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EDICIÓN | Octubre 2017

APASIONADA

Daniela Seyler, Ultra Trail Runner
APASIONADA

Viene de cumplir su sueño de correr la Ultra Trail Mont Blanc. Recorrió ciento un kilómetros sin reloj, que es como le gusta enfrentar la montaña, y sintió que volaba por Los Alpes, en una de las carreras más famosas del mundo. Esta deportista no corre por medallas ni récords, sino que por puro placer.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotos Andrea Barceló A.

Al hablar con Daniela Seyler se pierde la cuenta de las carreras de maratón, gran fondo, triatlón y trail que ha hecho en su vida. Por incontables ciudades y cerros del mundo, esta chilena ha dejado –literalmente– su huella.

Su última hazaña ha sido correr la CCC, una de las cinco carreras de la Ultra Trail Mont Blanc UTMB, que reúne cada año a cerca de ocho mil competidores de elite mundial en Chamonix, Francia, para vivir una experiencia de esfuerzo y superación física y mental.

Durante un año se preparó con su entrenador Roberto Barrientos. Hizo el Triatlón de Pucón, el Gran Fondo de Nueva York, que consiste en ciento sesenta kilómetros de ruta en bicicleta, y la carrera de Trail Torrencial Valdivia. Todo para correr en Francia, durante diecinueve horas, en una aventura que describe como la mejor que ha tenido hasta el momento.

“La Mont Blanc es una carrera mítica. Puede que haya carreras más difíciles o más largas, existen rutas por el desierto o con desniveles mucho mayores, pero esta es la más famosa. Es una maravilla”.

 

¿Qué es lo que la hace tan especial?

Los Alpes son preciosos. A mí se me pasó volando. Cuando llegué a la meta sentí que podría haber seguido corriendo, porque mentalmente estaba preparada para correr más, pero se me acabó la carrera. 

 

¿Hiciste menos tiempo del esperado?

Sí, pero yo dejé de competir. Antes me importaban las marcas, ahora en cambio estoy tomando muy distinto el tema del cerro. Solamente quiero correr, hacer carreras entretenidas y conocer lugares. Para mí el tiempo no existe, lo borré, no me interesa pasar a alguien o que me pasen. Ya superé esa etapa.

 

METIDA EN EL BARRO

 

Su llegada al deporte fue todo un proceso. Salvo por la gimnasia que practicaba en su colegio, no se recuerda a sí misma como una alumna especialmente deportista, pero sí como una niña inquieta, sedienta de aventuras y hasta un poco intrépida.

 

“Siempre fui pelusa cuando chica. Estaba metida en el barro, haciendo clubes arriba de los árboles. Si nevaba, yo salía a esquiar igual; me quedaba encerrada en los andariveles y me daba lo mismo. Era osada desde chica”, recuerda.

 

¿Te gustaba la montaña?

Esquié mucho y mi sueño era hacer kilómetro lanzado. Yo creo que siempre busqué algo que me entregara la adrenalina o la fuerza que me trae este deporte hoy. Finalmente lo encontré, pero fueron años de búsqueda. 

 

Estaba en ese proceso, ya en su juventud, completamente dedicada al boxeo tailandés, cuando la exigencia de su entrenador de salir a correr le mostró, por primera vez, el mundo del running. Le empezó a gustar de a poco y junto a una rama de corredores del Colegio Craighouse, empezó a hacer maratones. Completó Berlín, Buenos Aires, Nueva York y Santiago dos veces.

 

¿Y cómo pasaste de la calle a la montaña?

Es que yo creo que correr es un poco adictivo, porque al principio hacía calle, pero luego de hacer el cruce de Los Andes entre Chile y Argentina, donde estuve tres días en la montaña, me quedé en el cerro. No quise calle nunca más.

 

¿Por qué?

Porque el tiempo no existe, te pierdes en el cerro y disfrutas de un modo distinto. Cuando son largas distancias entiendes que el cuerpo llega a límites de los que te puedes sobreponer. Y esas son sensaciones increíbles. Es, además, un deporte muy libre. Te detienes, te sientas en una roca, miras el paisaje. Es muy relajado.

 

SIN MIEDO

 

Hoy en su entorno familiar nadie mira con sorpresa su estilo de vida. Su marido suele acompañarla a las carreras, salir en mountainbike con ella mientras entrena y sus cuatro hijos poco a poco, y a medida que crecen, la acompañan en sus aventuras. “Creo que hoy entienden que el hecho de que yo haga deporte genera bienestar para todos”, reflexiona.

 

¿Y quieren seguir tu ejemplo?

Nunca los he obligado a hacer deporte, porque creo que es algo que tiene que nacer. A mí me llena el alma, entonces les digo que lo único que quiero es que encuentren su montaña, es decir, el espacio que les provoque felicidad.  

 

¿Eso es para ti la montaña?

Cuando haces algo con pasión, cuando lo que estás haciendo realmente te gusta, te motiva y estás contenta, te llenas de energía. Por eso les digo que quiero que descubran su propia montaña. Puede que sea en un escritorio, nadando o andando en bicicleta, pero tiene que ser algo hecho con pasión.

 

¿Cómo compatibilizas tantos viajes con una familia grande?

Yo podría pasar todo el día en el cerro, pero siempre cuido los espacios familiares. Soy capaz de levantarme mucho más temprano o de entrenar en horarios que no interrumpan la vida familiar. 

 

¿Y no tienes miedo?

En este deporte no cabe el miedo. Piensa que, generalmente, en las carreras de ultra corres mucho de noche, entonces hay un momento en que te quedas sola. Con miedo sería muy difícil salir. Normalmente tengo que entrenar sola porque ¿quién te va acompañar a subir los cerros?, ¿quién te apaña en correr veinticinco kilómetros?

 

¿Y de dónde sacas esa valentía?

El mismo deporte te la da. Llegas a un nivel de conocimiento de ti misma muy grande, porque en la montaña aparecen todos tus demonios y todas tus virtudes y tú decides qué tomar. Uno se aprende a conocer muy bien. El trabajo de conectarse a concho con uno constantemente te hace crecer y entender un montón de cosas que son vitales.

 

Daniela piensa que se ha mejorado mucho el nivel de este deporte en nuestro país. Ella misma cuenta con los auspicios de Compressport Chile y Altra Running, y ve como cada vez se encuentra con más compatriotas en sus viajes, pero cree que tenemos las condiciones naturales para ser líderes en la disciplina.

 

“Yo no entiendo por qué los argentinos nos ganan. Ellos entrenan en la subida de los puentes y nosotros teniendo las montañas que tenemos, muchas veces no estamos a ese nivel. Tenemos un jardín natural maravilloso. Todas estas montañas, todos estos parques que nos rodean, son un auténtico privilegio” dice.

 

¿Y crees que puede ser asequible para todos?

Lo único que tienes que tener son unas zapatillas de montaña. Lo que sí, hay que partir de a poco porque el cerro es duro. Pero una vez arriba, en la cumbre, te sientas y observas, y es todo tan pequeño a tu alrededor. Todo parece más simple.

 

Hace bien para la cabeza también…

Al hacer deporte de montaña le tomas más conciencia a la vida diaria. Piensas: ¡Llegué acá corriendo!, y miras para los lados y ves toda la cordillera. ¡Es impresionante! La vida se hace más simple, te enrollas menos y aprecias las pequeñas cosas, entonces cuando bajas y llegas a tu casa, ves lo cotidiano… y simplemente eres más feliz.

 

“Solamente quiero correr, hacer carreras entretenidas, conocer lugares. Para mí el tiempo no existe, lo borré, no me interesa pasar a alguien o que me pasen. Ya superé esa etapa”.

 

“Cuando son largas distancias entiendes que el cuerpo llega a límites de los que te puedes sobreponer. Y esas son sensaciones increíbles. Es, además, un deporte muy libre. Te detienes, te sientas en una roca, miras el paisaje. Es muy relajado”.

 

“Llegas un nivel de conocimiento de ti misma muy grande, porque en la montaña aparecen todos tus demonios y todas tus virtudes y tú decides qué tomar. Uno se aprende a conocer muy bien”.

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