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EDICIÓN | Octubre 2017

Toda la vida

Viviana Llagostera Leyton
Toda la vida

Como arqueóloga especialista en Antropología Física, le corresponde hurgar entre los vestigios del pasado y así, poco a poco, ir construyendo una historia que nos permita entender la realidad de quienes habitaron estos territorios hace milenios. Su acercamiento a la ciencia fue paulatino, pero con el paso del tiempo se enamoró de su trabajo y asumió su rol como mujer de ciencias, desde el que espera inspirar a muchos para que el conocimiento crezca y se multiplique por todas partes.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrea Barceló

El camino que Viviana recorrió para llegar donde está hoy, ha sido sinuoso, por describirlo de alguna forma. Hija del arqueólogo Agustín Llagostera y la profesora de orientación cristiana Inés Leyton, apenas salió del colegio en Antofagasta, decidió estudiar kinesiología, titulándose en la Universidad de Antofagasta.

 

Por motivos laborales emigró a Santiago y se especializó en neurokinesiología infantil. Trabajó con niños, luego en estética y estudió un año de teatro. Sin embargo, la apertura del magìster en Antropología y Arqueología impartido por la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Tarapacá llamó su atención.

 

Luego de obtener su magíster en Antropología con especialidad en Antropología Física, sintió la necesidad de trasformar estos estudios en una carrera. Ingresó entonces a la Universidad de Chile a seguir Arqueología. Hoy sigue estudiando, tomando cursos para complementar lo aprendido, entre los cuales destaca un posgrado en Paleopatología y un máster en Museología. Actualmente, cursa un doctorado dictado en conjunto entre la Universidad de Tarapacá y la Universidad Católica del Norte, gracias al que ha desarrollado interesantes iniciativas en el campo de la investigación.

 

 

¿Por qué crees que te costó tanto asumir tu vocación?

Siempre busqué algo especial, en lo que me sintiera cómoda. Gracias al ejemplo de mi padre, la arqueología era una opción interesante, pero no me atrevía a tomar la decisión de estudiar esta carrera, porque mi papá es un profesional muy importante dentro de la disciplina y eso era un poco intimidante. Después de todas mis dudas, el apoyo de mi madre fue indispensable para atreverme y dar el primer paso dentro de esa área. Al mismo tiempo, mi papá ha sido un pilar fundamental en mi desarrollo, ya que de él aprendí la rigurosidad de hacer bien las cosas. Él es como mi Pepe Grillo, siempre pido su consejo.

 

¿Qué es lo que más te apasiona de tu trabajo?

Haber descubierto que a través de la ciencia y aplicando una buena metodología, ante tus ojos se abre un universo que a simple vista no verías. En mi caso, me apasiona trabajar con restos humanos arqueológicos, porque es posible descubrir la historia de cada persona, su forma de vivir. Analizando algunas muestras podemos interpretar cómo era la actividad humana, saber cómo construían sus instrumentos, cómo enterraban a sus muertos, dónde habitaron y por qué escogieron lugares tan inhóspitos para vivir, como fue la costa y el desierto de Atacama.

 

¿Cómo es ser mujer en el mundo de la ciencia?

Es curioso, porque aunque es complejo, cada vez hay más mujeres que están haciendo ciencia. Se están atreviendo, ya que lo deben hacer con mayor esfuerzo, debido a la gama de roles que tienen que cumplir socialmente. Si eres mujer cuesta mucho más y no por tu capacidad intelectual, sino por la discapacidad social y cultural que se nos impone.

Y lo peor de esto es que todo tiene un tiempo cronológico; si quieres ser madre tienes un tiempo biológico, si quieres realizarte profesionalmente también, ya que los financiamientos económicos para ciertas becas no son a cualquier edad.

 

¿Cuál es tu especialidad?

La bioarqueología, disciplina en la que se combinan la investigación y el conocimiento en los restos humanos provenientes de distintos contextos arqueológicos, su objetivo es entender y reconstruir los modos de vida del pasado y cómo se desarrolló parte de su sociedad. Hoy, mis últimas investigaciones están enfocadas en el conocimiento de las enfermedades, es decir, la paleopatología. Específicamente a conocer el desarrollo de las enfermedades degenerativas articulares, como la osteoartritis.

 

¿Por qué la elegiste?

Mi primera carrera (kinesiología) me dio muchas herramientas sobre morfología humana y el funcionamiento del aparato locomotor humano. Sin embargo, siempre tuve curiosidad en descubrir el porqué de las cosas y la maravilla de conocer la historia de toda una comunidad en base a restos arqueológicos.

 

¿Dónde radica la importancia de este conocimiento?

Es fundamental, sobre todo en el norte, en una tierra donde siempre se habla de falta de identidad. Somos herederos de una cultura que cimenta lo que somos hoy. Saber que hubo grupos que desarrollaron sus vidas en esta costa y en las tierras del interior nos demuestra la epopeya que es vivir en el desierto. Viajaban largas distancias para intercambiar productos y fueron consolidándose en distintos territorios. Lo que ellos nos heredaron sin querer, es parte de lo que somos, de nuestro patrimonio y, por ende, lo debemos proteger del torbellino de la modernidad. Así como debemos cuidar nuestro medioambiente, también debemos proteger los vestigios de nuestros antepasados.

 

¿Cómo ha sido tu experiencia de aplicar nuevas tecnologías en el estudio de momias?

Hasta ahora es bastante buena. El uso del scanner creo que es fundamental para descubrir aspectos culturales y de salud que son imposibles de detectar a simple vista. Hay cuerpos que están enfardados o envueltos en mantos que por motivos de conservación debemos mantener intactos. Es allí que la tecnología nos ayuda a ver qué hay dentro de esos fardos, además del sexo, la estatura, la edad, y las posibles enfermedades. Con eso ya podemos ir construyendo parte de la historia de ese individuo.

 

LA EMOCIÓN DEL PASADO

 

Para Viviana, la emoción que representa enfrentar la antigua historia “contada” por restos humanos es extraordinaria. “En cada estudio es posible descubrir la vida de esa persona, la forma de entierro, el cuidado de los familiares que pusieron al asistirlo frente a una enfermedad o el cariño con que fue enterrado por sus deudos. Es conmovedor descubrir su “relato”… el cuerpo humano desde que nace hasta que muere va dejando huellas. Sin saber sus nombres, conocemos su identidad”.

 

¿Sientes que tu forma de ver la vida ha cambiado en el transcurso de tu vida profesional?

He aprendido a reconocer que antes de nosotros hubo personas que se vincularon con la tierra tan estrechamente que sabían cómo aprovechar al máximo sus recursos. Tuvieron conflictos sociales igual que nosotros, se vincularon con otros grupos culturales, formaron familias, se enfermaron y fueron enterrados con objetos que eran parte de su forma de vida. Cómo no enamorarse un poco más de esta tierra, que vemos tan solitaria, pero que estuvo llena de vida, de gente que en estas mismas costas desarrolló toda su vida. Es impresionante entender que, al igual que ellos, seguimos dependiendo de nuestro medioambiente para sobrevivir y que somos una especie frágil aunque nos sintamos dueños del planeta.

 

¿Es complejo posicionar temas de ciencia?

Creo que cada vez es menos difícil, hoy la gente tiene acceso a la tecnología gracias a internet y redes sociales, lo que permite masificar conocimientos básicos. Como profesionales, es nuestra responsabilidad entregar información de manera más didáctica, sacar el conocimiento de las universidades e institutos y llevarlo a las personas.

 

¿Crees que la educación debería abordarse desde otra perspectiva?

Lo principal es no encerrarla en salas de clases. Hay que salir a entregar conocimientos, de forma didáctica, generar más instancias de conocimiento como la generación de buenos museos o centros culturales. En la región de Antofagasta existen excelentes iniciativas para dar lugar a la ciencia como Puerto de Ideas, pero creo que falta más. No podemos tener eventos una vez al año para acercar la ciencia a las personas.

 

¿Cómo visualizas la vinculación entre las universidades regionales y las universidades en Santiago?

Existe una brecha importante entre las universidades de Santiago y las regionales. Si bien se hace investigación en ambas, los recursos se distribuyen de otra forma. En nuestro norte existen excelentes profesionales de la ciencia, con buenos aportes tecnológicos y científicos, pero quedan invisibilizados ante las grandes universidades. Es difícil, pero cada día se realizan enormes esfuerzos para revertir esta situación y que se consolide en Chile una red de conocimientos robusta, que se proyecte y crezca en el corto plazo.

 

“Me apasiona trabajar con restos humanos arqueológicos, porque es posible descubrir la historia de cada persona, su forma de vivir. Podemos interpretar cómo era la actividad humana, saber cómo construían sus instrumentos, cómo enterraban a sus muertos, dónde habitaron y por qué escogieron lugares tan inhóspitos para vivir, como fue la costa y el desierto de Atacama”.

“Somos herederos de una cultura que cimenta lo que somos hoy. Saber que hubo grupos que desarrollaron sus vidas en esta costa y en las tierras del interior nos demuestra la epopeya que es vivir en el desierto”.

“Como profesionales, es nuestra responsabilidad entregar información de manera más didáctica, sacar el conocimiento de las universidades e institutos y llevarlo a las personas”.

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