Tell Magazine

Entrevistas » Mujer

EDICIÓN | Noviembre 2017

El lente de una millennial

Carmen Cabezas, abogada y fotógrafa
El lente de una millennial

Mientras estudiaba Derecho, de lunes a viernes, ese era su mundo. El fin de semana dejaba las leyes y los códigos para retratar con su cámara manos, rostros y expresiones. Las redes sociales se convirtieron en su mayor vitrina y la llevaron por un rumbo impensado. Un camino exitoso, libre, del cual afirma con certeza: “aunque me titulé de abogada y soy fotógrafa autodidacta esto no es un pasatiempo, es mi trabajo, mi pasión”.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U. y gentileza de la entrevistada.

Le fascina la moda y se nota. Luce una polera con mensaje, chaqueta formal, jeans y zapatillas blancas. Un estilo informal que la caracteriza y que a través de sus propias fotografías con distintos outfits y atractivas locaciones, ha ido sumando a miles de seguidores y visitas en su Instagram. Reconoce que, hoy, es su imagen la que acapara la atención en las redes sociales, pues tiene claro que el buen uso de estas ha sido una excelente herramienta para abrirse camino en un rubro que partió tímidamente y como un juego.

 

Sus padres, ambos profesores de Historia y Geografía, siempre tuvieron en casa un cuarto oscuro para revelar sus fotografías y las cámaras fotográficas, en ese entonces, análogas, siempre estuvieron al alcance de Carmen y de su hermana melliza, Paula. “Cuando estaba en octavo básico mi padre llegó a la casa con una cámara digital de 6 mega pixeles. En ese entonces era una gran novedad, pero a mi padre le gustaba más el sistema antiguo y no la usaba mucho. Me adueñé de esa cámara y la llevaba a todas partes. Empecé a encantarme con la fotografía y a captar imágenes de todo”, afirma Carmen Cabezas (27).

 

Al egresar de cuarto medio, su madre le regaló su primera cámara digital réflex. “Era una cámara Canon semiprofesional. Muy amigable y fácil de usar. La tuve cerca de tres años y le saqué el jugo. Después compré una cámara usada a un amigo y cuando mi papá viajó a Estados Unidos, le encargué una Canon 6D, con un lente de cincuenta milímetros uno punto cuatro y un juego de lentes. Fue una inversión importante porque a partir de esto mejoré muchísimo mis fotos”, recuerda Carmen.

 

Amante de las letras, la lectura y con una idea muy clara de la justicia, estudió Derecho en la Universidad Católica del Norte, en Coquimbo, y hace un poco más de dos años se tituló. “Siempre fui bien aplicada, nunca reprobé un ramo porque sabía cuáles eran mis responsabilidades durante la semana como estudiante de Derecho. Los fines de semana tomaba mi cámara y me dedicaba a la fotografía. La verdad es que nunca imaginé que esa camarita que me había regalado mi madre se transformaría en mi fuente de trabajo mientras estudiaba”, señala.

 

¿Cómo fue el proceso de aprendizaje?

En ese tiempo, con mi amigo Patricio Mercado, quien también es fotógrafo autodidacta, nos juntábamos para tomarnos fotos entre nosotros. Así fuimos aprendiendo, probando y conociendo de lo que éramos capaces, incluso, aprendimos a editar la piel de los retratos que captábamos en nuestras fotografías. Subíamos las fotos a Facebook y comenzaron a hacerse populares entre nuestros seguidores. Además, teníamos nuestras propias plataformas artísticas en Internet y mostrábamos este trabajo, a nivel internacional. Eso fue muy entretenido porque hicimos varios amigos fotógrafos de distintos países y de hecho conocí a algunos cuando viajé a Nueva York.

 

¿Tu trabajo comenzó a hacerse conocido?

A los diecinueve años llegué a tener más de trescientas mil visitas en esta plataforma. Las fotos que subía eran solo retratos. Me encantaba tomar fotos a distintas personas y me enfocaba en sus manos, en sus rostros y expresiones. A la gente le llamó la atención este tipo de fotografías y comenzaron a contactarme. La verdad es que no tenía idea cuánto costaba mi trabajo y creo que al principio cobraba cinco o diez lucas por una foto. Una vez que me pidieron las primeras fotos, se sumaron los amigos, los parientes y así partí…

 

Y luego vinieron los eventos

Aumentó la confianza gracias a la calidad de mis trabajos. Comenzaron a llamarme para matrimonios, ceremonias de bautizo y empecé a trabajar con algunas empresas y con la municipalidad de La Serena. Creé mi fanpage y cuando quise potenciar aún más mi trabajo, las redes sociales comenzaron a tomar más fuerza y eso me ayudó un montón para crear mi propio nicho. La gente no solo veía mi trabajo por las redes sociales, sino que, además, me solicitaba hacer sus fotos para el perfil y una vez que las subían a las redes sociales me etiquetaban.

 

Fiel reflejo de una millennials

Sí. Lo que marcó un antes y un después fue dar un buen uso al Instagram, especialmente para el mundo etario en el que me muevo. Instagram se convirtió en una herramienta súper potente y las empresas lo saben, porque esto genera estadísticas. Cuando egresé de la universidad le di más seriedad a esta aplicación y eso me ayudó a tener mejores propuestas laborales.

 

Las imágenes en esta era digital, sin duda, tienen un gran peso

¡Absolutamente! Para que una empresa marque la diferencia con el resto lo que necesita es una buena fotografía, una imagen de calidad, que sea llamativa y eso es lo que hacemos quienes nos dedicamos a esto y así lo han entendido también las empresas.

 

QUERER ES PODER

 

¿Qué te sedujo de la fotografía?

Existen tantos puntos de vista de algo que resulta entretenido captar lo que más me gusta. Me encantan los desafíos que tiene una foto.

 

¿Pensaste en dejar el Derecho para estudiar fotografía?

No. Me encanta mi carrera y estoy orgullosa de lo que logré como estudiante. Nunca sentí que debía abandonarla porque siempre he sido autodidacta en materia de fotografía. Y es que cuando uno quiere… ¡se puede!

 

¿Pero ejerciste como abogada?

Hice algunas suplencias en el Juzgado de Garantía de Coquimbo y en el Juzgado de Familia, pero como llevo varios años dedicada a la fotografía y con un horario libre, se me ha hecho difícil encontrar un trabajo de abogada que me acomode. Incluso si trabajara como independiente, el derecho es un trabajo de plazos perentorios en el cual debes presentar escritos, comparecer y eso inevitablemente me amarraría al lugar donde se realizan los juicios. Por la fotografía estoy siempre moviéndome entre La Serena, Santiago y la Región de Valparaíso.

 

¿No te pesa haber estudiado cinco años y dedicarte a un rubro tan distinto?

La vida me ha llevado por un camino que jamás imaginé y ¡bienvenido sea! Siento que uno debe aprovechar al máximo las oportunidades que se le presentan y no me arrepiento para nada. La fotografía ha sido un trabajo progresivo que me hace feliz y en el que me ha ido muy bien.

 

LUZ NATURAL

 

Sus cientos de fotografías publicadas en Instagram le permitieron ser conocida por grandes marcas de moda y por empresas nacionales e internacionales. Cuenta con veinte mil seguidores y más de doscientas mil visitas a la semana en esta aplicación. “Hace un tiempo, una importante línea aérea nacional me contactó para que hiciera sus fotos corporativas y, la verdad, es que me llama la atención que habiendo tantos fotógrafos en Santiago me pidan este trabajo a mí que vivo en La Serena”, recalca.

 

¿A qué atribuyes esa preferencia?

Creo que las redes sociales son fundamentales. Yo vendo una imagen y a las marcas les interesa trabajar con eso. En el rubro de la moda no solo les interesa que tome las fotografías de sus productos, lo que les resulta atractivo es que, además, siempre subo las sesiones al Instagram y hago mención de las marcas.

 

¿Y en términos fotográficos, cuál es el sello de Carmen Cabezas?

Siempre me ha gustado la luz natural porque no es invasiva y gran parte de mis fotografías son en exterior. No tengo fotos de estudio y si tengo que usar un flash o una luz externa, debe ser estrictamente necesario. Lo que más atrae es el manejo de los colores, especialmente en los retratos de moda. Mi visión como mujer, en un rubro que está mayoritariamente dominado por hombres fotógrafos, es muy distinto. En lo personal me gusta mucho la moda y sé qué nos queda bien a las mujeres, qué ángulo es el mejor y eso me juega a favor. 

 

¿Ahí estás en tu salsa?

¡Me encanta! ¡Vibro con las sesiones de moda! Trabajo con importantes marcas de joyería, de trajes de baño, con un taller de chaquetas de cuero intervenidas, entre otras. Hace poco estuve en la playa Las Cujas, en Zapallar, e hicimos una tremenda producción para las fotos de la nueva campaña de Ac Mare. En un momento me senté a pensar en que había cambiado una oficina y los trámites de abogado por ¡esto! Y lo cierto es que me hace sentir muy orgullosa, enriquecida.

 

¿Y tus padres, orgullosos del camino que elegiste?

Muy orgullosos. Y son súper apoyadores. Jamás me han dicho que trabaje como abogada, al contrario, me incentivan a que haga lo que me gusta. Imagínate que para ellos la fotografía siempre fue una afición.

 

¿Y para ti qué es?

Aunque me titulé como abogada y soy fotógrafa autodidacta, no es un pasatiempo; es mi trabajo, mi pasión. Me ha permitido ser creativa y conocer a tantas personas y lugares que simplemente me encanta. Es tan libre que, incluso, me ha cambiado el modo de ver la vida. 

 

“La verdad es que nunca imaginé que esa camarita que me había regalado mi madre se transformaría en mi fuente de trabajo mientras estudiaba”.

“Lo que marcó un antes y un después fue dar un buen uso al Instagram, especialmente para el mundo etario en el que me muevo”.

“En un momento me senté a pensar en que había cambiado una oficina y los trámites de abogado por ¡esto! Y lo cierto es que me hace sentir muy orgullosa, enriquecida”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+4+6   =