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EDICIÓN | Septiembre 2017

Elegancia de una tradición

Richard Muñoz, fabricante de chupallas
Elegancia de una tradición

Oriundo de la Región del Libertador, este especialista en el área vinícola, que dejó su profesión para dar continuidad a una tradición familiar, llegó a La Serena hace más de ocho años. Conocido como “El Colchagüino”, Richard Muñoz hace honor a su tierra y con la paja de trigo, principal materia prima que le brinda esa zona, elabora uno de los accesorios más refinados que todo buen huaso debe llevar.

Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U.

Aprendió la técnica siendo un niño, pues sus padres, Aníbal Muñoz y María Verdugo, oriundos de San Pedro de Alcántara, localidad de la Región del Libertador, han mantenido por años esta tradición gracias a la generosidad de esta tierra que se caracteriza por sus extensas siembras de paja de trigo y por sus hombres y mujeres que la cosechan, la seleccionan y la tejen.

 

Orgulloso de sus raíces, Richard Muñoz dejó de ejercer su profesión en el rubro vinícola para convertirse en todo un artesano. Durante sus recorridos por las ferias y fiestas costumbristas en el norte, encontró en la Región de Coquimbo un excelente nicho para instalarse con bombos y petacas y llevar a todos los rincones una serie de productos elaborados por la familia. Entre monturas, polainas, estribos, mantas, ponchos y artículos de cuero, destacan sus famosas y finas chupallas elaboradas con paja de trigo. Desde entonces, es el único en la zona que se dedica a este arte.

 

Con todos los implementos sobre el mostrador, Richard Muñoz, más conocido como “El Colchagüino” ––nombre con el que bautizó su negocio en pleno centro de La Serena–– lo primero que recalca y repite durante la conversación es que el proceso de elaborar una fina chupalla es muy largo y minucioso. El primer y mayor esfuerzo proviene de aquellos campesinos que siembran el trigo para obtener la paja. “Lo ideal es sembrar seiscientos kilos de trigo por hectárea para que la paja sea más fina. Mientras más delgadas son las hebras de paja, más delicadas y hermosas quedan las chupallas”, afirma.

 

Luego, y tal vez lo más plausible de esta primera etapa es la selección y trenzado de las hebras, labor que realizan gran parte de las mujeres que viven en la zona de Colchagua. En un recipiente con agua, el artesano humedece la paja de trigo por dos horas y, acto seguido, toma varias hebras y hace una trenza. “Esto es lo que hacen las dueñas de casa de Colchagua, especialmente en invierno. Yo también sé hacerlo, pero como toma mucho tiempo las traigo listas desde la Sexta Región”, recalca.

 

¿Cuántas trenzas necesitas para hacer una chupalla?

Esto se mide en brazadas. Una brazada es aproximadamente un metro y medio y para hacer una chupalla se necesitan sesenta brazadas, es decir, alrededor de noventa metros.

 

Tejerlas, sin duda, es un arduo trabajo

Si una persona teje ocho horas diarias es probable que se demore unas dos semanas y solo en este proceso.

 

¿Una vez que tienes este material, cómo le vas dando forma a la chupalla?

Primero, debo teñir la trenza que pude ser en tonos blancos, gris o castellana que es una mezcla de blanco y negro. Luego, mando a cocer las trenzas a un proveedor del sur y continúo el proceso con el engomado. El tejido de la chupalla se humedece y se le va dando la forma en distintos tipos de moldes según el tamaño y numeración de la cabeza. Con una conformadora, que es una máquina muy antigua, puedo tomar la medida exacta de la cabeza del cliente, luego esta la traspaso a un formillón para dar forma a la chupalla, que puede ser redonda u ovalada.

 

HECHO A MANO

 

El paso siguiente es planchar la chupalla sobre un molde. Luego, cuidadosamente y también a mano, el artesano pone el fiador y el tafilete, en el interior del producto. El toque final es la cinta de color que bordea la chupalla.

 

¿De qué material son las cintas?

De cuero o de seda y todas son tejidas. Mi señora, Karina Valenzuela, es quien las hace. Lo ideal es que la cinta sea del mismo tono de la manta, pero eso es a gusto del cliente. Otra alternativa es un cordón, o bien, una trenza de paja.

 

¿En definitiva, cuánto tiempo toma todo el proceso?

Puede ser hasta un año si consideramos que esto parte con la cosecha de la paja de trigo y luego, el trenzado que es lo más lento. El resto del proceso puede tardar cerca de un mes.

 

¿Ha cambiado en algo la técnica de elaboración?

Todo es artesanal y hecho a mano, de manera que eso aún permanece. Si hablamos de cambios, antes se usaba la plancha a carbón. Ahora, lo que buscamos es que el resultado final sea un producto más fino, elegante y delicado.

 

¿Aumenta la venta de chupallas en septiembre?

En un cincuenta por ciento. Solo en esta zona puedo llegar a vender unas cien chupallas. Pero la venta es todo el año, especialmente cuando se realizan las fiestas costumbristas y porque en esta zona las cabalgatas han tomado más fuerza.

 

¿Eso significa que tus chupallas son reconocidas en la zona?

Además de estar en el negocio y fabricar las chupallas de lunes a viernes, todos los fines de semana recorro las regiones de Atacama y Coquimbo, y pongo un stand en los rodeos o ferias costumbristas. Como siempre estoy presente y soy el único en la zona que las fabrica, la gente ya me conoce e, incluso, me pide que les repare sus chupallas, o bien, que les haga mantención. He recibido varios premios y reconocimientos en diferentes actividades y eventos por mi aporte a las tradiciones chilenas y eso es muy bonito.

 

“Mientras más delgadas son las hebras de paja, más delicadas y hermosas quedan las chupallas”.

“Si una persona teje ocho horas diarias es probable que se demore unas dos semanas y solo en este proceso”.

“He recibido varios premios y reconocimientos en diferentes actividades y eventos por mi aporte a las tradiciones chilenas y eso es muy bonito”.

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