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EDICIÓN | Noviembre 2017

DERRIBANDO ESTEREOTIPOS

Karin Saavedra, ingeniero aeroespacial
DERRIBANDO ESTEREOTIPOS

Es la primera mujer chilena titulada de la carrera de Ingeniería Civil Aeroespacial en Chile. Además tiene un magíster y doctorado de la Universidad École Normale Supérieure de Cachan en París. Hoy es docente e investigadora de la Universidad de Talca, y acaba de ser seleccionada como una de las tres finalistas en el Premio InspiraTEC 2017, otorgado por la Subsecretaría de Economía.

Por Bernardita Watkins V. / Fotografía: Francisco Cárcamo.

Oriunda de Nercón, Chiloé, Karin (33), casada y madre de dos hijos, es la mayor de tres hermanas. Hija de una kinesióloga y de un profesor de educación diferencial, creció alejada de la televisión, libre de estereotipos y con una educación flexible. Su inclinación por las ciencias y las matemáticas se dejaron ver a temprana edad. En su casa la lectura era un hábito, a su disposición había libros de biología, pintura y por alguna razón, que hasta el día de hoy desconoce, había un libro de programación que llamó su atención. “Ese fue el comienzo, así empezó todo. Además me regalaron un Atari y me encantó; a los diez años programé las primeras cosas, colores, música... Me fascinó ese mundo y desde entonces supe que quería ser ingeniera”.

Por eso cuando planteó que estudiaría ingeniería aeroespacial, una carrera más relacionada al mundo masculino, no fue sorpresa para sus padres.

 

¿Por qué decides estudiar ingeniería aeroespacial?

Quería programar y me pareció una excelente opción. Fui explorando y me gustó.

 

¿Qué hace un ingeniero aeroespacial?

Puede diseñar, mantener o regular el funcionamiento de aviones, cohetes, globos aerostáticos u objetos que estén en el aire. Hay harto campo; la gente cree que sólo tenemos trabajo en la Nasa (National Aeronautis and Space Administration), pero no es así. Tengo colegas en el área de mantenimiento de una línea aérea, en la Empresa Nacional de Aeronáutica, en la Fuerza Aérea, en el sistema que hace las operaciones de los satélites, en empresas privadas de helicópteros… Otros vuelan, otros trabajan como ingenieros mecánicos y, finalmente, otros nos dedicamos a la investigación y a la docencia.

 

INVENTOS MÁGICOS

 

A los diecisiete años comenzó su propio camino en Concepción, donde estudió ingeniería civil aeroespacial, convirtiéndose en la primera mujer en Chile que obtuvo este título. El año 2006 fue becada por la École Normale Supérieure de Cachan en París, donde primero realizó el magíster “Técnicas Avanzadas en Cálculo de Estructuras” y posteriormente un doctorado en Ingeniería Mecánica. 

 

Estando en Francia, tuvo oportunidad de trabajar en un equipo de investigadores que colabora con programas de la Comunidad Europea, Airbus y la Agencia Espacial Europea, relación laboral que mantiene hasta hoy, desempeñándose como docente e investigadora de la universidad de Talca.

Además realiza investigación a través de proyectos nacionales e internacionales, financiados principalmente por Conicyt (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica). Mientras realicé el doctorado, participé en un programa internacional europeo para fabricar una parte de un avión y después de regresar a Chile, he continuado colaborando con Francia, postulando a distintos proyectos con el apoyo de quienes fueron mis profesores. Paralelamente, han venido estudiantes de magíster a trabajar conmigo”.

 

Cuéntame sobre los proyectos en los que has participado 

Formé parte de dos proyectos de investigación de la comunidad europea cuando hice el doctorado. Actualmente participo en dos proyectos de investigación Conicyt con colaboración internacional. He colaborado en tres proyectos de transferencia tecnológica con financiamiento del Gobierno Regional del Maule; participo activamente en el comité científico de congresos nacionales y como profesor colaborador en tres programas de magíster y uno de doctorado de la universidad de Talca y en colaboración con otras universidades. También hago publicaciones en revistas científicas y participo en conferencias.

 

¿Qué desafíos te motivan hoy?

Estoy liderando la creación de un programa de magíster en Ingeniería Mecánica en la Universidad de Talca, lo que implica gestionar capacidades humanas para hacer ciencia y resolver problemas tecnológicos.

 

¿Qué tipo de investigaciones realizas junto a los alumnos? 

He seguido con proyectos ligados a la aeronáutica y siempre trato de que sean aplicados a las necesidades de la región. Por ejemplo, hicimos una prótesis ortopédica con fibra de carbono para personas con discapacidades. Sabíamos de materiales y nos resultó fácil. No es un producto comercializado, pero podría llegar a serlo. Otro proyecto que estamos desarrollando, tiene como objetivo crear pallets con materiales plásticos reciclables.

 

¿Por qué desarrollar estos proyectos?

Ver cómo los alumnos se interesan en crear algo que sirve, los motiva mucho más que pedirles que resuelvan ecuaciones en un computador. A mí me apasiona transferir conocimiento a través de mis investigaciones, llevándolas a productos más aplicados.

 

¿Nunca te ha interesado desarrollar uno de estos productos?

No tengo alma de comerciante, no me interesa generar una empresa, pero si el alumno quiere, puede hacerlo, queda a su disposición. Lo que a mí me hace feliz, es la investigación.

 

GANANDO ESPACIOS

 

Este año, Karin fue seleccionada como una de las tres finalistas en el Premio InspiraTEC 2017, Categoría Profesional, organizado por el Gobierno de Chile, uno de los principales reconocimientos que se entregan a mujeres que aportan a la industria tecnológica nacional, un área de alta empleabilidad, pero donde las cifras de participación femenina son bajas. “De los cien años de Premios Nobel, sólo diecisiete han sido mujeres. Históricamente ha habido pocas investigadoras y una de las principales razones es que debemos decidir entre la maternidad o el trabajo. La única forma de lograrlo es con mucho apoyo familiar. Se ve como un problema de mujeres, pero es también de hombres. Ellos deben tomar conciencia y pelear porque las mujeres tengamos un camino más parejo”.

 

¿Hay suficiente financiamiento para hacer investigación en Chile?

No, muy poco. Es súper competitivo y, por lo mismo, se deben justificar muy bien los beneficios. En este ámbito, como me cuesta compatibilizar mi trabajo con la maternidad, dejo de ser competitiva. Justo en el momento en el que la carrera científica empieza a despegar, llegan los hijos e, inevitablemente, hay renuncias.

 

¿Cómo te afecta eso?

Me enojo, he tratado de hacer llegar mis puntos de vista a quienes eligen los proyectos, probablemente no hay muchas mujeres con hijos realizando investigación en ciencia y peleando este tipo de proyectos conmigo. Lo más probable es que sean hombres, dedicados en un cien por ciento a ello.

 

¿Cómo ha sido para ti desenvolverte en un mundo de hombres?

No he tenido problemas en cuanto al respeto de mis compañeros. Sin embargo, la maternidad ha hecho que me sienta en desventaja frente a ellos. Compatibilizar lo profesional con mi rol de mi mamá ha sido el desafío más grande.

 

¿Te complica mucho?

No, pero me encantaría que fuésemos más mujeres. Uno escucha que es mejor trabajar con hombres porque son menos complicados, pero creo que para pelear temas de género es importante ser más; tenemos que aprender a trabajar hombres y mujeres, el hecho de que seamos más nos ayuda a defender nuestras necesidades, por ejemplo, frente a nuestros hijos.

 

¿A qué dificultades te enfrentas a diario?

Tengo el apoyo de mi marido y de mi trabajo, afortunadamente logro el equilibrio. Sin embargo, como sociedad, estamos al debe con la equidad de género. Algunos hombres tienen la ventaja de que sus mujeres se ocupan de la crianza y me ha costado romper ese estereotipo frente a mamás que tienen esa disponibilidad que yo no tengo. Falta aceptación frente a este otro tipo de mamás que trabajan como yo. Quisiera que existieran políticas que promuevan la vida familiar y te permitan seguir siendo competitiva frente a los hombres. Hoy debes elegir. Se ve como un problema de mujeres, pero también es de los hombres. Ellos deben tomar conciencia y pelear porque las mujeres tengamos un camino más parejo.

 

¿Cómo te has enfrentado a este desafío?

Trabajo la mitad del tiempo como profesora y la otra mitad como investigadora. Cumplo con el horario de mis clases y el resto del tiempo tengo flexibilidad, eso me ha servido mucho.

¿Cuál es tu mayor aspiración como profesional?

Siempre quise ser profesora y luego haciendo el doctorado me encantó la investigación. En la universidad he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas. Me enriquece mucho ver a los alumnos, la mayoría son primera generación de profesionales en su familia y en la medida que avanzan en la carrera van adquiriendo capacidades y competencias. Me apasiona contribuir en la formación de nuevos profesionales.

 

¿Tu mayor aspiración como mujer?

Ser mamá y ver crecer a mis hijos felices y libres de estereotipos. Quiero que mis hijos crezcan sabiendo que no existen esos límites, que persigan sus sueños. Que mi hijo pueda cocinar y hacerse cargo de las tareas de la casa, eso es algo que ven con nuestro ejemplo, en el día a día.

 

“Estoy liderando la creación de un programa de magíster en Ingeniería Mecánica en la Universidad de Talca, lo que implica gestionar capacidades humanas para hacer ciencia y resolver problemas tecnológicos”.

“Ver cómo los alumnos se interesan en crear algo que sirve, los motiva mucho más que pedirles que resuelvan ecuaciones en un computador. A mí me apasiona transferir conocimiento a través de mis investigaciones, llevándolas a productos más aplicados”.

“De los cien años de Premios Nobel, sólo diecisiete han sido mujeres. Históricamente ha habido pocas investigadoras y una de las principales razones es que debemos decidir entre la maternidad y el trabajo. La única forma de lograrlo es con mucho apoyo familiar”.

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