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EDICIÓN | Noviembre 2017

Portal de luz y relajo

Zaguán Hostal Boutique

Sus seis habitaciones bordean un acogedor y florido patio central. Este luminoso espacio es el sello arquitectónico de Zaguán Hostal Boutique y a eso se debe su nombre. Bautizado así por un joven matrimonio belga que emigró a nuestro país hace tres años y que encontró en esta antigua casona colonial, la razón para establecerse en Vicuña. A pulso, casi con sus propias manos y creatividad, la reformaron, botaron muros, la pintaron y la decoraron combinando armónicamente lo antiguo y lo moderno.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

En la calle Gabriela Mistral, a pasos del museo de la ilustre poeta, Valérie Rose (37) y Alex Vaes (40) nos reciben con un típico desayuno elquino, dispuesto en un amplio comedor que marca el ingreso de Zaguán Hostal Boutique. Un biombo de madera separa el acceso principal de un antiguo y restaurado buffet, donde el café, el té, el jengibre, la fruta y los cereales esperan por sus pasajeros.

Valérie y Alex afirman que el yogur y el pan los elaboran ellos, pues lo cierto es que cada detalle de esta casona, que data de 1907, es obra de este matrimonio belga que, hace tres años, optó por dejar Europa para radicarse en Vicuña y, así, formar su propio negocio en este pequeño rincón del mundo que, simplemente, los cautivó.

Alex es sicólogo y Valérie, ingeniera comercial. Se conocieron en Bruselas hace once años y, en ese entonces, Alex ya tenía la intención de irse a Brasil, donde vivían sus padres. “Pasaron dos años y Alex me propuso emigrar a Sudamérica. Me gustó la idea. Yo quería vivir en un país latino, seguro y con un clima cálido. Nuestras alternativas eran Brasil y Chile”, recuerda Valérie.

“Pasamos quince días en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar y nos sentimos muy cómodos porque el carácter de los chilenos es parecido al de los belgas. Chile nos pareció un país bonito, estable económicamente y teníamos contactos para golpear puertas, porque mi primo está casado con una chilena”, agrega Alex.

De regreso a Bélgica, Valérie y Alex se casaron y un año después volvieron a Chile. Ya instalados en Santiago, arrendaron una casa rodante y se fueron a recorrer el norte. Estuvieron en San Pedro de Atacama y en el Valle de Elqui, pero fue esta última visita la que los dejó entusiasmados, por la belleza y mística de ese lugar.

“Después de trabajar un tiempo administrando unas cabañas en el sur, regresamos a Bélgica porque falleció mi madre. Pasaron algunos meses y decidimos retornar a Chile, pero a vivir en Vicuña”, recalca Alex.

Valérie lo interrumpe y agrega: “lo primero que hice fue buscar una casa en Internet y el primer anuncio que apareció era esta propiedad. Tomamos contacto con el dueño que era un francés y la verdad es que todo quedó hasta ahí…”

“Cuando llegamos a Vicuña nos olvidamos de esta propiedad y buscamos una cabaña para arrendar. La dueña de un hostal nos preguntó si nos interesaba ver una casa que se vendía. Al verla nos dimos cuenta que era la misma propiedad que habíamos visto en Internet”, afirma Alex.

 

¡MANOS A LA OBRA!

Por causalidad o presagio de la vida, el destino de esta casa les mostraba a todas luces que era para ellos. Y así fue; en el 2015 la compraron, con la clara intención de convertirla en un hostal. Pensaron que solo tardarían tres meses en reformarla y hacer todos los cambios necesarios para dejarla en óptimas condiciones, sin embargo, el terremoto de septiembre de ese año, que afectó a gran parte de esta región, les significó armarse de paciencia y extender los plazos.

Durante un año, Alex y Valérie dijeron ¡manos a la obra! Lo primero fue botar un muro divisorio en el salón principal para dar más amplitud a lo que sería el comedor y la recepción. Contiguo a este espacio existía un baño que ellos habilitaron como cocina. Lijaron los marcos de las ventanas y puertas de pino Oregón y pulieron el piso de madera de toda la casa. Mientras ella pintaba las maderas, él se dedicaba a restaurar y pintar los muros.

Ambos hicieron, también, las superficies de las mesas del comedor. Mandaron a fabricar las bases y, luego, se afanaron en las terminaciones. Las sillas del salón, del escritorio y una serie de muebles y artículos decorativos fueron comprados en el persa Bío-Bío. Cada uno, elegido minuciosamente por Valérie. “Creo que fuimos unas diez veces a comprar al Bío-Bío. Todos los muebles fueron restaurados y pintados por mi”.

“La vajilla y la loza las compré en Bélgica. Antes de viajar a Chile compré muchas cosas que no sabía si las iba a utilizar. Aproveché de hacerlo porque este tipo de cosas, al igual que las lámparas y los apliqués, son mucho más económicos en Bruselas”, comenta Valérie.

Al igual que el comedor, el resto de la casa fue tarea de ambos. “En nuestro país la mano de obra es tan cara y escasa que aprendemos a hacer de todo, además, nuestra intención siempre fue reformar esta casa con nuestras propias manos. Para el trabajo más duro contratamos a personas de la zona, como por ejemplo, todo lo que se hizo con pasta muro y para eliminar las grietas causadas por el terremoto”, afirma Alex.

 

EL ZAGUÁN

Una puerta de madera en el centro del comedor conduce hacia el zaguán. Un patio interior o portal que es el sello distintivo de este lugar. Una amplia terraza con muebles de mimbre mira hacia el jardín, rodeado por las seis habitaciones. Los rayos del sol de la mañana iluminan este patio abierto, el que destaca por sus naranjos, paltos, lavandas, calas, cedrón, salvia y otras hierbas.

“Cuando compramos la casa, el patio tenía cientos de piedras. Las sacamos para recuperar el espacio y pusimos pasto, plantas y flores. En el centro pusimos una pequeña terraza con muebles de fierro y, al fondo, armamos otro ambiente con sillas de playa. Trabajamos tres semanas en esto y nos esmeramos en este espacio, porque el patio es un elemento importante de la casa”, relata Alex.

Mientras recorremos este portal, Valérie afirma que gran parte de estos muebles fueron comprados en el persa Bío-Bío, en ferias de Valparaíso y de Bruselas. Otras, como una máscara de leopardo elaborada en papel y que decora la terraza, fue adquirida en una feria de artesanías de América del Sur.

 

MEZZANINAS

La luminosidad, la pulcritud y las suaves tonalidades del ambiente son una característica transversal en las seis habitaciones. El beige y el blanco priman en una decoración minimalista y en la que se combinan elementos antiguos y modernos. “Como es un lugar para el relajo no quisimos recargar los ambientes con colores fuertes y la verdad es que nos gusta mucho”, destaca Alex.

Mapas antiguos, transformados en cuadros de grandes formatos, adornan los altos muros de las habitaciones. Las lámparas de papel que cuelgan desde el centro de la techumbre fueron traídas de Bélgica y otras tantas de algunas ferias de Valparaíso.

Las camas y las sábanas de cuatrocientos hilos fueron la principal inversión. “En esto no escatimamos porque lo más importante de un hostal es el descanso y el buen dormir”, agrega Alex, y Valérie destaca que dos de los respaldos de las camas matrimoniales son puertas recicladas de pino oregón.

De las seis habitaciones, dos destacan por una mezzanina o entrepiso. La casa original contemplaba estos altillos, los que son utilizados como dormitorio principal. Una pequeña escalera de madera conduce hacia la mezzanina y, en el primer piso, un acogedor sofá con una mesita de madera, invitan a la lectura y al relajo. Cada habitación cuenta con su propio baño y los amenities son productos de la zona, elaborados con leche de cabra.

“De los proyectos para el zaguán queremos incorporar un bar en el patio central y en el techo de la casa nos gustaría hacer una terraza, porque la vista es preciosa. Otra idea es tener una vitrina en el comedor para ofrecer joyas elaboradas por artistas de la zona”, señala Valérie.

Alex, por su parte, recalca: “lo que nos da mayor satisfacción es que la gran mayoría de las personas que visitan nuestro hostal, se dan cuenta del cariño que hemos puesto en todos los detalles. Nos encanta saber que el trabajo realizado ha dado sus frutos y que nuestra intención se percibe”.

 

“La dueña de un hostal nos preguntó si nos interesaba ver una casa que se vendía. Al verla nos dimos cuenta que era la misma propiedad que habíamos visto en Internet”.

“En nuestro país la mano de obra es tan cara y escasa que aprendemos a hacer de todo, además, nuestra intención siempre fue reformar esta casa con nuestras propias manos”.

Una puerta de madera en el centro del comedor conduce hacia el zaguán. Un patio interior o portal que es el sello distintivo de este lugar.

Gran parte de estos muebles fueron comprados en el persa Bío-Bío, en ferias de Valparaíso y de Bruselas.

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