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EDICIÓN | Octubre 2017

CIENCIA ESCOLAR SIN LÍMITES

Fredy Segura, profesor de química, Instituto Andrés Bello de Talca
CIENCIA ESCOLAR SIN LÍMITES

Motivado por cautivar a los niños con la ciencia, el 2013 el profesor de química Fredy Segura creó un taller extraprogramático en el Instituto Andrés Bello de Talca. Fue allí donde Luciano Imas y Felipe Islas, dos alumnos de segundo medio, probaron la existencia de propiedades antibióticas en la hoja del olivo. El descubrimiento les valió la medalla de plata en la cumbre mundial “Genius Olympiad 2017” en Nueva York. Aquí Fredy y Luciano cuentan su historia.

Por Fernanda Schorr. Fotografías de Francisco Cárcamo P.

En junio de este año, Felipe y Luciano, dos estudiantes de segundo medio del Instituto Andrés Bello de Talca, hicieron historia junto a su profesor de química, Fredy Segura (31), tras recibir la medalla de plata en la cumbre mundial “Genius Olympiad 2017” en Nueva York. Habían descubierto, en un taller de ciencia escolar, propiedades especiales en la hoja del olivo, capaces de inhibir el crecimiento de ciertas bacterias que atacan al organismo humano. Después de presentarse en varios certámenes de ciencia escolar en Chile, su proyecto denominado “Olea Europaea vs. Antibióticos de tipo tradicionales”, ganaba el segundo lugar entre setecientos noventa proyectos de todo el mundo, al mismo tiempo que el profesor del equipo anunciaba emocionado en sus redes sociales: “Desde la Genius Olympiad, medalla para Chile”.

Todo comenzó en 2013, en el laboratorio improvisado que armó el profesor en una ducha inutilizable del colegio, motivado por las ganas de formar un taller de ciencias: “Tomé este mesón y le dije a la directora que empezáramos a trabajar con los niños en algunos talleres”. Ese año el profesor reclutó a cuatro niños de enseñanza básica, a los que tiempo después se sumaron Felipe y Luciano, que iban en séptimo año: “Era el lugar donde podíamos hacer lo que nos gustaba, que era la ciencia, descubrir cosas y hacer experimentos químicos”, recuerda el alumno.

En el taller de ciencias, al que llamó “Albert Einstein”, el profesor les habló a los alumnos de la crisis a la que se enfrentan los antibióticos, debido a que algunas bacterias se han vuelto cada vez más resistentes a estos tratamientos. Frente a esa problemática les pidió que investigaran las propiedades antibacterianas de diversas plantas, a partir de la técnica conocida como antibiograma. “Cultivamos bacterias en una placa petri y luego añadimos al centro un extracto de la planta. Si aparecía un círculo alrededor del extracto, era señal de que este estaba impidiendo el crecimiento bacteriano, lo que se conoce como halo de inhibición”, explica Fredy.

Los estudiantes llevaban un año ensayando con extractos de diferentes plantas como el matico, el boldo y el aloe vera sin obtener resultados, hasta que luego de descartar la aceituna, se les ocurrió probar con las hojas del olivo. Una tarde, al abrir la estufa de cultivo, vieron que se había generado una pequeña área alrededor del extracto del árbol. En ese momento Felipe entró a la sala donde se encontraba su profesor, diciendo: “¡Profe, profe, mire, venga a ver la estufa!”. “Qué pasó, ¿explotó?”, preguntó el profesor. “No, mire lo que está pasando acá, hay un halo”.

ENSAYO Y ERROR

“Fue puro ensayo y error, así como Alexander Fleming descubrió la famosa penicilina”, dice Fredy. De esta manera Luciano y Felipe demostraron que el principio activo del olivo funcionaba contra bacterias patógenas como la Eschericha Colli, común en enfermedades gastrointestinales y respiratorias, el Estafilococo Aureus, Estreptococo y Proteus Mirabilis (causantes de faringitis y enfermedades gastrointestinales). Luego compararon los resultados con los antibióticos utilizados contra esas bacterias, y así el proyecto se hizo más ambicioso e innovador. “Funcionó, y lo mágico es que era ciencia escolar”, comenta el profesor, quien además enseña microbiología en la Universidad Católica del Maule. “Ni siquiera en la universidad había logrado lo que hicimos con estos niños”.

Aunque el equipo de pequeños investigadores no ha creado un antibiótico, una de las opciones a futuro es poder desarrollar el principio activo que descubrieron y probar su efectividad en animales o en humanos, para eventualmente descubrir un medicamento contra bacterias patógenas. La investigación hoy está siendo patentada, mientras que Felipe y Luciano ya están invitados a presentar su proyecto a ferias científicas de Turquía, China, Londres, y Alemania. “Aún estamos viendo el financiamiento, pero lo más probable es que vayamos”, comenta el profesor.

¿Qué sintieron cuando vieron los primeros resultados en su experimento?

Luciano: Ya estábamos medios desesperanzados después de probar con tantas plantas, pero cuando llegó el momento de sacar el experimento de la estufa de cultivo y vimos un área alrededor de la bacteria, fue fuerte. Se te vienen a la mente todas las cosas que puedes hacer. Es algo tuyo, y eso nos hace tomarle el peso y motivarnos cada día a seguir trabajando más.

¿Qué los motivó a descubrir este principio activo?

Luciano: Fue el deseo de generar algo nuevo, propio y no estar haciendo experimentos en Internet o en YouTube, sino que algo donde nosotros pudiéramos hacer nuestro aporte y entregar nuestro granito de arena a la ciencia. La materia la vas a aprender en el colegio, pero el hecho de estar generando cosas propias, eso no lo hace cualquier estudiante.

¿Cómo recibieron la medalla de plata?

Fredy: Siempre nos pasa lo mismo, nunca esperamos nada. Sólo íbamos a disfrutar. Yo no podía estar presente cuando los niños presentaran su proyecto y los evaluaran. Había setecientos noventa proyectos de ciencia y más de mil quinientos planes a nivel mundial. Solo China llevaba treinta proyectos de ciencia. De Latinoamérica éramos los únicos chilenos en este rubro.

¿Cuál sería el siguiente paso en la investigación?

Fredy: Por ahora necesitamos ayuda científica para poder armar esto, yo he estado en conversaciones con científicos de laboratorios para empezar a mejorar, cambiar o seguir en la misma línea de investigaciones, para eventualmente poder convertirlo en un antibiótico. Ya no es ciencia escolar, esto ya salió de ahí...

Luciano: En este momento, para seguir trabajando, nos faltan implementos, ya llegamos al principio activo pero ahora hay que irse a la vía molecular, que es otro grado, algo más a nivel universitario y más elevado de lo que nosotros estamos acostumbrados.

ENAMORARSE DE LA CIENCIA

Para el profesor detrás de este proyecto, el éxito se logra con esfuerzo y con fracaso. “Esto es un proceso, tienes que pasar por todo”, dice Fredy, quien en un par de años pasó de construir estufas con plumavit para su precario taller de ciencias, a montar un laboratorio en el colegio de dos salas y con todo el equipamiento necesario. Para él, el proceso ha sido un poco mágico, ya que “de partida no teníamos recursos, y fueron apareciendo personas en el camino, se dieron instancias con gente que ni siquiera te piensas encontrar y que ayudaron a que esto se armara”.

No es del tipo de profesor que dicta para que anoten y, en sus clases, prefiere cambiar el switch, mostrando cosas dinámicas y didácticas a los estudiantes: “Es un profesor súper carismático que motiva. Le encanta echar la talla, pero sin perder la concentración en su cátedra. Va generando una clase lo más dinámica posible, eso es lo que lo diferencia de otros”, comenta Luciano. Hoy, en el colegio, Fredy hace clases sólo a un curso, ya que el resto del tiempo está enfocado al taller y a la investigación. “La directora me apoyó, ya que en septiembre voy a ferias de ciencias con algunos alumnos, y no podía dejar los cursos botados. O te dedicas a hacer clases y hacerlo bien, o a hacer investigación”.

Dos proyectos de alumnos del Taller de Ciencias “Albert Einstein” ya fueron seleccionados para participar en la feria de tecnología de Concepción; además, el profesor viajará junto a dos grupos de niños al Museo de Historia Natural a exponer sus proyectos. “Luego vamos a ir a una feria nacional en Valdivia, después a Santiago y a otra en La Serena. En total son diez proyectos que vamos a llevar a ferias nacionales”, cuenta emocionado.

¿Qué hace falta en los colegios para lograr instancias de aprendizaje como esta?

Primero, descentralizar la educación, porque la gente cree que todo pasa en Santiago y acá las cosas sí se pueden lograr encontrando a las personas precisas. Yo no estoy haciendo educación tradicional, me tuve que salir un poco del currículum escolar porque eso te delimita.

Y en cuanto al nivel de exigencia, ¿crees que es bajo en general?

Sí, hay una tendencia a menospreciar un poco la riqueza que tienen los alumnos, y sí se les puede exigir. Estos cabros son una esponja, así que, aunque cueste al principio, hay que hacerlo. Con poco se puede lograr mucho, va en la motivación del profe y en la riqueza que te da la diversidad de los estudiantes.

¿Qué consejo les darías a profesores que quieran promover la investigación en sus alumnos?

Que les dediquen más tiempo, no hay excusas. El currículum te permite hacer cosas. Cambia la rutina de tu clase, y si no te lo permite el colegio, arma un taller ecológico y sal con los niños a ver los pajaritos en el medioambiente. El profe tiene que cambiar el esquema, tú eres el líder de la clase, no te la puede ganar ni el contexto, ni los alumnos. 

 

“En este momento, para seguir trabajando, nos faltan implementos, ya llegamos al principio activo pero ahora hay que irse a la vía molecular, que es otro grado, algo más a nivel universitario y más elevado de lo que nosotros estamos acostumbrados”, Luciano Imas.

“Tienes que marcarles la diferencia a los alumnos para que se crean el cuento de lo que están haciendo, buscar las instancias para que puedan tomarle el sentido y enamorarse de la ciencia”, Fredy Segura

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