Tell Magazine

Columnas » Archivo Histórico

EDICIÓN | Diciembre 2017

Las transgresiones a la ley en la región de La Serena y la pena de muerte

Hernán Cortés Olivares. Académico e Historiador Universidad de La Serena.
Las transgresiones a la ley en la región de La Serena y la pena de muerte

El puerto de Coquimbo, hacia 1835 mantiene las características coloniales de una rada para acopio de agua y víveres para las embarcaciones a la vela que trafican por la costa del norte llevándose los minerales de plata, cobre y oro, hacia el puerto mayor de Valparaíso. Hasta este enclave estratégico del Mar del Sur distribuyen a toda la región del norte, las mercaderías para una población extranjera que migra desde Inglaterra, Alemania, Francia, España y Estados Unidos.

Es un paisaje social variopinto e internacional, las placillas y puertos, congregan una abigarrada población venida de todas las provincias de Chile, más el altiplano de Perú y Bolivia y las provincias Argentinas. Todos  buscan una oportunidad para enriquecerse rápidamente, ya sea como peón-gañán, arriero, traficante de ganado, comerciante de toda suerte de herramientas mineras o bien propietario de un ventorrillo de comidas aparejada a una fonda o pulpería para jugar al Monte o a los dados. El puerto y la Mar ofrecen oportunidades de trabajo, sea como dueños, maestres o capitanes de lanchas y barcas de pequeño calado.

Una de estas barcas es “Nuestra Señora María del Rosario de Andacollo”, perteneciente a un francés avecindado en La Serena y con una tripulación de cuatro hombres, dos de los cuales son originarios de Cobija y dos de Coquimbo. En 1835, el giro de su negocio es el transporte de pacotilla a lo largo de toda la costa desde Valparaíso hasta Cobija. También son hábiles pescadores de congrios y corvinas para elaborar charqui seco, de gran valor en las minas. La caza del chungungo y de lobos marinos por la piel y el aceite, se suman al negocio. La vida es sacrificada, sin embargo, las ganancias son buenas pero la acumulación de un pequeño capital por parte del Capitán atrae la codicia de un marinero llamado Isidro Velásquez.

En el trayecto, el capitán francés decide anclar en la playa de El Nido, al sur de Cobija y al norte del Paposo, y mientras sus hombres iban en busca de leña, dos marineros lo sorprendieron mariscando y comiendo erizos, dándole muerte con un palo y de cuchilladas para luego lanzarlo al mar. Al volver a juntarse con los dos marineros de Coquimbo les explicaron que el capitán se había ahogado. De regreso al puerto de Paposo, sobreviene un violento temporal que hace zozobrar la barca debiendo  retornar por el desierto. Sus declaraciones plagadas de contradicciones entre unos y otros despiertan las sospechas del alcalde de puerto, quién les pone prisiones o grillos e informa al subdelegado de Copiapó.

Durante el proceso judicial queda claro que “el alevoso asesinato del ciudadano francés” debe ser castigado con la pena de muerte y así los condena la Corte de Apelaciones de La Serena. Los abogados defensores presentan un recurso de anulación ante la Corte Suprema, pues el verdadero asesino se había fugado al Perú o a Bolivia, al faltar las prisiones en la cárcel de Copiapó, además alegan que a su defendido Juan Zepeda: ”los jueces sin conocimiento alguno del Derecho  lo sometieron a tormento”. Piden conmutar la pena de muerte por trabajos forzados por un período de cinco años, pues su único delito fue apoderarse de parte de los bienes y dineros que robaron y que todos compartieron.

La Corte Suprema de Santiago, implacable dicta sentencia el 3 de Diciembre de 1836, transcurridos dieciocho meses después del asesinato ocurrido en Julio de 1835, y dice: “condenamos como asesinos alevosos a la pena ordinaria de muerte que se efectuará en los lugares públicos y acostumbrados de la Villa de Copiapó y con la declaración que deben ser arrastrados desde la cárcel hasta el patíbulo…y que después de ejecutados se fijen sus cabezas en picotas a inmediaciones del mar en el puerto de Copiapó (Caldera). La ejecución se lleva a cabo a las seis de la tarde del día viernes 30 de diciembre en la plaza principal para ejemplo y temor de la población, pero el instigador y ejecutor directo está libre.

 

Otras Columnas

Volare
TV
Cielo de verano
Astronomía
Bar Capital
Rodrigo Barañao
Navidad asiática con sabor a pistacho
Asia Dónde Vamos
Una pareja imposible
Presta Oído
ESPERANZA
Monocitas
» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación1+5+2   =