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EDICIÓN | Noviembre 2017

RECONOCER PARA CRECER

Isidora Undurraga, directora de Avonni
RECONOCER PARA CRECER

La innovación y el emprendimiento son conceptos que cada día se escuchan con más fuerza en nuestro país. Isidora lo sabe y trabaja día a día en buscar nuevas ideas y, sobre todo, en premiar a las mejores. Siempre con una máxima: la innovación no es una buena idea, sino que todo lo que pasa después.

Isidora Undurraga, directora de Avonni

“Innova y dale una vuelta… el resultado es Avonni”. Esa es la presentación que Isidora nos hace para entender la génesis de este reconocimiento, que ya lleva diez años premiando emprendimientos en Chile.

 

Parece demasiado joven para tener encima la responsabilidad de dirigir esta empresa desde hace casi una década, pero de inmediato sorprende su manejo acerca del tema y la pasión que pone en cada una de sus palabras. Instalada en el segundo piso de IF, el centro de innovación ubicado en Avenida Italia, Isidora relata la historia de este premio. Y de pasada la suya.

 

Historiadora de profesión, llegó a esto después de dar algunas vueltas. Siempre le interesó el comportamiento humano, pero como no encontraba un campo laboral a su medida, partió a Australia a buscar su destino. “Me fui con una visa Working Holidays y terminé en una empresa de ingeniería hidraúlica. Eso me sirvió para entrenarme en un estilo productivo y volví a Chile en esa lógica, muy metida en temas de calidad de vida, en la forma de trabajar, en cómo se comunicaban. Entré a una consultora de branding, con un proyecto para vender tendencias a las marcas… estuve siete meses ahí, pero realmente no pudimos encontrar mercado para hacerlo”, recuerda.

En ese momento se planteó la disyuntiva: o encontraba algo o partía de nuevo. Comenzó a buscar consejos de distintas personas, a conversar con gente que podía guiarla, hasta que llegó donde Raúl Rivera, presidente de la Fundación Foro Innovación, quien le contó de la existencia de Avonni y le pidió que lo ayudara en la “cacería” de casos.

 

Los premios Avonni surgieron en 2007, de una conversación más bien informal entre Rivera, el entonces Ministro de Economía Alejandro Ferreiro y Daniel Fernández de TVN. Él ya había hecho un diagnóstico de que existían cosas increíbles hechas en Chile y que la gente asumía como extranjeras y la duda estaba dando vueltas: ¿cuáles son las primeras barreras para el apoyo a la innovación? “La primera, y más obvia, es que nadie hablaba del tema y este se concentraba en laboratorios o espacios muy técnicos. La segunda, es que quienes la hacen están muy encerrados. Por lo mismo, lo que más se necesitaba era abrir puertas, mostrar caminos y hacer ruido”, explica Isidora. En ese momento, la fundación se comprometió a hacerse cargo de la administración, el ministerio comprometió patrocinio y TVN puso el lugar. Avonni era una realidad.

 

¿Por qué crear un premio?

Más que un premio, es el reconocimiento, ser ‘el mejor de…’. El 2009 entró el diario El Mercurio para ayudar a visibilizar a los ganadores y, además, ayudó a definir las categorías que existen hasta hoy, e incoporamos áreas como recursos naturales, minería, salud y diseño.

 

Hace diez años no era lo mismo hablar de innovación que hacerlo hoy…

Hay un ejemplo que a mí me encanta. Cuando llegué me empecé a meter en el premio, en las bases, en la administración, en la operación y propuse cambiar el galvano que se entregaba por un diseño nuevo. Fui donde Raúl y le mostré una caja con una ampolleta adentro y él me dijo algo que nunca más se me olvidó: "innovación no es una buena idea, no es ser creativo desde la lógica inspirarse. Innovación es todo lo que pasa después y tiene que ver con el proceso y la creación de valor”.

 

Porque buenas ideas hay muchas…

Y también gente creativa e ingeniosa. Es increíble la cantidad de inventos chilenos que se patentan, pero no sabemos si son viables económicamente o si detrás hay un modelo de negocios. Hace diez años había dos mundos: el de quien sabía de innovación y entendía todo esto y el del ser creativo.

 

¿Y hoy?

Creo que se han ido cruzando las dos vertientes. Del blanco y negro hemos pasado a algunos grises. Falta, pero ya vemos que las universidades han empezado a generar mallas cruzadas para que, por ejemplo, los ingenieros puedan tener ramos de diseño.

 

¿Cuál es la gran barrera para innovar?

Mentalidad, ciento por ciento. Y eso es transversal. Yo al principio pensé que había algo con el chaqueteo, pero eso existe en todas partes, no es solamente chileno. Hay temor a atreverse. Pero es curioso, porque a la gente le da miedo innovar, pero también le da rabia no ganar buen sueldo… entonces no me queda claro dónde está inserto el costo oportunidad que la gente tiene en la cabeza para no atreverse.

 

 

EMPRENDER E INNOVAR

 

“Uno puede emprender sin innovar, pero no se puede innovar sin emprender. Y si emprendes y no eres innovador, seguramente vas a durar hasta que aparezca la competencia y te obligue a generar valor y diferenciarte o simplemente desaparecer”, explica.

 

Innovar va mucho más allá de la tecnología o la aplicación para el celular…

Lo que nosotros buscamos es innovación disruptiva, porque acá hay mucho más del tipo incremental. Te explico la diferencia entre ambas a través de un ejemplo: una persona tiene un terreno y quiere construir un edificio. Pero se da cuenta de que hay mucha competencia y que tiene que generar más ventas que el resto. ¿Qué hace? Inventa una laguna gigante y con eso crea un nuevo rubro, algo que antes no existía. Eso pasó en Chile y por eso me encanta citarlo, pero también podría ser un Iphone… algo que quizás no necesitabas. La disrupción tiene que ver con creación de rubros nuevos, mientras que lo incremental tiene que ver con pasar del auto X al auto X1, es mejor, pero sigue siendo un auto.

 

¿Hay sectores que son más innovadores que otros en Chile?

La disrupción cuesta encontrarla, en todos los rubros. Al parecer, en la minería hay bastante pero no está transparentado, no se patentan. En recursos naturales también hay cosas muy buenas, en agronomía, salmones o la industria forestal… si hablamos de disrupción, aparte de Crystal Lagoon, yo destacaría en el último tiempo a The Not Company, que podría generar un quiebre en el marcado, por su estructura y su mirada global. Alto, la empresa de seguridad, también ha hecho cosas muy innovadoras en que ha logrado adecuarse al comportamiento de los ladrones y generar soluciones particulares.

 

¿Falta innovación en los grandes temas, como educación, vivienda o salud?

Creo que sí y creo que es porque son los temas que pegan directo a la gente. Hay soluciones que buscan remediar ciertos temas, pero son pequeñas y se entrampan en la burocracia. Porque las trabas existen, son reales… a veces uno es más soñadora y cree que un innovador debiera ser capaz de superar todos esos problemas… el mismo Fishman, de las lagunas, seguro que muchos le cuestionaron que hiciera una laguna a la orilla del mar…

 

¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad en las trabas burocráticas?

Yo diría que ochenta de realidad y veinte mito. Es que creo que por tratar de posicionar la innovación, la hemos simplificado. Esto es un proceso y tiene muchas aristas, no hay fórmulas. La innovación disruptiva nace cuando hay conocimiento y cada vez hay menos personas expertas en un tema. La gente siempre cree que le van a copiar la idea, pero yo pienso que si una idea no es lo suficientemente fuerte la van a copiar igual o nadie más va a hacer un mejor diagnóstico que alguien completamente empapado del tema.

 

TODOS JUNTOS

 

¿Hay colaboración a nivel estatal? ¿Corfo, por ejemplo?

Sí, liderado por el laboratorio de Gobierno, una institución dependiende del Ministerio de Economía que busca fomentar la innovación interministerial y en los distintos sectores. La innovación siempre está ocurriendo, pero no se conoce y muchas veces hasta quienes la hacen no saben que están innovando.

 

¿Qué es exactamente innovar entonces?

 Es la puesta en marcha de tu idea con éxito demostrado.

 

¿Existe innovación en todo ámbito? ¿Incluso en lo social?

Sí, pero en nuestra región no existen casos de innovación muy potentes en ese sentido. En el mundo, por ejemplo, está Gunter Pauli y su Blue Economy que, por ejemplo, tiene proyectos de reforestación en Colombia basados en economía circular, en que le da una vuelta a esa tierra muerta y la convierte en un activo económico, además de devolverle la vida. Y sin impacto negativo. Porque la innovación social tiene que generar ganancias, no puede ser asistencialista.

 

Da la sensación de que las grandes empresas, las multinacionales, son las que tienen plata, e involucran recurso y energías en innovar…

Sí, pero nos cuesta mucho llegar a ellos, no postulan al premio por falta de tiempo, no hacen el proceso de llenar el formulario… porque acá el proceso es igual para todos.

 

¿Hay historias de Avonni que recuerdes especialmente?

Imagínate, son todos los días... Tenemos ciertos hitos, como habernos transformado en un premio nacional y traspasar tres gobiernos, porque independiente del color político, hay gente que sintoniza y entiende el valor de reconocer. La premiación anual es una inyección de energía, de sentir que vale la pena, de que hay que seguir.

 

“Es increíble la cantidad de inventos chilenos que se patentan, pero no sabemos si son viables económicamente o si detrás hay un modelo de negocios. Hace diez años había dos mundos: el de quien sabía de innovación y entendía todo esto y el del ser creativo”.

“Uno puede emprender sin innovar, pero no se puede innovar sin emprender. Y si emprendes y no eres innovador, seguramente vas a durar hasta que aparezca la competencia y te obligue a generar valor y diferenciarte o simplemente desaparecer”.

“Por tratar de posicionar la innovación, la hemos simplificado. Esto es un proceso y tiene muchas aristas, no hay fórmulas. La innovación disruptiva nace cuando hay conocimiento y cada vez hay menos gente experta en un tema”.

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