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EDICIÓN | Septiembre 2017

Tercera línea

Benjamín Soto, rugbista
Tercera línea

Con veinte años recién cumplidos y una carrera en franco ascenso, representa el recambio del rugby penquista y nacional. Lo avalan sus buenos resultados en Old John’s y la selección chilena de la categoría. 

Por Érico Soto M. / Fotografía: Sonja San Martín D.

Entre febrero y mayo de este año, Benjamín Soto Besamat (20) vivió una experiencia que todo rugbista quisiera contar: viajó hasta Nueva Zelanda para perfeccionar su juego con la ovalada en compañía de los mejores del mundo. Una aventura que lo llevó hasta Oceanía por tres meses, en los que se enroló a los equipos A y B de Greerton Marist, en la ciudad de Tauranga, donde vivió, comió y respiró rugby.

 

Fue un desafío que Benjamín tomó sin dudar apenas llegó la opción, propiciada por la academia TCM Sport, con la idea de potenciar el nivel que lo hizo ascender en su club, Old John’s, y también en la selección chilena juvenil de rugby, con la que disputó el Sudamericano de 2016 (Chile) y el Trofeo Mundial de Rugby Juvenil 2017 (Uruguay).

 

INICIOS

 

Sin dejar de lado sus estudios de Ingeniería Civil Química en la Universidad de Concepción, Benjamín anhela mantenerse en el más alto nivel deportivo, conseguir éxitos con el club penquista, con el que ya conquistó la Copa de Plata de la Arusa 2016, y seguir vigente en la selección, para llegar a formar parte de la selección adulta.

 

¿Cuánto llevas en este deporte?

Seis años. Partí en el Colegio Saint John’s y luego en el club Old John’s. Cuando chico jugaba squash, pero era un deporte muy solitario. Cuando mis amigos se empezaron a meter al rugby, como en octavo básico, decidí probarlo. Y me quedé más que nada por la relación que uno genera con los compañeros. La mayoría de mis amigos están vinculados con el rugby.

 

¿Cómo fue tu desempeño desde el inicio?

Cuando llegué no sabía nada. Solo lo que jugaba con mi papá, a taclearnos o botarnos, pero nunca me metí en este deporte. Partí jugando de centro y de wing, pero después pasé de hooker, porque se lesionó el titular de ese puesto en mi colegio. Como yo jugaba básquetbol, tiraba bien la pelota y me metieron en esa posición. Pero luego los entrenadores vieron el juego, me ofrecieron cambiarme y llegué a tercera línea, que es la posición en que me desempeño hasta ahora.

 

¿Cómo fue el cambio de pasar a Old John’s?

Desde el equipo del colegio, entré a la Segunda de Old John’s. Y luego, en cuarto medio, empecé a jugar por el primer equipo. Es un rugby totalmente distinto, mucho más agresivo, más competitivo, y ya no un hobby, porque tiene que ser parte de tu vida. Hay que entrenarse de una manera determinada, para no lesionarse, y la gente de rugby está mucho más comprometida para jugar. Cuando me dieron la confianza de entrar al primer equipo, he tratado de ser lo más responsable posible.

 

Y mientras tanto, mejoraba tu nivel…

Los entrenadores, entre ellos Dalivor Franulic, me ayudaron a levantar mi nivel, con más confianza. Él me hizo debutar en Primera, y ahí uno se exige más para estar en ese nivel. Cuando subí a Old John’s, participamos en la Copa de Plata de la Arusa y jugué los primeros partidos en esa categoría, con equipos de Santiago, Viña del Mar y Concepción. Y después, el año pasado, ganamos esa Copa de Plata. Yo jugué más, incluida la semifinal y la final, contra Alumni. Haber ganado algo fue súper lindo.

 

¿Cuáles crees que son tus principales atributos en este deporte?

Soy muy comprometido con el equipo. Hago todo lo mejor posible para ayudar de mejor manera al grupo. Y técnicamente, me han dicho que soy un buen pescador. Y tengo un buen tacle, nada de otro mundo, pero sí muy efectivo, porque no suelo fallarlo. 

 

SUEÑOS DE SELECCIÓN

 

Los avances de Benjamín Soto en el rugby han sido sorprendentes: pasó rápidamente desde el equipo del colegio al equipo reserva de Old John’s y, luego, al plantel estelar, tomando la titularidad en la obtención de la Copa de Plata de la Arusa. Así, no fue sorpresa que llegara la nominación a la selección nacional juvenil, disputando de forma sucesiva con ella dos torneos internacionales. Un desafío por el que sigue entrenando, pues su sueño es llegar a la selección adulta.

 

¿Cómo llegó la selección?

Yo estaba en primer año en la universidad, y jugando el Torneo de Apertura con la Segunda de Old John’s. Ahí fue cuando mi entrenador me dijo que quería que jugara en Primera, pero tenía que ganármelo. Entonces hubo un concentrado de la selección M-19 en Concepción, pero no pude ir, porque mi entrenador pidió que jugara un partido por el club, en Primera, que era más exigente que un entrenamiento de la selección. Lo hice y me sumé a la selección en Santiago. He ido demostrando cosas, viviendo partido a partido.

 

Y luego llegaron las competencias…

Seguí en la selección, jugué en el sudamericano del año pasado en Santiago, donde salimos segundos, y estuve en dos de tres partidos, contra Brasil y Paraguay. Y este año fue el Trofeo Mundial Juvenil en Uruguay, que es como un Mundial B, y donde salimos quintos, ganándoles a Canadá y Fiyi, pero perdiendo con Japón y Namibia. Yo jugué contra Namibia, Canadá y Fiyi. Cada partido era distinto, se planeaba, pero el adversario hacía cosas muy bien. Errores nuestros costaron las derrotas.

 

PERFECCIONAMIENTO

 

¿Cómo fue tu experiencia en Nueva Zelanda?

Muy buena. Me fui a Nueva Zelanda a principio de este año, para subir mi nivel y tratar de seguir con mi puesto en la selección. La academia TCM Sport me hizo el contacto y mis papás me apoyaron con eso. Eran tres meses, desde febrero a mayo, y en ese periodo congelé estudios, pues ya había perdido dos meses de clases con el sudamericano, y quería seguir entrenándome para mejorar, porque se había abierto la posibilidad de ir al mundial de Uruguay. Entonces, quería mantener el nivel, ser importante para el equipo y tomar un rol. Así que me fui al club Greerton Marist, que tiene equipos en dos divisiones, y jugué en ambas. Allá se ve este deporte de una manera más profesional, porque vivía rugby todo el día. Fui con un compañero de selección, Rodrigo Manzano, y fue una muy buena experiencia.

 

¿Has contado con apoyo?

De mis papás, completamente. También de mi club. E incluso de la universidad, aunque obviamente el hecho de faltar a las clases me perjudica, pues las pruebas que se dan más tarde tienen mayor dificultad, y es difícil estudiar y aprender solo, pero trato de hacerlo lo mejor posible.

 

¿Cuáles son tus desafíos en el rugby?

Con Old John’s, quedar entre los mejores cuatro y ganar la Arusa este año. Estamos concentrados para eso. Y en la selección, seguir entrenando, trabajando, para que en un futuro pueda representar a la adulta. Me encantaría y me llenaría de orgullo. No quiero dejar de jugar rugby.    

 

“Los entrenadores vieron el juego, me ofrecieron cambiarme y llegué a tercera línea, que es la posición en que me desempeño hasta ahora”.

“Soy muy comprometido con el equipo. Hago todo lo mejor posible para ayudar de mejor manera al grupo. Y técnicamente, me han dicho que soy un buen pescador”.

“(En Nueva Zelanda) fui al club Greerton Marist, que tiene equipos en dos divisiones, y jugué en ambas de una manera más profesional, porque vivía rugby todo el día”.

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