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EDICIÓN | Septiembre 2017

Corrupción a la CARTA

Susana Sierra, ingeniera comercial
Corrupción a la CARTA

Desde siempre quiso trabajar en el tema del emprendimiento, pero de a poco la vida la llevó por otros caminos. Sin buscarlo, terminó convertida en experta en un tema del que todos hablan por estos días, pero que nadie quiere asumir: la corrupción. ¿Somos un país corrupto? ¿Qué cosas debiéramos cambiar? ¿Por dónde empezar? Las respuestas parecen más simples de lo que se cree.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos: Andrea Barceló

Salió de la universidad decidida a trabajar en marketing. De hecho, lo hizo por un rato en una multinacional. Pero como el bichito de la independencia siempre le dio vueltas, decidió armar algo propio y lanzarse con una consultora. Al mismo tiempo, empezó a hacer clases de Creación de Empresas en la UC, lo que la acercó al mundo del emprendimiento.

 

Las cosas estaban bastante claras para ella. A tal punto que, en 2011, creó la Fundación Independízate, que hasta hoy asesora a emprendedores en las distintas etapas de su negocio. Pero el futuro profesional le tenía preparado una gran vuelta de tuerca.

 

“Mi papá es socio de una clasificadora de riesgos y me comentó que acababa de salir la Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas y que iba a asociarse con un grupo de abogados en una Certificadora de Modelo de Prevención de Delitos. Me pidió que les armara el plan de negocios. Pero hasta ahí llegaba yo, porque siempre fui un cero a la izquierda en los temas legales; de hecho, para poder armarlo, tuve que hacer un curso”, recuerda.

 

¿Cuál era la función que iba a cumplir esta empresa?

 La ley decía que las empresas iban a tener que establecer modelos para prevenir los delitos corporativos (cohecho, lavado de activos y financiamiento del terrorismo) y que después iban a necesitar una certificación. Al final, me pidieron que me hiciera cargo de gestionar la empresa al mismo tiempo que seguía con los temas de mi fundación… así nació BH Compliance. El 1 de enero estábamos sentados en la mega oficina, pero no pasaba nada, ningún cliente… iba a reuniones y no pasaba nada. Hasta que en junio de ese año reventó el tema de La Polar. Me acuerdo que yo estaba en la clínica porque acababa de nacer mi hija cuando empezaron a sonar los teléfonos… por primera vez en Chile teníamos un ejemplo real de cómo directores, y dueños también, deben hacerse responsables en las acciones de sus empleados.

 

Si tuvieras que explicarle a una persona común y corriente cómo se certifica la prevención del delito ¿Cuáles son los aspectos que hay que observar? 

Lo primero que se hace es determinar cuáles son los riesgos que una empresa tiene para cometer delitos. Por ejemplo, si hay relación con funcionaros públicos, sus clientes son públicos o participan en licitaciones estatales, hay mayor riesgo de cohecho. Pero nosotros no asesoramos a las empresas, sino que vemos cómo están los controles internos de acuerdo con los riesgos que tienen. Después de eso, hacemos una auditoría para ver si las cosas se están haciendo realmente, más allá del papel. Y en esta etapa hemos descubierto que las empresas chilenas están llenas de procedimientos que muchas veces sobran o están de más. Después de que los auditamos viene una tercera etapa, que es nuestro punto de partida, en que empezamos el seguimiento. Entonces, más que certificar lo que hacemos es preconcebir evidencias jurídicas. Si a alguna de estas empresas el día de mañana le pasa algo, yo puedo demostrar que el directorio y la alta administración estaban haciendo todo lo posible para que no ocurriera.

 

¿Y eso los libera de responsabilidad?

Protege al directorio y, con eso, a la empresa. Si pasa algo, si hay un pago o un delito, lo primero que van a preguntar es ¿qué hizo para que esto no pasara?. Si nadie hizo nada, además de la multa, les van a forzar a un programa de cumplimiento y los van a monitorear. Lo que nosotros hacemos antes es juntar la evidencia de que se hizo algo, lo que permite después aislar el caso en una persona, sin comprometer a toda la empresa.

 

NI TAN LEJANO

 

Una de las dificultades que tuvo Susana al comenzar este negocio fue la reticencia de algunas empresas para hablar de conceptos como “lavado de activos” o “cohecho”, a los que muchos se resisten, básicamente porque creen que nunca van a llegar a ocurrir dentro de sus organizaciones.

 

“Muchos te dicen ‘imposible que aquí haya cohecho’. Pero lo cierto es que hay muchos ejemplos concretos, de pagos a funcionarios públicos. Lo que pasa con el financiamiento a la polítca, por ejemplo, si la función de un directorio es maximizar las utilidades de sus accionistas, a no ser que lo hicieran para conseguir algo después, ¿cómo justifican empresas como Soquimich la enorme salida de plata? Te pueden decir ‘pucha, no sabía’ o ‘mi jefe me dijo que lo hiciera’, pero una persona que firma un cheque sabe si lo que hace es bueno o malo y eso lo transforma en culpable.

 

Hoy BH Compliance trabaja con ciento treinta grupos empresariales y muchas personas jurídicas. Y en todos ellos la idea es crear conciencia de este tipo de prácticas, pero también de algunas cotidianas, que hemos ido normalizando.

 

“Yo siempre digo que vamos a ser juzgados con el ojo del futuro. Cuando estalló lo de las boletas nadie se cuestionaba si era bueno o malo porque todos lo hacían. Hoy uno lo ve y le parece obvio que es pésimo”.

 

Las prácticas socialmente aceptadas.

Pero eso no las hace correctas. Porque no sólo es un maletín con plata, sino también el viaje, el seminario en Isla de Pascua, la chaqueta de marca con logo. Las empresas gastan mucha plata en esas cosas y después dicen: ‘bueno, es que la industria funciona así’. Y es cierto, hay industrias en que ese tipo de prácticas está muy arraigada.

 

¿No te da miedo ser “la mujer súper correcta”?

Fuera de broma, a veces me pasa. Hoy en la mañana, por ejemplo, estaba esperando para cruzar en una luz roja y no venía ningún auto. La persona de adelante cruzó y yo iba a hacerlo… pero después pensé mejor espero, por si alguien me ve. Yo estoy super ligada al emprendimiento y realmente no creo que nadie cree una empresa para hacer el mal, no es lo común.

 

Pero mal que mal la experiencia te dio para escribir un libro…
Sí, cuando escribimos Corrupción a la carta, junto a Tamara Agnic, nos dimos cuenta de que la gente actúa de acuerdo a incentivos; cuando uno hace algo mal se autojustifica y eso corre para cruzar la calle con luz roja, para no pagar el Transantiago, para pedir una licencia médica falsa o para pagarle a un fiscalizador.

 

La lógica de ‘ladrón que roba a ladrón’…

Y más que eso, es como ‘yo me lo merezco’.

 

¿Eso te sorprendió?

Esa era nuestra hipótesis inicial, pero después uno habla con las empresas y se da cuenta de que las metas están puestas en resultados y todo lo demás está sujeto a que esos resultados se cumplan como sea. No está mal medir resultados, pero también hay que medir el cómo llegas a esos números. Y eso se aplica desde el nivel más básico hasta el de una mega empresa que paga coimas para operar en países menos desarrollados, sintiendo que, además, les hace un favor a esas personas por trabajar ahí.

 

Una moral bastante relativa.
Si, y por eso mi batalla. Si no se toma conciencia de que le puede pasar a cualquiera, estas cosas van a seguir ocurriendo. Los chilenos siempre decimos que somos mucho menos corruptos que nuestros vecinos, pero lo cierto es que vivimos en un mundo global y cada día nos hemos ido sorprendiendo con la corrupción a nivel institucional… o sea, lo que pasa hoy en Carabineros es gravísimo. La gracia era que nuestra policía no era corrupta y el riesgo es que, desde afuera, nos empiecen a ver de otra manera.

 

Pero el carabinero que está en la calle sigue siendo incorruptible, ¿esto es más fuerte en los “peces gordos”?
Yo creo que es transversal, lo que pasa es que solemos ver la paja en el ojo ajeno y no en el nuestro. Los empresarios salen en el diario y eso nos escandaliza y de verdad es triste, porque uno espera que sean ellos los que den el ejemplo. En la colusión del papel, por ejemplo, si Matte sabía o no lo que pasaba de verdad da lo mismo; debería hacer sabido, si no, no entiendo como un directorio no se cuestiona que, frente a la empresa más grande del mundo, se siga teniendo la misma participación de mercado; que nadie pregunte ‘¿cómo lo estamos haciendo?’. Eso es enfocarse en el qué y no en el cómo.

 

 

POR LA INDEPENDENCIA

 

No sólo la corrupción ocupa el tiempo y la energía de Susana. Desde la Fundación Independízate trabaja día a día por ayudar a aquellos que quieren lanzarse con su propio negocio.

 

“Nuestro enfoque está en el emprededor del día a día, no en el ultra innovador. Ni en que el que inventa la vaca que da leche chocolatada ni en la señora que vende empanadas, sino que en los que están en el medio”.

 

¿Es Chile un país emprendedor?

Hoy día se habla de que este es un país de emprendedores y de que estamos súper bien en la región, pero igual el chileno no valora al emprendedor… estamos demasiado enfocados en inventar la rueda y dejamos súper solo al que trabaja todos los días: a la oficina de arquitectos, la clínica dental, el que vende muebles o el que tiene un restaurante. Ellos no fracasan por un tema económico, sino porque les cuesta ver su costo de oportunidad y entender que su negocio tiene que, al menos, poder pagarles un sueldo de mercado.

 

¿En qué consiste tu labor?

Me di cuenta de que los emprendedores fracasaban porque no sabían hacer empresa y ese es el impulso que tratamos de dar: analizamos el negocio, vemos qué necesidad cubre, cambiamos la propuesta de valor y los ayudamos a calcular su punto de equilibrio. Sobre esa base los potenciamos y hasta hoy, de los trescientos emprendedores que han pasado por la fundación, el setenta por ciento sigue adelante con su negocio
 

¿Hay una lista de espera para trabajar con ustedes?

Cada semestre abrimos un proceso de postulación. Este año postularon trescientos cincuenta y quedaron cuarenta. Necesitamos que tengan clientes, que no sean demasiado chicos.

 

¿El estado de la economía lleva a la creación de más negocios propios?

Muchos de los que emprenden porque perdieron la pega, vuelven a lo suyo una vez que pasa esa situación. El emprendimiento está idealizado, pero no es nada de fácil. Es lo más parecido a tener un hijo, que implica preocupación constante, sin horarios, sin vacaciones, con muchas satisfacciones, pero también con ganas de matarlo a veces. Emprender no es para cualquiera.

 

“Yo siempre digo que vamos a ser juzgados con el ojo del futuro. Cuando estalló lo de las boletas nadie se cuestionaba si era bueno o malo porque todos lo hacían. Hoy uno lo ve y le parece obvio que es pésimo”.

“No sólo es un maletín con plata, sino también el viaje, el seminario en Isla de Pascua, la chaqueta de marca con logo. Las empresas gastan mucha plata en esas cosas y después dicen: ‘bueno, es que la industria funciona así’. Y es cierto, hay industrias en que ese tipo de prácticas está muy arraigada”.

“En la colusión del papel, por ejemplo, si Matte sabía o no lo que pasaba de verdad da lo mismo; debería hacer sabido, si no, no entiendo cómo un directorio no se cuestiona que, frente a la empresa más grande del mundo, se siga teniendo la misma participación de mercado; que nadie pregunte ‘¿cómo lo estamos haciendo?’. Eso es enfocarse en el qué y no en el cómo”.

“Estamos demasiado enfocados en inventar la rueda y dejamos súper solo al emprendedor que trabaja todos los días: a la oficina de arquitectos, la clínica dental, el que vende muebles o el que tiene un restaurante”.

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