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EDICIÓN | Octubre 2017

Los pingüisurfs conquistan el mundo

Nicolás y Vicente Díaz Barriga
Los pingüisurfs conquistan el mundo

Hijos de Fernando y Marcela, ambos médicos de profesión pero buzos por amor al mar, los gemelos aprendieron a nadar con apenas tres años. A los once, obtuvieron su certificación y primera licencia de buzo autónomo y hoy vienen llegando de la Final Mundial Junior en Japón, evento donde el team nacional destacó tanto por su nivel de competencia como por la proyección que exponentes como Nicolás y Vicente le dan al deporte nacional.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Rodrigo Herrera / Fotografías de apoyo: Gonzalo Muñoz

Para muchos, dejaron de ser promesas. Hay quienes apuestan porque Nicolás y Vicente Díaz ya son parte de la generación dorada del surf nacional y sus múltiples medallas los respaldan. Vienen llegando de Japón. Cuesta hablar de ellos por separado, porque los gemelos se acompañan, se aconsejan, se potencian.

 

Han representado a Chile en torneos increíbles alrededor del mundo: California y Japón son solo los destinos más recientes de estos deportistas que, como muchos, deben asumir los costos, en el más amplio sentido de la palabra, de lograr medallas en disciplinas “alternativas”. Pero además de todo, ¡tienen buenas notas! Cursan segundo medio en el Colegio Chañares, donde han recibido apoyo y contención: “nuestros profes entienden que no solo los ramos tradicionales logran formar a personas valiosas para la sociedad, por eso ponemos mucho empeño en estudiar y así mantener el equilibrio entre el colegio y nuestra pasión”, señalan.

 

Pero como los Pingüi siempre están juntos, quisimos darles la posibilidad de contarnos su historia, cada uno desde su perspectiva.

 

NICOLÁS, EL APASIONADO

 

Disfruta todo lo que la vida le da, sin complicarse demasiado. Es un apasionado por el mar y las olas, siempre enfocado en lograr sus metas.

 

¿Cuándo y cómo descubrieron el surf?

Cuanto teníamos cinco años vivíamos en Calama, pero viajábamos harto a Iquique los fines de semana. Un día quisimos tomar una clase de bodyboard familiar, pero nos convencieron que una clase de surf sería más entretenida y desde ese día quedamos enganchados. Cada vez que viajábamos a Iquique participábamos de la escuela de surf. No teníamos la continuidad que hubiéramos querido, pero después de un tiempo empezamos a avanzar e incluso a participar en campeonatos locales allá. Cuando cumplimos diez nos vinimos a vivir a Antofagasta y recién ahí pudimos comenzar a practicar el surf con mayor regularidad.

 

Tus papás practican buceo ¿en qué momento sentiste que el surf era el deporte de tus sueños?

La verdad es que fue casi desde el primer instante que pude correr una ola, el primer día que tomé una clase de surf. Es un deporte súper completo, lo tiene todo, y hemos tenido muchos buenos profes que nos han transmitido no solo la técnica del surf, sino que también su visión sobre cómo compartir con la naturaleza y un gran amor al mar.

 

¿Qué es lo que más te gusta de este deporte?

La adrenalina es increíble, pero lo principal es que se trata un deporte ligado a la vida al aire libre, lo que implica no solo practicar una disciplina desde lo técnico, sino que, además, requiere aprender a leer el mar, a contactarte con él, a respetarlo, e inevitablemente nace la necesidad de cuidar ese entorno que pasa a ser tu medio ambiente. El surf es también un deporte en que compartes con gente de todas las edades, lugares y condiciones, y eso aporta riqueza emocional tremenda. En el mar somos todos iguales.

 

¿Cuándo comenzaron a viajar a otros países para descubrir nuevas olas?

A nuestra familia le gusta muchísimo viajar, y siempre que podemos lo hacemos juntos, ya sea a acampar a un lugar cercano o buscar destinos fuera de las fronteras. Por eso, cuando ya nos manejábamos en la tabla, como a los ocho años, las primeras olas que conocimos fueron en Isla de Pascua y el norte de Perú. A los doce empezamos a seguir el circuito nacional y conocer no solo otras olas, sino que también otros niños que surfeaban como nosotros.

 

¿Qué características debe tener una ola para ser interesante?

Hay distintos tipos de olas y para todos los gustos. En lo personal prefiero, y creo que mi hermano también, las olas grandes de arrecife, en especial las tubulares… pero en general, lo principal de una ola es que tenga tamaño, buena pared y recorrido para poder hacer maniobras.

 

¿Cómo se incorporan al circuito internacional?

Siempre ha estado la motivación de ganar experiencia en competencias internacionales. La primera experiencia fue el año pasado durante nuestra estadía en Australia, en un campeonato regional organizado por Chipah Wilson, un conocido surfista australiano, donde logramos avanzar una ronda. Este año, en Reñaca, se realizó por primera vez una fecha del circuito latinoamericano ALAS Latintour, de la Asociación Latinoamericana de Surfistas Profesionales, donde logré medalla de bronce y mi hermano llegó a semifinales. Esto nos motivó a correr otras fechas de este año en Perú y Ecuador, con lo cual hemos logrado sumar puntos suficientes para estar dentro de los cuatro primeros lugares del ranking. La idea es, ojalá, empezar el próximo año a incursionar en algunos torneos QS (qualifying series) del circuito mundial de la World Surf League.

 

¿Cuál ha sido el viaje más inolvidable?

 

Cada viaje es un nuevo descubrimiento. Olas, gente, paisajes, experiencias. Recuerdo mucho el primer viaje, solos con nuestro entrenador. Nos dejó tirados un bus a media noche y nos queríamos dormir en la funda de la tabla porque no dábamos más de sueño… esa fue una de las primeras anécdotas. El año pasado hicimos una pasantía de tres meses en Australia, en un centro de alto rendimiento para surfistas. Después de eso, nos juntamos con nuestros papás para unas vacaciones en Bali y, definitivamente, es el mejor viaje hasta ahora: una isla paradisiaca con olas perfectas, gente muy mística y espiritual, lugares maravillosos por recorrer, comida rica… y disfrutarlo en familia fue lo mejor.

 

¿Cómo han compatibilizado el colegio con este estilo de vida?

No ha sido nada de fácil mantener el ritmo de un sistema escolar tradicional normal. Entrenamos más de veinte horas a la semana, faltamos bastante a clases por los campeonatos, tenemos que estudiar en los viajes y ponernos al día constantemente. Como siempre hemos mantenido un buen rendimiento, nuestros papás nos respaldan, pero definitivamente en esto ha sido fundamental contar con el apoyo de nuestro Colegio Chañares, donde no solo nos dan las facilidades para cumplir con las exigencias deportivas que el alto rendimiento requiere, sino que también nuestros profes y compañeros están súper pendientes de nuestros campeonatos, resultados y siempre están motivándonos.

 

VICENTE, EL ALEGRE

 

Vive su pasión por el surf de manera relajada, pero sorprende con su vitalidad en las competencias. Demuestra su alegría a cada minuto y tiene claro que nunca más soltará su tabla.

 

¿Extrañan algo de quedarse en su ciudad?

Muchísimas cosas, porque también uno se pierde muchas actividades y cuando llegamos andamos medio desenchufados. Ya se ha hecho frecuente pasar periodos de dos meses fuera de la casa, y si bien se pasa muy bien en los viajes, se extraña bastante estar en tu casa, dormir en tu cama, surfear en tu ola o ver a tus amigos y familia, aunque nuestros papás siempre tratan de arrancarse para ir a vernos donde estemos. De Antofagasta se extraña mucho los días de surf con los padangueros de la Puntilla en el Balneario, nuestra familia surfera.

 

¿Cómo financian sus viajes?

Hasta ahora, principalmente con el apoyo y esfuerzo de nuestra familia; si bien ya tenemos algunos auspiciadores desde hace un tiempo, el apoyo es equipamiento, lo que no cubre el costo de los viajes. Incluso para el Mundial Junior en Japón, al que fuimos nominados como seleccionados nacionales para representar al país, no contamos con financiamiento para pasajes. Este año, por primera vez, nuestro club se ganó un proyecto del 2% del FNDR, del Gobierno Regional, que nos va a permitir concretar los viajes a las competencias del segundo semestre y eso ya es una gran ayuda, pero aun así, sin el apoyo familiar sería imposible.

 

¿Cómo te ves en el futuro?

Viviendo cerca del mar, surfeando y trabajando por hacer crecer este deporte desde la perspectiva profesional en que estemos. Todavía no sé exactamente cuál, pero la idea es tener una profesión desde la que podamos contribuir de una manera diferente a esto, aportar algo nuevo, y sobre todo traspasar todo lo positivo a los que vienen. Creo que si todos nos empezáramos a conectar un poco más con algún deporte relacionado con la naturaleza, tendríamos una vida mejor.

 

¿Qué se siente participar de un mundial?

Es un gran orgullo representar a tu país y tu región en un evento tan importante como el Mundial ISA Junior de Japón, porque no solo se trata de una competición individual, sino que es todo un equipo que debe trabajar por lograr el mejor resultado para el país. Estamos súper agradecidos de esta nominación por parte de la Federación Chilena de Surf y su staff, que tras un largo proceso de selección decidió confiar en nosotros. Además, es primera vez que Antofagasta cuenta con representantes de la región en alguna selección de surf, así que doblemente motivados a dar lo mejor.

 

¿Qué dinámica se da en los torneos?

Lo ideal es llegar algunos días antes al campeonato para ver las condiciones de la ola que cambian constantemente, y durante el campeonato mismo hay que estar en la playa siempre atento para analizar y hacer un plan. Lo más entretenido es que en los torneos se da la instancia de encontrarte con tus amigos de otras ciudades y compartir con quienes están en tu misma onda; somos todos un poco bichos raros.

 

¿Existe una cultura playera distinta a la nuestra en otros países?

Sí, de todas maneras. De partida, en otros lugares las playas se cuidan muchos más y debe ser por eso que se aprovechan mejor. Desde temprano se ve muchísima gente de todas las edades hacer diferentes deportes de agua. Hay muchos niños chicos practicando surf, porque se les enseña de pequeños a conocer el mar, a no tenerle miedo. Es increíble que en Chile, con la tremenda costa que tenemos, ocupemos tan poco el mar y lo poco que se ocupa, no se cuida.

 

“Veo el futuro viviendo cerca del mar, surfeando y trabajando por hacer crecer este deporte desde la perspectiva profesional en que estemos”, dice Vicente.

“Nuestros papás nos respaldan, pero definitivamente en esto ha sido fundamental contar con el apoyo de nuestro Colegio Chañares, donde no solo nos dan las facilidades para cumplir con las exigencias deportivas, sino que también nuestros profes y compañeros están siempre motivándonos”, asegura Nicolás.

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