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EDICIÓN | Noviembre 2017

Una mezcla MORTAL

Alcohol y adolescentes
Una mezcla MORTAL

Parece un círculo del que es imposible salir. Las cifras de consumo de alcohol entre los escolares son alarmantes, pero ya hay padres que han decidido hacerse cargo. Apoderados de muchos colegios se han unido y han acordado un protocolo para regular el “carrete”. Para el psiquiatra, Daniel Martínez, la clave estaría en el trabajo conjunto, donde la unión puede hacer la diferencia.

Por Carolina Vodanovic G. / Fotografías Andrea Barceló A

Somos el país con más alto consumo de alcohol per cápita al año en Latinoamérica. Exactamente, 9.6 litros de alcohol puro, según cifras entregadas, el 2014, por la Organización Mundial de la Salud. Pero no sólo bebemos mucho, sino que además lo hacemos en un breve período de tiempo, 1.6 días promedio de la semana, aumentando con ello las posibilidades de intoxicación.

Los estudios publicados en Chile no son más auspiciosos y las cifras que más preocupan, sin duda, son las que reflejan a los escolares. Según SENDA, el 2016, un 16.6% de los alumnos de octavo básico –de trece o catorce años– habrían consumido alcohol el último mes, mientras que esa cifra se triplica –a un 51.4%– si se trata de alumnos de cuarto medio.

Daniel Martínez, médico psiquiatra, director del Instituto Bienestar y miembro del CEDA (Centro de Estudio de las Adicciones) de la Universidad Católica de Chile, conoce este tema, lo ha investigado e, incluso, realiza charlas en colegios para advertir acerca de esta realidad. Su diagnóstico inicial es preocupante: “Cuando converso con los adolescentes me suelen decir ¡pero si no tomo tanto!, y cuando les pregunto cuánto, claramente es una cantidad muy alta, pero que ellos ya tienen normalizada. El consumo de alcohol hoy está sociabilizado y es una droga legal que está en todas las festividades y que no se asocia a una primera preocupación”.

¿Por qué nuestros jóvenes están tomando cada vez más y desde más chicos?

Porque existe una baja percepción de riesgo y el alcohol está socialmente aceptado. Existen varias razones por las cuales las personas empiezan a usar sustancias psicoactivas, que van desde probar para experimentar cosas nuevas, lograr un estado de mayor bienestar, sentir cosas distorsionadas y, finalmente, sentirse parte de algo, de un grupo, porque el consumo suele iniciarse acompañado. De ahí la importancia de tener un buen grupo, donde ojalá no haya consumo de alcohol y drogas o, por lo menos, un consumo controlado.

Según SENDA, en su último estudio publicado sobre consumo de alcohol en Chile, se estima que 4.801.318 personas (entre doce y sesenta y cuatro años) consumieron alcohol el último mes. Si se evalúa el binge drinking, o consumo intenso, se llega a que más de dos millones de personas declaran haber sufrido un episodio de embriaguez durante los últimos treinta días. Esto normalmente sucede en las reuniones sociales, fiestas o celebraciones familiares.

“Es muy bueno celebrar, lo que no es bueno es que muchas veces vaya de la mano del alcohol y de las drogas, hasta el punto de considerar que una fiesta sin alcohol no es una fiesta. Los padres tenemos una gran responsabilidad en esto, somos los que hemos creado el mundo que están viviendo nuestros hijos. En todas las celebraciones hay alcohol y ese niño, desde temprano, ve que esa es la forma de celebrar”.

¿Por qué Chile tiene un consumo tan alto?

Primero, porque nuestra imagen país se asocia al vino y al pisco, aunque habitualmente son los adultos quienes consumen esos productos. Los jóvenes comienzan con cerveza o algunos destilados. Pero claramente hay una identidad, bien instalada en Chile con respecto al alcohol. Lo otro es que, como población, tenemos problemas importantes de salud mental: somos un país que ha crecido y se ha desarrollado fuertemente, pero con costos. La tristeza, la depresión, el estrés, los trastornos alimenticios y, obviamente, los problemas de alcohol y drogas, tienen que ver muchas veces con el hecho de trabajar mucho y vivir tan intensamente la vida. El alcohol es usado como anestésico: llego tenso de la pega y me sirvo un trago para relajarme; estoy con muchas cosas y me tomo algo para euforizarme... Es muy normal encontrar gente que cuando está aproblemada toma, come, se da un regalito, busca algo externo para calmar un problema interno. Lo externo viene y se va, es rápido, pero como viene y se va, no hace un cambio profundo. En las sustancias psicoactivas hay temporalidad, es una forma rápida de lograr un propósito, de cambiar un estado emocional.

SER PADRES HOY

“Hoy los padres estamos menos en la casa y los niños están expuestos a grandes estímulos a través de los medios de comunicación, que hace que se enteren de todo mucho antes. Y esa es una oferta riesgosa, sobre todo si el muchacho tiene ciertas fragilidades. Los adolescentes, de por sí, están tratando de experimentar y para ellos es muy importante la validación de su grupo de pares. Están en un período de su vida en que construyen su identidad y su estructura de personalidad, entonces cuando hay exposición temprana al alcohol o las drogas, será más recurrente para ese joven desarrollar una estructura de personalidad con problemas, que va a quedar con ciertas fragilidades y descontroles para el resto de la vida, lo que a futuro generará problemas de salud mental”.

¿Cómo saber si un hijo está teniendo problemas con el alcohol?

La primera advertencia, más preventiva, es que todo consumo es riesgoso en menores de edad. Si es un joven mayor, el consumo riesgoso está definido por distintas variables. Por una parte, la cantidad de alcohol: el consumo de bajo riesgo es de un máximo de tres unidades de alcohol dos veces a la semana en hombres y dos unidades en el caso de las mujeres. La unidad de alcohol es una medida estándar (que corresponde a ocho gramos, esto es, en el caso del vino, una copa o de un destilado fuerte, una medida), por lo que si un joven se toma media botella de pisco (la famosa promo para dos), está consumiendo ocho unidades. Respecto de la frecuencia, cuando alguien consume tres o cuatro veces por semana empieza a construir un hábito; y el hábito es la base de la dependencia. Si además va de la mano con que manejo, estoy embarazada, consumo ciertos fármacos, entro en categoría de riesgo. Lo mismo si mi ingesta trae consecuencias: si al día siguiente no puedo ir a clases o a trabajar, claramente hay una señal.

Un niño de catorce años que esporádicamente se toma una cerveza, ¿es un problema?

Cualquier consumo de sustancias psicoactivas en un menor de edad es un riesgo. Obviamente que el riesgo es menor si es una cerveza al mes. El riesgo en algún momento se transforma en una consecuencia o en un problema porque yo me expongo y eso va desde un coma hepático, un accidente, un asalto o algo tan preocupante como que gran parte de la actividad sexual de los jóvenes se realiza bajo los efectos del alcohol y las drogas, con los riesgos que eso conlleva.

¿Por qué nuestros jóvenes toman tanto?

Buscan distorsionarse o desconectarse y lo concentran en dos días a la semana, porque en general estudian de lunes a viernes. El fin de semana es lo permitido, lo sociabilizado. Sin embargo vemos que cuando hay mayor autonomía y libertad empiezan a tomar los miércoles y después se convierten en adultos que toman todos los días; el vino con la comida, el aperitivo y el bajativo se van haciendo hábito.

¿Cuál es el rol de los padres?

Es muy importante. Primero por el ejemplo, porque desde pequeños nuestros hijos ven cómo nos relacionamos con el alcohol. Tenemos que preocuparnos de que este no esté presente en todo momento y que cuando está, sea un consumo de bajo riesgo, sin consecuencias. Luego viene la formación. Tanto en la casa como en el colegio hay que educar respecto de los riesgos del alcohol y educar implica hablar del tema y establecer lo que está permitido y lo que no. También es importante ayudar a que mi hijo tenga una buena salud mental, porque de esa forma será menos propenso: un desarrollo equilibrado va a hacer que tenga menos probabilidades de consumir o que lo haga de forma controlada. Por último, también es rol de los padres disociar el alcohol de la celebración.

¿Cómo actuar a nivel práctico?

En primer lugar, conocer a nuestros hijos: saber dónde están, conocer a sus amigos y a los padres de sus amigos. Propiciar puntos de encuentro con ellos, acompañarlos, saber si su grupo de amigos consume, si esos padres no “pescan”… en el colegio, los padres deben ponerse de acuerdo, porque las “previas” siempre son en sus casas y es importante que el grupo social en el cual me desenvuelvo acuerde un funcionamiento frente a estos temas.

Hace poco los Centros de Padres de Colegios Británicos llegaron a un acuerdo en ese sentido, ¿te parecen importantes ese tipo de iniciativas?
Fundamentales. La evidencia científica demuestra que para los jóvenes no es indiferente lo que piensen sus papás, sus profesores y sus pares. En la medida en que las cosas estén más normadas y restringidas, hay menos posibilidades de hacerlas. Las fiestas muy largas dan más tiempo para que sucedan cosas, y si además comienzan tarde, terminan de madrugada y los padres, que tienen otra edad, están cansados para supervisar. Lo mismo sucede en las previas, muchas veces hay alcohol sin ningún control, y los jóvenes deciden “matar la botella” y tomársela rápidamente, antes de salir. Y eso es muy riesgoso, porque si el alcohol entra al cuerpo muy rápido se acumula en la sangre y se embriagan mucho más rápido.
 
Si a pesar de todo un hijo llega borracho a la casa, ¿qué hay que hacer?
Lo primero, cuidarlo, porque ese no es el momento para conversar. Eso hay que hacerlo al día siguiente, pero jamás una semana después. Uno como papá debiera preguntarse un par de cosas: cómo está la situación familiar, cómo está su hijo más allá de este episodio. Si es la primera vez, la idea es conversar y ver si se fija alguna consecuencia, por ejemplo, un mes sin fiestas. Si se repite, la consecuencia debe ser mayor. Si el problema se vuelve mayor, debiera consultarse un especialista. Acá el papá amigo no sirve, se necesitan adultos responsables, que eduquen. Uno no quiere que los hijos dejen de tener fiestas y pasarlo bien, pero que no sea de la mano del alcohol y de las drogas. Es importante hablar con ellos para que no crean que son puros “no”. No son sólo limitaciones, son cuidados.

 

PROTOCOLO DE FIESTAS Y “PREVIAS”

Normar las juntas y previas estableciendo un protocolo, con una serie de recomendaciones, que nacen desde y para los apoderados, es el objetivo del acuerdo suscrito por la agrupación de centros de padres de la Asociación de Colegios Británicos del país. Se establecieron directrices, se fijaron horarios de ingreso y egreso y algunos consejos a la hora de manejar ciertas situaciones de crisis. The Mayflower School, The Bradford School, Redland School, Craighouse School, Antofagasta British School, The Grange School, colegio Trebulco, Dunalastair Las Condes, Chicureo y Peñalolén, Saint Margaret´s British School, St Paul´s School, Saint John´s School de Concepción, The Mackay School, y The British School de Punta Arenas suscribieron el acuerdo.
 

"Es muy bueno celebrar, lo que no es bueno es que muchas veces vaya de la mano del alcohol y de las drogas, hasta el punto de considerar que una fiesta sin alcohol no es una fiesta. Los padres tenemos una gran responsabilidad en esto, somos los que hemos creado el mundo que están viviendo nuestros hijos. En todas las celebraciones hay alcohol y ese niño, desde temprano, ve que esa es la forma de celebrar"

"Tenemos que conocer a nuestros hijos: saber dónde están, conocer a sus amigos y a los padres de sus amigos. Propiciar puntos de encuentro con ellos, acompañarlos, saber si su grupo de amigos consume, si esos padres no ‘pescan’…"

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