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EDICIÓN | Octubre 2017

DESDE LA COCINA

Felipe Ventura, creador de Eggless
DESDE LA COCINA

Ganas, una buena idea y algo de suerte. Pero además, tocando las puertas correctas y soñando con crecer, pero manteniendo los pies en la tierra. Así podría resumirse la historia de emprendimiento de Felipe Ventura, quien encontró un nicho de negocio en el complejo mundo de la alimentación. 

Por Mónica Stipicic H. / Fotos: Andrea Barceló

Aceite, limón, sal y huevos. La receta de la mayonesa no es un misterio para nadie. ¿Pero qué pasa si alguien es alérgico al huevo? ¿O si eres vegano y te fascina la mayonesa? Esas mismas preguntas se hizo Felipe, entonces estudiante de Ingeniería Comercial.

 

Todo partió buscando un proyecto para su tesis. Un profesor le comentó que había visto en Asia muchos productos alimenticios con potencial para venderse en Chile. Dentro de ellos, Felipe descubrió una mayonesa sin huevos que le hizo sentido de inmediato: en su casa eran grandes consumidores de este producto, pero su hermana chica era intolerante al huevo.

 

La idea inicial era sólo traer los productos y venderlos acá, pero cuando compró por internet algunas muestras, estas resultaron muy malas. “Entonces me pregunté qué tan difícil podía ser hacer una mayo sin huevo… y empecé a ver tutoriales, a hablar con cocineros y a experimentar. En la cocina de mis papás, con la juguera de la casa y mi mamá y una tía ayudándome”, recuerda.

 

Mientras tanto, comenzó a investigar sobre el tema y descubrió que Chile era el tercer país con mayor consumo per cápita de este producto en el mundo y que, más allá de las alergias, nuestro país posee casi la mitad de su población con altos índices de colesterol. Y una mayonesa sin huevo era una mayonesa sin colesterol, lo que multiplicaba de manera exponencial los posibles consumidores de un producto de este tipo.

 

Obviamente, los experimentos caseros fueron mejorando lentamente. En esa época Felipe venía llegando de un intercambio y sólo tenía un par de ramos en la universidad, por lo que contaba con tiempo ocioso. Y lo aprovechó para aprender. “El huevo en la mayonesa es el agente emulsificante, es decir, aquel que permite que agua y aceite puedan mezclarse. Lo que había que hacer era reemplazar esa proteína por otra que cumpliera un rol similar y que fuera de origen vegetal. La elegida fue la proteína de soya”.

 

¿Cómo fuiste testeándola?

Empecé en asados de amigos, en casas de familiares y nadie se daba cuenta de que no tenía huevo. En uno de esos carretes, la polola de un amigo me motivó para que participara en un consurso de emprendimiento para universitarios que se llama Jump. Postulé y gané, y el premio era plata para empezar, para hacer un prototipo. Pero además, ese reconocimiento me sirvió para darme cuenta de que un producto alimenticio podía ser tan o más innovador que una aplicación o un desarrollo tecnológico. Así que le di para adelante.

 

HECHO EN CASA

 

Con la plata del concurso en la mano, más otro fondo entregado por Sercotec, era el momento de ponerse a trabajar. Uno de los jurados de Jump era gerente de marketing de una marca de alimentos y se interesó por el producto. Junto a él viajó a Brasil con su envase de mayonesa, que en ese momento era la clásica botella amarilla, como las de las populares fuentes de soda.

 

“Allá me dijeron que mi producto era demasiado chileno, muy popular. Aunque no les interesó, el feedback que me dieron fue súper útil. Decidí hacer algo internacionalizable, que fuera más allá de Chile. Estaba en la playa dándole vueltas a ideas en inglés, a jugar con el idioma, con las palabras y el concepto de ‘sin huevo’. Y llegué a Eggless: corto, simple y fácil”.

 

¿Fue muy difícil entrar a un mercado como el de los alimentos, con resoluciones sanitarias y regulaciones complicadas?

Las cosas se fueron dando… a partir del concurso recibí una llamada de Cencosud. Me dijeron que querían hacer mi mayonesa, pero de la marca Jumbo… y yo seguía haciéndola en mi casa con la juguera. Pensé que no podía perderme una oportunidad como esa y empecé a averiguar acerca de las regulaciones sanitarias; pensé que si tanta gente había podido hacerlo, por qué yo no.

 

Empezaste completamente desde cero.

Mi familia no me dio plata, pero me ayudó de otra forma. Yo soy el quinto de seis hermanos y los cuatro mayores ya se habían ido de la casa, así que mi papá me ofreció habilitar una pieza como si fuese una cocina. Con eso pude sacar los permisos de la Seremi.

 

Pero seguías haciéndolo tu solo…

Sí, yo solo. Y así fue por harto tiempo. En paralelo con mi mamá, que hace cerámica, diseñamos un envase y la etiqueta la hizo una amiga diseñadora. Con eso en la mano partí de vuelta al Jumbo… les gustó, aunque no fuera con su marca, y aceptaron venderla. Ahí me compré la primera máquina, que me permitía hacer unos cien kilos diarios.

 

Era el año 2014 y Eggless ya estaba en las góndolas de mayonesa, en un solo formato y un sabor, pero sin nada que envidiarle a las grandes marcas. Después de un año despachando unas quince cajas semanales, Felipe decidió que necesitaba ayuda. Por medio de un amigo conoció a Hernán Vicuña, quien hoy es su socio.

 

“Justo en esa época nos ganamos un Corfo por sesenta millones y entramos a Líder, Unimarc, Tottus y todas las demás cadenas. En ese momento también levantamos capital privado, tener nuestro propio espacio para trabajar en un parque industrial, con la fábrica, el bodegaje y las oficinas en el mismo lugar”.

 

Uno siempre escucha historias de emprendedores a los que estas grandes empresas no les hacen el trabajo fácil…

Para mí eso es un mito. Si yo fuera a ofrecer algo que ya existe, una mayonesa común y corriente, lo más probable es que me cierren las puertas. Ese es el error de muchos emprendedores, ofrecer productos sin valor agregado, sin diferenciación. Ofrecer algo novedoso a una cadena que se caracteriza por querer tener de todo no fue difícil. Además, nuestro producto está bien hecho, bien diseñado y es rico.

 

¿Cuáles son las características de este producto?

Estamos en la misma góndola que el resto de las mayonesas y nuestro precio es aproximadamente de un quince por ciento más… para nosotros era importante entregar un producto mucho más saludable sin cobrar una fortuna. En la medida que produzcamos más, seguiremos bajando el precio. Estamos entrando en restaurantes y hoteles, donde tenemos a favor que nuestro producto no necesita ser refrigerado hasta abrirlo, es decir, por un precio casi igual entregamos una mayonesa igual de rica, pero más sana y que puede almacenarse sin problemas.

 

Hoy están produciendo unas ocho toneladas mensuales en las variedades tradicional y con ajo. Y están a punto de sacar un nuevo producto, esta vez con una proteína distinta: arvejas, que los transformaría en ciento por ciento libres de alergenos. “El sabor es exactamente el mismo y el abanico de sabores y variedades es infinito”.

 

Hoy sólo les queda crecer…

Sí, estamos en etapa de crecimiento nacional y pensando en la expansión internacional. Ya empezamos a exportar a Perú a través de Cencosud y estamos tratando de llegar a México, que es otro país con un altísimo consumo de mayonesa. Surgió la opción y ahí estamos… porque a mí me dicen ‘upa’ y yo digo ‘chalupa’…

 

“Me pregunté que tan difícil podía ser hacer una mayo sin huevo… y empecé a ver tutoriales, a hablar con cocineros y a experimentar. En la cocina de mis papás, con la juguera de la casa y mi mamá y una tía ayudándome”.

 

“Si yo fuera a ofrecer algo que ya existe, lo más probable es que me cierren las puertas. Ese es el error de muchos emprendedores, ofrecer productos sin valor agregado, sin diferenciación. Ofrecer algo novedoso a una cadena que se caracteriza por querer tener de todo no fue difícil. Además, nuestro producto está bien hecho, bien diseñado y es rico”.

 

“Para nosotros era importante entregar un producto mucho más saludable sin cobrar una fortuna. En la medida que produzcamos más, seguiremos bajando el precio”.

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