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Entrevistas

EDICIÓN | Octubre 2017

El arte de improvisar

Raúl “Talo” Pinto, payador
El arte de improvisar

Acompañado de arpa, acordeón, guitarra, guitarrón, rabel, bandoleón o pandero, da rienda suelta a la creatividad y, con un talento innato, sin pautas, va improvisando cuecas, cantos en décima y payas. Su espontaneidad, naturalidad y el aporte a las tradiciones chilenas, llevando su música a los más recónditos rincones de la región y del país, lo han consagrado en un arte que requiere mucho más que práctica. 

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

Estaba en el colegio cuando escuchó, por primera vez, a un grupo instrumental que interpretaba canciones de Violeta Parra, Víctor Jara y Atahualpa Yupanqui. Era su primer show en vivo y quedó impresionado. De inmediato se fue a la biblioteca para investigar sobre estos cantautores y, a los pocos días, se integró a un grupo folclórico. Tenía diez años cuando tuvo su primer flechazo con la música.

 

“Cuando tenía doce años y aprendí a tocar bien la guitarra, comencé a improvisar cuecas de manera espontánea y natural, sin cuestionarme que eso era una cueca o un canto improvisado. Mi hermana me cuenta que cuando salíamos de compras yo iba inventando canciones de las cosas que veía en el camino”, recuerda Raúl Pinto (58), más conocido como “Talo”.

 

Con el tiempo, formó parte de un grupo musical de la Universidad Técnica del Estado. “En ese momento estaba el colegio y ese grupo lo integraban solo universitarios… cómo habré “hinchado” para ingresar, que finalmente me aceptaron”, recalca.

 

Al egresar del Liceo de Coquimbo, su padre le dijo que estudiara ingeniería en minas en la Universidad Técnica del Estado. Desertó al año y no porque no le gustase la carrera, sino porque su mundo era la música y el grupo al que pertenecía le había dado la independencia económica para tomar sus propias decisiones. Fue así como optó por estudiar pedagogía en Música y hace treinta años es docente en el Departamento de Música de la Universidad de La Serena.

 

¿A tan corta edad las cuecas ya eran tus composiciones predilectas?

En ese momento no tenía conciencia de lo que cantaba. Cuando estudié música me di cuenta de que la cueca improvisada era una tradición única y original de la Región de Coquimbo. En la década del ochenta, cuando comencé a tomar contacto con los payadores de la zona central, improvisé una cueca y para ellos fue una tremenda novedad. Uno de ellos me dijo que se sabía cerca de cincuenta cuecas, pero que nunca se le había ocurrido improvisarlas. Después conocí a Margot Loyola, a Raúl de Ramón, a Manuel Dannemann, gran investigador de nuestras tradiciones, y ellos me decían que la cueca no se improvisaba en ninguna parte de Chile, pues no tenían la información de que en Coquimbo sí se hacía.

 

 

 

 

LA TÉCNICA DE LA RIMA

 

Sin duda, improvisar es un talento, ¿cómo logras potenciarlo?

Lo sigo potenciando cada día. He dado clases a cerca de cuatrocientos estudiantes en un año y a todos les he enseñado a improvisar y más de alguno lo ha aprendido. En ciertos talleres o electivos aparecen el canto de la décima, el canto de la cueca o el canto del acople, y a cada uno de estos cantos le he sumado la improvisación. Ahora, de cómo lo cultivo, la verdad es que todas las semanas hago dos o tres presentaciones, que pueden ser eventos pagados o ad honorem en colegios o juntas de vecino. En cada una de ellas siempre improviso… como dijo un amigo “el payador es como un futbolista”, si no se practica, no resulta…

 

¿Pero en la dinámica de la paya, se mezclan varias técnicas?

La paya se da entre dos personas o más, si lo hago solo, es una improvisación. Las payas son al ritmo de tonadas, de cuecas o del canto a lo poeta. Ahora, la fórmula está en la técnica de la estructura poética de la rima que va acompañada con la música.

 

¿La observación es un punto importante?

¡Sí! En cualquier presentación me detengo a observar lo que está pasando con los invitados o pongo atención en qué dijeron durante el discurso para crear los cantos improvisados y en distintas tonadas. Voy dinamizando para que no sea repetitivo y uso diferentes instrumentos. Nunca uso pautas, a menos que alguien me pida algo especial. Me gusta actuar al principio del show porque la gente está más atenta y porque me gusta prender y amenizar el ambiente.

 

¿Hay mucho de picardía, también?

Todas las gamas de las emociones están presentes en una paya. A mí me gusta la picardía y el desafío de estar picaneando al contrincante para que me responda de la misma manera. También me interesa hablar sobre temas profundos, que van desde lo esencialmente humano hasta lo cotidiano de la vida. Me ha tocado improvisar en funerales, matrimonios, cumpleaños, etc.

 

¿Logras llevar al papel estas creaciones?

Muy poco, porque como es improvisado no grabo nada, ¡ya fue! A modo de anécdota, en una oportunidad un payador de Pirque hizo un brindis que me parecía muy conocido, pero no pude asociarlo a alguien. Cuando le pregunté de quien era la paya me dijo: “es tuyo, pues”.

 

¿Y qué decía esa paya?

Brindo por la canela y por el clavo de olor, que le dan mejor sabor al agua de la tetera. Chuchoca pa` la cazuela que yo muy bien disfruto, el gallo estará de luto en este acontecimiento… él sufriendo los tormentos y yo comiéndome sus tutos.

 

PREMIO REGIONAL

 

El año pasado, Talo Pinto fue reconocido por el Consejo de la Cultura y las Artes en virtud de su aporte y fomento de las tradiciones de nuestro país, a través de la música. Un premio que recibió con orgullo, pero al mismo tiempo afirma: “hace diez años no habría aceptado mi postulación a este reconocimiento”.

 

¿A qué se debió ese cambio?

He llegado a una madurez, por lo que puedo vanagloriarme de los pocos laureles que he ganado. Cuando la directora regional del Consejo de la Cultura y las Artes, Daniela Serani, me dio la noticia, debo reconocer que le dije: “si no hubiese sido porque he ido a cantar a lugares recónditos de la región, que no alcanzan a ser ni siquiera villorrios, con escuelas de dos, tres o cinco estudiantes, no habría tenido el valor de aceptar este premio”. Esto puede sonar algo soberbio, pero no lo es. Cuando voy a estos lugares lo que hago es nutrirme de la esencia de nuestras tradiciones y doy a conocer algo que los niños nunca han visto ni han escuchado.

 

¿Has tenido la posibilidad de conocer todo el país gracias a la música?

Lo único que no conozco es la Antártica y la Isla de Pascua. Me interesa visitar todos los rincones de Chile y puedo jactarme de conocer mucho más a lo ancho que a lo largo, gracias a la música. En esta región me quedan muy pocos caminos secundarios por recorrer.

 

¿Y de los escenarios, cuáles destacas?

Como solista y con mi grupo de cueca Los Chinganeros del Puerto, que nació en 1979 y que a partir de 1994 lo integramos tres payadores, estuvimos en la Pampilla de Coquimbo en algunas ocasiones. También, en los carnavales de Valparaíso que se hacen en enero y, en el 2018, estamos invitados nuevamente. He participado en once oportunidades en los Encuentros Nacionales de Payadores, incluso como animador. Como solista inauguré el Festival de San Bernardo y como grupo participamos hace varios años en el Festival de Olmué.

 

¿Tienes una idea de cuántos payadores existen en nuestro país?

Desgraciadamente, las tradiciones se conocen poco porque los grandes medios de comunicación no se interesan en difundirlas y el Estado tampoco se ha manifestado en reconocerlas o protegerlas. Chile es el único país que no cuenta con leyes de difusión o de protección para la música y el arte. Todos los países de Latinoamérica sí las tienen y desde 1910. Francisco Astorga, amigo y payador de Codegua, me comentó, hace diez años, que había realizado un catastro en los distintos lugares que había visitado. En ese entonces, eran cerca de diez mil cantores populares que hacían canto en décima. Hoy, deben ser unos veinte mil y, tal vez, muchos más.

 

¿Cuál es tu percepción de cómo vivimos, hoy, nuestras tradiciones?

Veo dos mundos. Las tradiciones las hacemos nosotros y a cada rato, me refiero a los payadores y cantores populares. En los lugares donde las tradiciones llevan más de cuatrocientos años, por supuesto que está muy arraigada y nunca morirán. En los años sesenta un investigador dijo que el canto a lo divino, el canto a lo humano, los payadores, iban a desaparecer, sin embargo, en vez de morir han ido in crescendo. Que esto no se conozca en los medios es otro cuento. Yo diría que hay un mundo de la tradición que se vive todo el año y, durante septiembre, hay otro mundo… el de los grupos folclóricos que proyectan lo que alguna vez fue tradición.

 

Tu agenda debe estar copada durante septiembre

Honestamente, hago menos “pegas” en septiembre que durante el año. Y esto es porque como se tiende a hacer eventos más masivos, el público espera otro tipo de show, más cumbiancheros. Lo que hago son algunas presentaciones en empresas o en casas particulares.

 

¿Te gustaría dedicarte solo a los eventos y presentaciones?

Si solo viviera de esto ganaría mucho más dinero, pero me gusta hacer clases ¡No lo dejaría por nada del mundo! A mis alumnos no los abandono… tal vez, cuando jubilé, me dedique a esto en un ciento por ciento.

 

¿Podrías improvisar algo dedicado a la revista Tell?

En revista Tell cumplen con sus deberes, pues lo más importante son sus mujeres que entrevistan y lo hacen bien, con esto me doy a entender, ya que hablamos de la raíz, que yo me siento muy feliz porque la Tell está en seis regiones del país.

 

“Cuando estudié música me di cuenta de que la cueca improvisada era una tradición única y original de la región de Coquimbo”.

“Como dijo un amigo “el payador es como un futbolista” si no se practica, no resulta…”.

“Si no hubiese sido porque he ido a cantar a lugares recónditos de la región, que no alcanzan a ser ni siquiera villorrios, con escuelas de dos, tres o cinco estudiantes, no habría tenido el valor de aceptar este premio”.

“Si solo viviera de esto ganaría mucho más dinero, pero me gusta hacer clases ¡No lo dejaría por nada del mundo!”.

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