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EDICIÓN | Diciembre 2017
Asia

Iván Turguéniev (Oriol, 1818 – Bougivil, 1883) se crió en una familia tan acomodada como infeliz. Su infancia marcada por una madre dura y un padre ausente determinó el carácter pesimista de su obra, donde no hay finales felices. Luego de estudiar literatura y filología en la Universidad de Moscú y luego en la de San Petersburgo, partió a la Universidad de Berlín, donde estudió historia y filosofía. Allí se deslumbró por la cultura centro europea y se convirtió en el más occidentalizado de los grandes escritores rusos del siglo XIX. Se opuso así a los dos titanes pro eslavismo. Con Tolstoi tuvo una compleja relación. En 1861, este incluso lo retó a duelo. Dostoievski, por su lado, lo parodió en su novela El jugador, y luego lo alabó en su famoso discurso de homenaje a Pushkin. Su obra completa no es tan amplia, pero contempla obras de valor universal. Diarios de un cazador, por ejemplo, es una de las grandes obras del siglo XIX. Se dice que fue determinante en la decisión de Alejandro II de emancipar a los siervos y, con ello, terminar con el vasallaje en el imperio ruso.

Esta breve novela cuenta la historia de un joven ruso acomodado que recorre Europa buscando emociones que le devuelvan la alegría perdida por un amor fallido. En eso conoce a una joven muchacha que, en lugar de llamarse Ana, se llamaba Asia. El autor se vale de su reconocida capacidad para crear personajes magistralmente construidos en entornos pastoriles. Pero la historia es solo un pretexto para el virtuosismo lírico del autor. Cada párrafo está escrito de tal manera que no sobra ninguna palabra y es difícil concebir una mejor manera de expresarse. 

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