro. Por lo pronto, estamos haciendo la pega… cada martes y jueves las personas tendrán oportunidad de compartir su almuerzo en el patio interior de Estación Antofagasta ¿qué mejor para conocernos que almorzar en el corazón del Barrio Histórico? Los espero.

 

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