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EDICIÓN | Noviembre 2017

RUTA DE SABORES

La Ruta Gastronómica de Pichilemu

Estuvimos en Pichilemu recorriendo los mejores restaurantes de la zona. Un lugar que se ha vuelto un imperdible del turismo nacional e internacional gracias al surf. Por lo mismo, la oferta gastronómica es amplia y, de seguro, satisface los más exigentes paladares. Si va a la costa de la Región de O’Higgins, no se pierda los siguientes recomendados.

Por María José Pescador D. Fotografías Francisco Cárcamo P.

“La capital mundial del surf”, es el eslogan con que se ha hecho famoso Pichilemu. Reconocidas son sus playas perfectas para practicar este deporte. Debido a esto es que el turismo se ha ido acrecentando. Aquí viven unas veinte mil personas, pero en verano, la estancia sube a ochenta mil. Por lo mismo, la gastronomía y la hotelería del lugar han ido creciendo a pasos agigantados, y hoy podemos encontrar restaurantes con una cocina de lujo.

 

LA VIEJA RICA

 

Así se llama el plato estrella del restaurante del hotel Alaia, que consta de un pescado llamado vieja, que es de roca, ya que vive dentro de cuevas y se caza con arpón. Un ejemplar puede llegar a pesar veinte kilos. Aquí lo sirven asado con un cremoso de almendras, con habas salteadas en aceite de ajo y perejil, en una reducción de vinagre traído de la Peña Blanca.  

 

“La carta está diseñada sobre la base de productos locales. Nuestra idea es llegar a que esta sea ciento por ciento hecha con productos de acá. Tenemos locos y pescados que son arponeados por pescadores del sector, además de quínoa, sal de Cáhuil, y cordero de Pumanque...”, cuenta el chef Pablo Segovia.

 

También probamos un tiradito de bilagay acompañado con cítricos, encurtidos, crutones, papa camote y ají verde. “Este es un pescado de estructura bien firme, con un sabor bastante persistente”; el garrón de cordero de Pumanque se cocina al vacío por doce horas con aceite de oliva, ajo, y unos trozos de cacho de cabra. Se sirve con un cremoso de chuchoca y un mix de setas con callampas de pino.

 

Todos estos platos pertenecen a la nueva carta del restaurante, creada íntegra por su chef, y en donde también hay pasta fresca con locos; rissotto de champiñones y espárrago verde; caldo de congrio; arroz con pulpo asado y crujiente de panceta de chancho; mero con papas chilotas confitadas; curanto en olla; ensalada fría de quínoa, entre otros…

 

 

SLOW FOOD

 

En castellano se le dice. “comida lenta”. Este es un movimiento que nació en Italia y pretende promover las tradiciones culinarias de las zonas. Va dedicado a los paladares exigentes y a la alta gastronomía, y su símbolo es el caracol, ya que los platos tienen una preparación lenta y ardua.

 

Este es el lema de La Loba, restaurante que obtuvo el premio a la excelencia, el 2015, en Tripadvisor. Es una construcción sencilla de madera, pequeña, en donde se privilegia la vista al mar. Este lugar acogedor es reconocido por los amantes de la buena mesa. Su dueña es Leonor, quien dice que le puso La Loba, porque así la llaman a ella... En su carta se lee: “estamos intentando cada día seguir las pautas de este concepto gastronómico que, en lo medular, está asociado a una vida sana y natural, contribuyendo al desarrollo local”.

 

Aquí se privilegian las yerbas y vegetales frescos preferentemente orgánicos; no hay bebidas colas ni de fantasía, sólo jugos de fruta natural (no de pulpa), limonadas de limón sutil y sal de Cáhuil “Los Cisnes”, que tiene denominación de origen y resolución sanitaria.

 

Probamos el atún encostrado en almendras y pistachos, y el filete relleno en queso Filadelfia, rúcula y jamón serrano, en reducción de sus jugos al oporto con puré de habas, y un mix de verdes orgánicos con dressing especial.

 

La carta es extensa y variada y se divide principalmente en los Fondos de Mar, en donde resaltan la jaiba estilo thai, el pulpo al olivo, y el risotto sepia con calamares grillados. Y luego en los Fondos de Tierra, con la plateada al jerez con cebolla roja caramelizada al merlot y humita en olla.

 

 

LA SAL

 

Este es el nombre de una nueva propuesta que se acaba de instalar en Pichilemu. Aquí llama la atención la delicada decoración. Es una casa antigua, pintada completamente de blanco por dentro y por fuera, en donde resalta su mobiliario colorido. Tiene un gran salón con chimenea y una barra, pero lo que más impresiona es su terraza, la que pareciera flotar sobre las mismas rocas y el mar, ya que la construcción está emplazada en primerísima línea de la costa.

 

Sus dueños son Patricio Letelier y la chef del lugar, Daniela Abbate, quien cuenta: “La Sal quiere ser un lugar para que la gente venga a gozar de esta naturaleza, de la riqueza de los productos extraídos del mismo mar, en un ambiente relajado y buena onda. Queremos contribuir para que Pichilemu sea un lugar de encuentro cultural y gastronómico. La Sal es pureza, limpieza, mar, vida y abundancia. Nuestra cocina es gourmet, con ingredientes simples, pero pasan por un estándar de alta calidad al momento de prepararlos”.

 

Este es el único lugar de la zona que posee un acuario con ostras. Probamos el ceviche del día con leche de tigre; el pulpo a la plancha con salsa india, acompañado de papas bouchon; y el atomatado picante, que es pescado a la plancha con salsa roja, chorito regional, palta, arroz basmati y sésamo. Otros que destacan en la carta son el rollo verde thai de camarón; la hamburguesa de jaiba con salsa horse radish, cole slow, tomate y pepino; la quínoa coco curry, y el caldillo de roca.

 

LA BUENA MESA

 

Buda es el nombre de esta nueva apuesta. Sus dueños, Marcelo Fuentes y Claudia Salgado (matrimonio). Ambos, y junto a sus tres hijos, decidieron dejar la agitada vida de la ciudad para irse como plan familiar a vivir a Pichilemu hace tres años. Hoy, entre sus proyectos, está el recién inaugurado restaurante, instalado en una antigua casona del centro, la que a su vez hace de hostal boutique. “Esta es una empresa familiar, que ha sido el resultado de mucho trabajo”, cuenta Marcelo.

 

El restaurante tiene una decoración que va de la mano con su nombre, es relajado, integra distintas esculturas de Buda, sillones de pallets con cómodos cojines, paredes revestidas con respaldos en capitoné, mesas que son trozos grandes de troncos, una terraza con árboles, la barra, y un espacio en donde exponen obras de autores locales. La música: electrónica.

 

Aquí hay una carta abundante y un menú diario. Probamos el atún rojo encostrado con diferentes tipos de sésamo, con hojas de kale salteada, acompañado de puré de zanahorias glaseadas y aliño oriental; los ravioles en masa de cacao, rellenos de hongo champiñón y queso con salsa de puerros, y el lomo vetado a la plancha. En su carta, además, destacan el mero a la plancha; los mariscos a la provenzal, y los sorrentinos en masa de betarraga y el exquisito volcán de chocolate. Cabe destacar que en este restaurante todos los platos vienen con su maridaje, y el sommelier es el destacado Marcelo Pino. El equipo lo componen la chef mendocina Mariana Toledo, la sommelier Leticia Orozco, y Renata, la hija del matrimonio que se encarga de la barra. “Nosotros tenemos una gastronomía de productos estacionarios. No me gusta definir la carta, ponerle un concepto. Lo que sí, trabajamos con productos locales y cada tres meses cambiamos la carta”, dice la chef.

 

 

EL TOQUE BELGA

 

A orillas de la playa, en una cabaña de madera, está la famosa Wafflería de Patrice Pierre, un belga que se instaló hace años en Pichilemu y que tenía en su sitio varias cabañas para arrendarles a los turistas, las que con desaparecieron el tsunami. Fue entonces cuando decidió levantar una wafflería, originarias de su país. Hoy el restaurante es un éxito y ha crecido, tanto en instalaciones como en su carta.

 

A pesar de que los waffles aquí se conocen como postres dulces, en este lugar los hay también sin azúcar y salados. Hay dos tipos de masas para los dulces, los Waffles de Bruselas, cuya masa tiene cero por ciento de azúcar y se describe como esponjosa, con una textura exterior crujiente. Y la masa de los Waffles Liegue, más compacta y con una mezcla de sabores que van desde la miel hasta el azúcar belga. Y en los salados, las masas de dividen en Salado y Papas Ciboulette. La primera lleva especias y la segunda es preparada a base de puré de papas naturales.

 

Aquí probamos el waffle con filete de salmón a la mantequilla, y el waffle con frutas de la estación, que tiene salsa de sabores y crema chantilly. En la carta destacan, además, el waffle con filete de pollo grillé y risotto de camarones, el de jaiba gratinado, además de la trilogía hecho con chocolate blanco, leche, negro y chantilly, y el que tiene banana Split, salsa de sabores, nueces, chocolate y manjar.

 

 

NUESTRO DATO

 

Hotel Alaia

Camino a Punta de Lobos 681, Pichilemu

www.hotelalaia.com

 

La Loba

Parcela 29, playa Punta de Lobos, Pichilemu

 

La Sal

Costanera 1211, Pichilemu

 

Buda

Av. Daniel Ortúzar 661, Pichilemu

 

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