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Entrevistas

EDICIÓN | Diciembre 2017

SE HACE CAMINO AL ANDAR

David Albala, director de cine
SE HACE CAMINO AL ANDAR

Lleva quince años en silla de ruedas, pero desde el primer minuto se prometió que eso no sería una dificultad, porque “las películas se dirigen sentado”. El camino ha sido complejo, pero hoy está feliz y entusiasmado con su nuevo proyecto, Pacto de fuga, que acaba de empezar a rodar y que espera sea su consagración en la pantalla grande.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló

A mil. Ese es el día para David. Periodista de profesión y cineasta por vocación absoluta. Estar en silla de ruedas nunca ha sido un impedimento para que corra todo el día, para que maneje, coordine, se reúna y ajuste todos los detalles para comenzar la filmación de su próximo proyecto estrella.

Hace quince años, un accidente en moto estuvo a punto de truncar su futuro. Pero este realizador, que en esa época trabajaba en el icónico programa Los patiperros, decidió que eso no iba a pasar. Su primer gran golpe lo dio con Perspecplejia, una producción en que invitaba a varios personajes a ver el mundo desde una silla de ruedas. Hizo ruido. Mucho. Pero sólo fue la primera etapa.

¿Cuánto te aburre hacer noticia por estar en silla de ruedas? 

No sé si hago noticia por estar en silla de ruedas. Eso pasó, de alguna manera por Perspecplejia, que era una película documental basada en mi propia experiencia de rehabilitación. En ese momento, recuerdo haber leído "el director de cine discapacitado" y me parecía raro… era como decir “el director de cine negro”, como que el adjetivo estuviera dado por tu condición física. Si hiciera noticia por estar en silla de ruedas sería un aburrimiento espantoso y una demostración de ceguera mediática. Voy a cumplir quince años en esta silla y durante todo ese tiempo me he esmerado en ser un profesional más allá de eso, porque, además, la silla no es la discapacidad, sino que el vehículo que la resuelve, es un transporte magnífico que me permite llegar prácticamente a todas partes.

 

¿Crees que es una condición que dificulta, de alguna forma, tu manera de trabajar? 

Desde un comienzo, cuando estaba en el hospital, dije que las películas y las series de televisión se dirigen sentado, por lo tanto, que yo estuviera en una silla de ruedas o en cualquier otra daba lo mismo. Efectivamente, no me paro, no camino, pero en quince años no he dejado de hacer lo que hago. He acomodado cosas, por supuesto, y en mi equipo saben que necesito ayuda para subir escaleras, pero ya incorporan mi discapacidad física a una metodología de trabajo que es simplemente logística. Pero nadie me ayuda en mi vida personal y todos mis proyectos han sido accesibles. O sea, no hay dificultad ni impedimento para hacer mis propios proyectos, pero sí lo fue cuando quise buscar trabajo: nunca he encontrado trabajo en estos quince años. En TVN, por ejemplo, me rechazaron todas las veces que postulé, a todos los cargos. No hubo caso, ni con postgrado en Estados Unidos. El 2012 fui a ver a un head hunter, que a los cinco minutos me dijo que no me iban a contratar por mi discapacidad. El mismo me vetó antes de intentarlo. Creo que la discapacidad genera mucho temor, mucha incredulidad respecto de tus capacidades verdaderas y te convierte, para muchos, en un ser incompetente. También genera mucho temor, creen que uno siempre va a estar enfermo. Alguna vez un animador de televisión me aconsejó que nunca dijera que había sido discriminado. Y tenía razón: a la gente le asusta que los señalen con el dedo por haberte elegido. Pero yo me he ido ganando la credibilidad de la gente que trabaja conmigo, demostrándoles diariamente que hago tantas cosas como cualquiera. 

 

Para Pacto de fuga conseguiste una plataforma que te permitirá dirigir de pie, ¿por qué?

No me la conseguí, la construí. Se llama parapodio, y el primero lo hice saliendo del hospital y lo usé durante un buen tiempo. Después me fui a estudiar a Estados Unidos y lo regalé. Hace harto tiempo que no me paraba, empecé hace cinco meses en un parapodio estacionario, montado en una plataforma de ruedas a control remoto, que me permite moverme parado. El primer objetivo de esto es hacer ejercicio, que el cuerpo sienta la presión en los huesos de esa postura, pero la verdad es que yo lo pensé por la música. Yo canto y quiero ser un cantante que cante parado, aunque sea parapléjico. Así puedo lograr que la discapacidad no sea objeto de distracción, porque el público podría no darse cuenta. En la película, tiene que ver con poder hablar cara a cara, pero también me han contado que verme así provoca mucha motivación en el equipo, que ven que es posible resolver las cosas con ganas e ingenio… yo lo uso mucho… hasta he dormido siesta parado (se ríe).

 

Sin duda has peleado mucho, ¿sientes que esa es una batalla que seguirás dando siempre o ya estás cosechando los frutos? 

Me acuerdo que cuando llegué de Estados Unidos, en el gobierno se decía que estábamos en pleno empleo. Y sentía que daba lo mismo la cifra de cesantía, porque a mí no me tocaba; yo siempre estaba fuera del margen y siempre voy a estar afuera. Por lo tanto, mi camino es distinto, es de lucha personal y va a ser así hasta el último día de mi vida. No creo que nadie pueda decir que está consolidado, menos si tienes una discapacidad. Levantar dinero, preparar planes de negocios, hacer road show para inversionistas, eso no se valora. Se valora que yo pueda empujar una silla de ruedas, no mi capacidad intelectual, ni mis notas, ni mi distinción máxima con honores cuando me gradué de periodista, ni mi pasada por Estados Unidos o que me haya ganado una beca Fullbright. Todas esas experiencias sólo nutren mi capacidad para hacer el camino del emprendimiento, el personal, el audiovisual y el musical. Mi camino se transformó en hacer camino al andar, textual.

 

A PORRAZOS

 

Hace algunas semanas, David dio una entrevista a un vespertino que tituló ‘Agradezco a todos los que no me dieron una oportunidad laboral’. Sonaba como un reflejo de todo el proceso que él mismo describe. Pero lo cierto es que a él le molestó.

 

“Primero, porque la cita se completa con la frase ‘porque de haberlo hecho jamás habría llegado a encabezar un proyecto como este’ y eso tiene que ver con lo que dijo Steve Jobs en uno de sus discursos más famosos, en que habla de las dificultades, de los problemas y los porrazos. Es dar las gracias porque eso me obligó a permanecer en este camino y desarrollar el proyecto en el que estoy ahora, que es una súper película, una producción a gran escala. A pesar de que pasaron cosas malas, esas permitieron que pasaran cosas buenas. No es una frase feliz para Chile, porque en Chile todo se malinterpreta y yo debería haber tenido más cuidado en lo que estaba diciendo y en cómo lo estaba diciendo. 

 

¿Eres una prueba viviente de que a porrazos se aprende?

Que alguien pase con roja y te arrolle es un porrazo, que te golpea y te tumba. Pero recuerdo que lo sentí como un desafío del universo; pude descubrir y reconocer mi propia fortaleza y voluntad. Estoy dispuesto a aprender, todos los días, algo nuevo de esta situación que me ha puesto en una condición física distinta. Y también del entorno, porque aprendes cómo la sociedad se comporta, y aprendes a experimentar la frustración y el dolor que produce el rechazo. Preferiría no sentirlo, sin duda, pero de que se aprende, se aprende. No somos una sociedad solidaria. Nos gusta jugar a decir que lo somos, usamos como ejemplo la Teletón o las campañas de recolección de dinero cuando hay una catástrofe natural. Pero cuando tú recolectas ese dinero solidariamente, ¿llegas a la gente que lo necesita? ¿Se pone en práctica? ¿Se resuelven los problemas?... considero que no somos una sociedad solidaria. Nos gusta jugar a decir que somos responsables, que somos rigurosos. Nos gusta jugar a decir que somos lo que no somos.

 

¿Qué queda de tu pasada por Estados Unidos? ¿Por qué no fue como el sueño americano?

Tengo que partir diciendo que fui feliz. Para mí era un sueño de toda la vida; me preparé mucho para ganarme la beca. Postulé tres veces y cuando gané estaba alucinado. Pero me encontré con un Estados Unidos tremendamente hostil, discriminador y segregador. Yo era, lejos, el alumno con más experiencia, pero mis compañeros no querían trabajar conmigo. Para hacer mis producciones tuve que contratar gente y eso hacía todo más caro. No es agradable sentir que te rechazan, que no quieren trabajar contigo, pero de todas formas lo logré, saqué el magíster y me volví a Chile con una frustración muy profunda y me costó adaptarme de vuelta, sacarme la pena y la rabia. Pero aprendí mucho sobre mí en soledad, en incertidumbre… aprendí de excelentes profesores, bibliotecas, videotecas, de charlas; aprendí de ser montajista, de meterme a la tecnología y a las máquinas, de hacer clases. Estados Unidos modeló el profesional que soy hoy día.

 

A pesar de que tienes movilidad reducida, manejas, diriges y, además, cantas. Cuéntame un poco de esa faceta rockera.

Yo cantaba antes del accidente y pensé que nunca más lo iba a poder hacer, que no podría manejar la respiración y la potencia vocal. No canté durante doce años, hasta que fui a un concierto de una cantante que había comenzado cantando en la calle… y dije: si ella pudo, yo también. Empecé a tomar clases, me esmeré y me apliqué. Esta faceta rockera se suma a la cinematográfica, que son complementarias, porque son artísticas. Aquí lo que importa es hacer la música, y que la música se defienda por sí sola. Mi objetivo personal más profundo es ser un artista industrial, o sea, crear productos artísticos masivos. Creo que existe un público para lo que hago.

 

PACTO DE FUGA

 

¿Qué queda del David de Perspecplejia?

Queda la fuerza, la motivación, el entusiasmo. La convicción intrínseca de que, después del accidente, elegí quedarme vivo. Quedan todas las ganas de hacer cine, de trabajar con más gente, la metodología, la rigurosidad que desarrollé para llevar mi discapacidad. Vivir con ella. Del realizador queda el entusiasmo por querer hacer más, pero mis conocimientos se han ampliado muchísimo. Lo sigo disfrutando y lo sigo sufriendo como antes, todos mis procesos creativos son muy sufrientes, pero es la única manera que tengo de crear.

 

Pacto de fuga es la historia de una de las fugas de la cárcel pública, trabajas con grandes cadenas y un elenco de primer nivel. ¿Es el gran salto de tu carrera? 

Es mi primer largometraje de ficción. Es el gran salto de mi carrera… espero que lo sea y que nos abra puertas para seguir haciendo otras películas. Estamos llenos de proyectos y queremos que este sea el primero de muchos. La historia me atrajo desde el comienzo, desde 1990. Ganamos CORFO y empezamos a desarrollar el proyecto, teniendo el primer draft del guion, el primer borrador. Yo partí en marzo del 2013, encargando la investigación a una amiga historiadora. Han pasado cuatro años y ocho meses y en el transcurso fui sumando más personas, configurando un equipo de excelencia, no sólo técnico, sino también de producción ejecutiva, e involucrando, finalmente, después de ganar el fondo audiovisual, a un fondo de inversión privado; porque esta es una película que, en un noventa por ciento se financió por esa vía. Para eso tuvimos que convertirla en un producto y venderlo como una oportunidad de negocio.

 

¿Cuáles son tus expectativas para esta película?

Creo que las que podría tener cualquier director. Quiero que la película se vea. Que la gente interprete lo que quiera, que se identifiquen con los personajes que quieran. Es una película que busca entretener, pero también llevarte a reflexiones mucho más profundas. La historia es apasionante y tuvimos que adaptarla cinematográficamente. ¿Cuánto éxito puede tener? Primero hay que hacerla, y hacerla muy bien. Después, promocionarla de manera correcta en Chile y en el extranjero. Creemos que es una historia transversal, que no es sólo para chilenos. Todo el equipo espera que esta película nos permita abrir el camino y facilitar las siguientes historias que queremos contar.

 

“Si hiciera noticia por estar en silla de ruedas sería un aburrimiento espantoso y una demostración de ceguera mediática. Voy a cumplir quince años en esta silla y durante todo ese tiempo me he esmerado en ser un profesional más allá de eso, porque, además, la silla no es la discapacidad, sino que el vehículo que la resuelve”.

“Estoy dispuesto a aprender, todos los días, algo nuevo de esta nueva situación que me ha puesto en una nueva condición física. Y también del entorno, porque aprendes, también, cómo la sociedad se comporta, y aprendes a experimentar la frustración y el dolor que produce el rechazo. Preferiría no sentirlo, sin duda, pero de que se aprende, se aprende”.

“Me encontré con un Estados Unidos tremendamente hostil, discriminador y segregador. Mis compañeros no querían trabajar conmigo. No es agradable sentir que te rechazan, que no quieren trabajar contigo, pero de todas formas lo logré, saqué el magíster y me volví a Chile con una frustración muy profunda y me costó adaptarme de vuelta, sacarme la pena y la rabia”.

“Quiero que la película se vea. Que la gente interprete lo que quiera, que se identifiquen con los personajes que quieran. Es una película que busca entretener, pero también llevarte a reflexiones mucho más profundas. La historia es apasionante y tuvimos que adaptarla cinematográficamente. ¿Cuánto éxito puede tener? Primero hay que hacerla, y hacerla muy bien”.

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