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EDICIÓN | Octubre 2017

El milagro de una herencia

María Eugenia Reyes, presidenta Corporación Protectora de la Infancia
El milagro de una herencia

Por más de un siglo, esta institución laica y sin fines de lucro, ha realizado un trabajo de hormiga y prácticamente en silencio. Brindar alimentación, apoyo en educación, en salud y, por sobre todo, proteger a niñas y niños en riesgo social ha sido su bandera de lucha. Hoy, frente a la cruenta realidad del SENAME, María Eugenia Reyes es categórica en afirmar que el desafío de la Protectora es aún mayor. “No queremos que los niños lleguen a hogares o residencias”, recalca.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

En 1913, un grupo de mujeres de reconocidas familias serenenses, entre ellas, Del Río y Chadwick, decidieron aunar sus voluntades y entregar ayuda a los niños y niñas más desprotegidos y necesitados de la zona. Enseñar a las madres a cuidar a sus recién nacidos y entregar alimento a los alumnos en riesgo social del colegio Justo Donoso (hoy, Elena Bettini), fue el primer objetivo de la entonces Sociedad Protectora de la Infancia.

 

Por largo tiempo, esta institución se financiaba solo con el aporte de las voluntarias, pues, en 1935, Hernando Moucheney hereda a la protectora una vivienda, ubicada en la calle Gregorio Cordovez. Su primera presidenta, Josefina Cavada de Alonso, decide arrendar las habitaciones de esta propiedad para recibir mayores ingresos y, así, aumentar la ayuda que cada vez se hacía más necesaria.

 

Su primer directorio se formó en 1953, conformado por María Pizarro de Claro, Cristina Maturana de Varela, Julia Chadwick de Solar, María Álvarez de Chadwick, Estela Rondanelli del Río y Emma Espinoza del Río. Con los años, dejó de ser sociedad y pasó a llamarse Corporación Protectora de la Infancia.

 

En 1974, la asistente social de la Universidad Católica de Valparaíso, María Eugenia Reyes, llega a La Serena por razones laborales de su esposo, Luis Moncayo. Mientras trabajaba en el Arzobispado de La Serena a cargo de la Vicaría de la Solidaridad es invitada a formar de la Corporación. “En 1977, ingresé como socia y en ese tiempo, como trabajaba en el arzobispado, tuve la posibilidad de derivar ciertos casos a la protectora y esta, a su vez, acogía las solicitudes para realizar los aportes, de manera que fue muy positivo”, recuerda María Eugenia, madre de tres hijos, abuela de siete nietos y presidenta de esta corporación desde el 2008.

 

Actualmente, quince mujeres socias y voluntarias la acompañan en esta labor. Una asistente social y dos técnicos en trabajo social forman parte del equipo permanente de la corporación, institución que en agosto de este año inauguró su nueva oficina ubicada en la calle Regimiento Coquimbo de La Serena. Desde aquí, reafirman diariamente el compromiso que tienen desde su origen con el colegio Elena Bettini y con las trescientas treinta y siete familias en riesgo social que se han ido sumando a lo largo de su historia.

 

¿Cuál es la labor que realizan con el colegio Elena Bettini?

Construimos un gimnasio, salas de clases y todos los meses aportamos con treinta becas para niños y niñas que requieran financiar sus estudios, vestuario y estadía en el colegio. Tenemos una asistente social que estudia cada caso y nos deriva las solicitudes y contamos con un profesor de computación para que los niños accedan fácilmente a sus clases. Además, tengo la alegría de haber formado parte de la gestión para que la Fundación Arteaga del Río donara violines para una orquesta musical integrada por alumnos de este colegio.

 

¿Y qué tipo de ayuda brindan a las familias que se han sumado a esta obra?

Nuestra atención se centra también en familias que pertenecen al cuarenta por ciento de la población más vulnerable, de acuerdo con la Cartola de Registro Social de Hogares. Son alrededor de ochocientos niños y niñas de La Serena, Coquimbo y otras zonas rurales, que reciben una ayuda complementaria a la otorgada por los CESFAM, ya sea en leche, desde los seis meses hasta los seis años de edad, y en fórmulas lácteas cuando es indicado por los profesionales de la salud, incluyendo apoyo en complementos nutricionales a niños y niñas con dificultades médicas de cuidado y, en ocasiones, incluimos a niños por sobre los seis años con diagnóstico médico. Además, entregamos ayuda parcial o total para compras de medicamentos cuando el servicio público no entrega la cobertura.

 

¿En esta gran red de atención han incorporado también a otras instituciones?

Frente al aumento de casos de diagnóstico de déficit atencional estamos brindando apoyo en base a Flores de Bach y clases de yoga a los niños del colegio Nuestra Señora de Andacollo de los Hermanos Maristas. Además, solicitamos al colegio la extensión del horario de clases para que los niños no queden solos en sus casas mientras los padres trabajan. Permanecen allí hasta las seis de la tarde y ha sido una medida muy positiva de protección y de resguardo. Además de recibir sus alimentos, cuentan con un sicopedagogo que les ayuda con las tareas y deberes.

 

EDUCAR Y PREVENIR

 

¿Cómo financian todas estas obras?

Hasta el día de hoy nosotros no tenemos ningún tipo de financiamiento estatal o municipal. Esta obra se sustenta solo con el arriendo de la propiedad heredada por Moucheney.

 

Sin duda, un regalo del cielo

¡Absolutamente! El 2 de enero de 1997 se produjo un incendio en el centro de La Serena y esta casa quedó destruida. En esa época, la fundadora de esta institución, Ema del Río, solicitó al municipio que se demoliera lo poco que quedaba de esta casa y como los terrenos eran tan cotizados se arrendó a una conocida tienda comercial, por un periodo de treinta años. Quedó establecido, entonces, que todo lo que se construyese en ese terreno quedaba a favor de la Protectora de la Infancia. Desde 1997 tenemos arrendado ese local y mensualmente recibimos un ingreso, lo que nos ha permitido financiar todos los gastos y necesidades de la corporación.

 

¿Y con respecto a los padres, cuál es la labor de la protectora?

Realizamos una serie de talleres de formación que van dirigidos a las madres, entre ellos, de educación sexual para adolescentes, cómo lograr una buena comunicación con la familia, talleres de desarrollo personal y otros. Una vez al año hacemos una jornada educativa y recreativa con todas las mamás que asisten a los talleres. Se abordan temas como la prevención del cáncer cervicouterino, temas nutricionales para sus hijos, entre otros. En las tardes hacen clases de zumba y contratamos dos peluqueras que las dejan estupendas. Con todo esto vemos cómo mejoran su autoestima. Se van felices y renovadas. Y es que el tronco de la familia es la madre. Si la mamá está bien se lo transmitirá a su hijo.

 

La base es educar y entregar herramientas de aprendizaje

Por supuesto. Y a propósito de esto, hace ya varios años, formamos una biblioteca en el sector rural Punta de Piedra, cerca de Altovalsol. Los niños tienen acceso a una serie de libros, gracias a una campaña que realizó también el colegio The International School de La Serena.

 

NO MÁS

 

La dramática y sobrecogedora muerte de más de mil trescientos niños y niñas dentro de los hogares del SENAME ha calado profundamente en los chilenos. Una vergüenza nacional que deja al descubierto la paupérrima protección estatal hacia nuestros menores.

 

¿Cómo te ha impactado esta desoladora realidad?

Ha sido muy fuerte. Ahora, lo que me angustia es que todas las personas que opinan culpan al SENAME, y si bien esta institución tiene el treinta y tres por ciento de la responsabilidad de todos los hogares, una gran parte de la responsabilidad recae en fundaciones y congregaciones religiosas. Lamentablemente, como protectora de la infancia no podemos involucrarnos en esto, no tenemos la facultad, por lo tanto, lo único que nos queda como institución es prevenir el ingreso de los niños a estos hogares y evitar, por sobre todo, el maltrato. Las familias deben tomar conciencia de la responsabilidad que significa tener un hijo.

 

¿La labor de la protectora, en este caso, va dirigida hacia los padres?

Así es. Que los padres se hagan responsables de sus hijos. No hay sanción para los padres de niños que ingresan a los hogares del SENAME. Los sancionados son los niños al enviarlos a estos lugares y ¡eso no es justo! El apoyo del Estado, de la familia, de la sociedad en general es fundamental y todos debemos estar conscientes de este problema.

 

¿Cómo llegar a estos padres para evitar el abandono de sus niños?

En nuestro caso, dando continuidad a la educación en habilidades parentales para la crianza de sus hijos. Que las mamás que llegan acá tomen conciencia de lo que es ser madre, a través de una comunicación directa, con talleres de formación en educación sexual, control de natalidad y otros similares. Nosotros no podemos intervenir en lo que dictamina un tribunal, pero sí podemos prevenir. Hemos tenido casos de mamás que quieren entregar a sus hijos en adopción y que gracias a nuestro apoyo se han arrepentido.

 

¿El consumo de drogas de la madre o el padre es un flagelo que, sin duda, vulnera aún más esta situación?

En ocasiones, la ayuda que se le entrega a un niño es vendida por la madre para comprar drogas y esto es terrible… es muy doloroso. Tenemos el caso de una abuela que tuvo que hacerse cargo de sus cuatro nietos porque su hija es drogadicta. Cada vez que regresa a la casa llega embarazada y le deja a otro hijo. Nuestra tarea es proteger a estos niños, pero cómo logramos que ella se haga un tratamiento y se rehabilite. Lamentablemente es una historia que suma y sigue. Muchos de los niños que ingresan a estos hogares son hijos de madres que están cumpliendo una condena en la cárcel, o bien, son drogadictas y deben ser internadas, de manera que sus hijos quedan carentes de afectividad, de protección y de ayuda económica.

 

¿Qué ha significado estar a la cabeza de esta corporación durante estos casi diez años?

Es mi sentido de vida y de realización y para todas las colaboradoras entregar un servicio a la comunidad es un gran orgullo y satisfacción. Cada día hemos aumentado más la ayuda y, fuera de eso, esta corporación tiene una trayectoria importante en la zona porque, además, nos hemos vinculado con la Asociación de Niños Oncológicos. En esta región no existe un centro oncológico y los niños deben ser derivados a Santiago. Una de las preocupaciones de la protectora es que esta zona cuente con su propio centro.

 

Por largo tiempo, esta institución se financiaba solo con el aporte de las voluntarias, pues, en 1935, Hernando Moucheney hereda a la protectora una vivienda, ubicada en la calle Gregorio Cordovez.

“Nuestra atención se centra también en familias que pertenecen al cuarenta por ciento de la población más vulnerable de acuerdo a la Cartola de Registro Social de Hogares”.

“No hay sanción para los padres de niños que ingresan a los hogares del SENAME. Los sancionados son los niños al enviarlos a estos lugares y ¡eso no es justo!”.

“Nosotros no podemos intervenir en lo que dictamina un tribunal, pero sí podemos prevenir”.

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