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EDICIÓN | Septiembre 2017
El camaleón

Los movimientos artísticos ––tendencias con estilos particulares–– son desarrollados y seguidos por grupos de artistas por un periodo de tiempo definido, a los que se les identifica por el mismo. Sin embargo, uno de los artistas contemporáneos más cotizados, se ha resistido durante toda su carrera a perseguir una intención, negando todo sistema y estilo. Hoy, a sus ochenta y cinco años, absolutamente vigente, los críticos lo califican como camaleón del arte.

Gerhard Richter (1932), alemán. Sus pinturas de gran formato que caminan entre el abstracto total y el realismo fotográfico, producidas generalmente en series, son, sin duda, su sello. Se inicia usando en ellas, imágenes fotográficas de prensa e instantáneas de aficionados, borradas deliberadamente, socavando y desafiando los límites de la pintura y la fotografía, explora ideas teóricas sobre el color en una serie de tablas de colores, de igual forma realiza pinturas grises en las que experimenta texturas y pinceladas y pinta una serie de coloridas abstracciones que alterna con minuciosas representaciones exactas en pintura de fotografías diversas. Actualmente, cursa en agenda seis muestras en distintas partes del mundo y tres pendientes para el 2018, mientras que sus creaciones en el mercado han sobrepasado ya los cuarenta millones de dólares, para molestia del artista.

Richter, que prefiere mantenerse al margen de las definiciones, siempre ha sido reacio a comentar su arte: “no hay mucho que decir… pintar es una forma distinta de pensar”, ha declarado, y sostiene que el resultado es producto del azar y que sus pinturas, más inteligentes que él, le susurran su hacer. Sin embargo, el detalle y la riqueza de sus composiciones dan cuenta de la gran experiencia del artista. Y este andar entre lo definido y lo indefinido, imposible de narrar linealmente, y la necesidad de borrar el límite entre ambos, es quizás la manifestación más radical de su oficio: romper con la racionalidad de la palabra e instalar a la pintura como manifestación de la emoción y el sentimiento. “Es el goce una prueba innegable de la necesidad de su existencia”, afirma Richter. Más detalles en www.gerhard-richter.com

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