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EDICIÓN | Septiembre 2017

VIVIR UNA ESCULTURA

Casa Bahía Azul

Desafiando la pendiente, esta casa en Los Vilos parece deslizarse sobre el roquerío costero. Ahí, en medio del acantilado, la vista al mar domina el horizonte y cobra protagonismo a través de aberturas rectangulares y cuadradas en la fachada exterior. Aberturas geométricas deliberadas que resaltan y encuadran a la perfección diversos puntos del paisaje. 

Por Macarena Ríos R. /fotografías Teresa Lamas G.

Ecléctica, de líneas simples y depuradas, esta casa de hormigón descansa sobre la costa dominando la bahía, el paisaje rocoso y la vegetación autóctona. La estructura de la construcción —diseñada por los arquitectos Felipe Assadi y Francisca Pulido— es de hormigón y pareciera fundirse con la naturaleza agreste. Las líneas horizontales de los vanos de la fachada y la piscina contrastan con las diagonales de la casa y dejan en evidencia la inclinación del volumen. Precisamente, una de las gracias de este proyecto.

El acceso a la casa, luego de bajar por planchas de concreto, es bastante minimalista. El juego de desniveles transita por toda la obra, generando diversos espacios abiertos que se combinan con jardines inesperados en algunos puntos.

Llama la atención la lámpara Zettel de Ingo Maurer sobre la mesa del comedor, transformando la hora de la comida en un juego lúdico en el que cada invitado puede dejar un recuerdo. “The truth is found between the lies”, “pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa”, son algunos de los escritos inmortalizados en papiros que penden de la lámpara de acero que, a pesar de su gran volumen, otorga liviandad al espacio.

En el interior no hay dobles lecturas. Tampoco cielos falsos ni revestimientos. El concreto no sólo cumple con una función estructural, sino que es el único material constructivo de techos y paredes. Como lo dijo Assadi en su minuto: “en esta casa se habita la estructura. La coherencia es total: pureza formal y síntesis de materiales. Se trata de vivir en una escultura”.

SELLO MINIMALISTA

De espacios amplios y luminosos, el interiorismo fue concebido también por ambos arquitectos a pedido del cliente, quienes diseñaron la mayoría de los muebles —de líneas simples y puras—, que más tarde fueron desarrollados por Orlando Gatica y que combinan a la perfección con diseños icónicos del siglo XX, como la lámpara Tolomeo, la mesa Tulip, la lounge chair y la Arch lamp.  

Para formar los distintos ambientes de estar se trabajó con muebles de Interdesign, Vitra, Delienare y B’Casual.

El sello minimalista de la decoración fue acentuado por una paleta de colores neutra, tanto para los cuadros como para las alfombras y tapices. ¿El fin? No distraer de lo realmente importante de la construcción: el entorno.

Los grandes ventanales y los patios de interior llenan de luz natural cada uno de los ambientes del primer piso: la cocina, el comedor, el living y la pieza principal, que están distribuidos en cuatro niveles diferentes con acceso a una terraza que rodea la casa que también juega con desniveles. Un piso más abajo, como una forma de aprovechar el espacio que se generó bajo la casa, se construyeron dos dormitorios y una sala de estar que se conectan con una terraza pequeña.

En esta segunda vivienda no se dejó nada al azar. Revestida en piedra y apoyada sobre las rocas, la piscina es un estanque de agua largo y angosto. Se accede a ella a través de peldaños de piedra que formaron parte del trabajo de paisajismo de Tere Moller. La vegetación mezcla verónicas y olivos con cactus, respetando las rocas y el paisaje autóctono de la zona.

 

El juego de desniveles transita por toda la obra, generando diversos espacios abiertos que se combinan con jardines inesperados en algunos puntos.

Llama la atención la lámpara Zettel de Ingo Maurer sobre la mesa del comedor. A un costado, un par de cuadros de Alfredo Echazarreta. Al fondo papiros y equisentum.

En la terraza, de corte más rústico, se lucen las esculturas de bañistas de Ignacio Gana.

La terraza presenta una dinámica de techos y aberturas para jugar con la sensación de un estar que está a medio camino entre interior y exterior. 

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