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Entrevistas

EDICIÓN | Diciembre 2017

BUENOS MODALES

Celina Catalano Asesora de imagen, protocolo y etiqueta
BUENOS MODALES

No sólo ser, sino también parecer. Una mañana entretenida que trajo a colación cientos de buenos hábitos y costumbres que, a veces, pasamos por alto aunque no debiéramos. Una anfitriona de lujo que nos cautivó en la conversación y nos recordó que la educación y los buenos modales parten por casa. 

Por Carolina Vodanovic /Fotos Andrea Barceló

Canchera, simpática, muy preparada; una porteña de tomo y lomo que llegó a Chile hace seis años y que no sólo nos enseña de moda e imagen personal —es personal shopper—, sino que desde hace algún tiempo, en empresas y en la intimidad de su hogar, dicta charlas sobre protocolo y etiqueta, su pasión desde niña.

 

Esa mañana, nos reunimos en su casa cinco mujeres y entre risas y comentarios al margen, repasamos con detalle temas importantes, como la precedencia, la urbanidad, el lenguaje, la presentación y los códigos de vestimenta. Fueron cuatro horas que pasaron volando y todas concluimos que, pese a saber de los distintos temas, en etiqueta y protocolo uno siempre queda al debe.

 

Hija de padres italianos, nacida y criada en Buenos Aires, estudió la lengua materna y ejerció como profesora en un colegio, durante muchos años. Luego vino su paso por la Academia Diplomática de Buenos Aires y sus estudios como personal shopper, aquí en Santiago.

 

Vivió muchos años en Madrid y Montevideo, recorrió gran parte del globo, y el tema de la imagen personal, del protocolo y del saber estar —como le gusta llamarlo— siempre estuvo muy presente en su vida. De chica se codeó con la elite argentina, pues, acompañando a su padre fotógrafo, asistió a cuanto evento en embajada y alfombra roja se realizara. Allí nació todo, y hoy dedica gran parte de su día a un tema que para muchos puede sonar súper frívolo, pero que da cuenta de cómo nos vemos y qué imagen proyectamos frente al resto. Un asunto nada trivial.

 

“Como dice el dicho: no existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. Está comprobado que sólo hacen falta tres segundos para hacerle un scanner a una persona y formarse una percepción que viene dada por su imagen. Este curso de protocolo tiene mucho que ver, por supuesto, con la imagen, pero también con cómo me muevo en el día a día”, dice.

 

¿Crees que hoy todavía es importante el tema del protocolo y la etiqueta?

 

Absolutamente, en un mundo cada vez más globalizado tenemos que saber desenvolvernos e interactuar con los demás; debemos saber adecuarnos a las diferentes situaciones y eventos que nos pone la vida, ya sean de carácter formal o informal. Es muy importante saber cómo poner una mesa, cómo recibir, cómo ser un buen anfitrión. 

 

AL GRANO

 

Entretenida y apasionada —confiesa que ha tenido que aprender a moderar su volumen de voz— se apoya en una presentación y va repasando detalles básicos de cortesía, como la puntualidad. “Uno debe llegar a la hora, el atraso causa una pésima impresión. Ni un evento debe retrasarse media hora, ni una novia debe llegar cincuenta minutos tarde a la iglesia. Tendríamos que hacer de la puntualidad un hábito y, en caso de haber una explicación frente a un retraso, que sea realmente contundente”.

 

En el lugar hay dispuesta una pequeña mesa con mantelería y vajilla apropiada para una cena. Repasa la disposición de la loza, correcta postura de los cubiertos, copas y servilleta, entre otros. “Desde muy chicos debemos aprender cómo comportarnos en una mesa, cómo vestirnos para una determinada ocasión, entender que los zapatos, los dientes y las manos nos hablan mucho de una persona y, por supuesto, que el vestir no es una superficialidad, ¡uno comunica cuando se viste! Hay que cuidar las formas, saber estar, saber comportarse en una mesa, saber que no se ponen los codos y que, por supuesto, ahí está prohibido el celular”.

 

Ya que tocaste el tema del celular, ¿qué dice el protocolo en cuanto a su uso?

Está absolutamente prohibido sentarse a la mesa con el celular al lado; debe estar lejos y silenciado. En todo acto social, debe estar incluso apagado. En mi casa, tengo una cajita de madera especial y siempre les pido a mis invitados que los guardemos ahí. Hoy el teléfono es un arma de doble filo y en las reuniones sociales hay que evitarlo.

 

A medida que avanza con la presentación y nos habla sobre las consideraciones a la hora de elegir el menú para nuestros invitados, del maridaje, de los temas que nunca debemos tratar en una mesa, trae a colación anécdotas asociadas a normas de buena educación y recuerda cómo varían según el lugar. “En Oriente, por ejemplo, eructar es agradecer al chef o a quien preparó los alimentos; sorber la sopa es súper educado y mientras más sonoro sea, significa que más rica estaba; dejar propina, en cambio, es un insulto para los japoneses, es tratar de aparentar superioridad… Mirarse a los ojos, tomarse de la mano o besarse en público es signo de muy mala educación en Japón y resulta que lo evidencié en carne propia cuando en el metro de Tokio mi marido me dio un beso… nos miraron súper feo. Allá ni se besa ni se abraza en público”, sonríe.

 

En esta amena conversación, van surgiendo muchos tips que nos apuramos en anotar:  no se empieza a comer hasta que todos tengan la comida servida, se empieza después del anfitrión; jamás se dice buen provecho ni bon apetit; cuando se hace un brindis las copas se levantan, se pueden acercar pero no se tocan, nada de chin chin; al mozo se le llama con un leve gesto, pero no se le silba ni chifla, debemos estar atentos a cuando él nos mira; por último, ¡el que saluda siempre es el que viene llegando!

 

¿Cuál es el típico error que cometemos los chilenos si de protocolo y etiqueta se trata?

Hay un grave error y es que no le dan importancia al código de vestimenta. El chileno es inteligente y si lo invitan a un evento de gran gala en el Anfiteatro de Milán, va a ir de smoking, pero aquí en Chile no va a respetar eso. El anfitrión indica el código de vestimenta en la invitación y espera que se respete, lo que muchas veces aquí no sucede.

 

¿Y en la mesa?

Lo veo en casa, cuando mis hijos invitan amigos. Yo creo que el más grave error es no educarlos desde chiquititos. Ponerse la servilleta en la falda, limpiarse la boca antes de beber, que sepan que una vez que los cubiertos se despegan de la mesa nunca más pueden volver a la mesa, son todas cosas básicas en etiqueta, pero muchos no las saben. Sé, por ejemplo, que a la hora de almorzar en los colegios no les corrigen hábitos. Sería muy necesario inculcar protocolo en los colegios.

 

¿Para destacar?

Hay muchas cosas. Me impresiona, por ejemplo, el respeto que hay acá en las rotondas. El chileno conduciendo es mucho más respetuoso que varias otras culturas, en ese sentido es muy educado.

 

“No existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. Está comprobado que sólo hacen falta tres segundos para hacerle un scanner a una persona y formarse una percepción que viene dada por su imagen”.

“Uno debe llegar a la hora, el atraso causa una pésima impresión. Ni un evento debe retrasarse media hora, ni una novia debe llegar cincuenta minutos tarde a la iglesia. Tendríamos que hacer de la puntualidad un hábito”.

“Desde muy chicos debemos aprender cómo comportarnos en una mesa, cómo vestirnos para una determinada ocasión, entender que los zapatos, los dientes y las manos nos hablan mucho de una persona y, por supuesto, que el vestir no es una superficialidad, ¡uno comunica cuando se viste!”.

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