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EDICIÓN | Septiembre 2017

Sello alemán

Wesser S.A, escobillas y brochas
Sello alemán

A comienzos del siglo XX, inició la historia de esta empresa familiar que se hizo conocida por las famosas brochas Cóndor. Luego se expandió con escobillas, rodillos, pinceles, espátulas y hoy se proyecta a comercializar todo lo necesario para el mundo de la pintura. Pero más allá del éxito de sus productos se ha caracterizado por su gran vocación social. 

Por María Inés Manzo C. / Fotografías Mariela Sotomayor y gentileza Wesser S.A. 

En el siglo pasado llegó desde Alemania mi abuelo materno, Guillermo Wilkendorf. Partió su empresa en Concepción cuando compró la Fábrica Nacional de Escobillas El Cóndor y que en los años treinta denominó Wilkendorf y Cía. Limitada; era una tremenda empresa de brochas y escobillas con mucha mano de obra. Pero en el año cincuenta y tres esta fábrica se quemó y se hizo cargo la segunda generación de mi familia. En ese tiempo, y a la Región de Valparaíso, llegaron unos italianos que trabajaban cerda de chancho para exportación, una de las materias primas más importantes para hacer brochas y escobillas. Gracias a este proveedor decidieron instalarse en Quilpué, el cincuenta y siete, hasta más menos el año ochenta y tres, cuando me hice cargo junto a mi primo Gerardo Wilkendorf, quien jubiló el año pasado”.

Así nos relata Hans Wesser Wilkendorf, gerente general de Wesser S.A., parte de la historia de su familia, quien además nos cuenta cómo producto de la crisis nacional se congeló, momentáneamente, el sueño de su abuelo. “El tipo de cambio bajó mucho, en ese año hubo una tremenda depresión, y quedó muy afectada esta empresa, porque llegaron muchas brochas chinas, más baratas. Yo estaba en mi último año de universidad, como contador auditor. Estudiaba y trabajaba en Santiago y justo me habían despedido de una agencia de aduanas por esta misma crisis. Con el dinero de mi finiquito y junto a mi primo, quien trabajaba en la fábrica de brochas familiar, nos asociamos, rescatamos lo que quedaba y les compramos a los italianos su empresa”.

¿Cómo fueron los inicios?

Empezamos con una mano delante y otras atrás, trabajando literalmente pelo a pelo (ríe). Al comienzo teníamos la fábrica que vendía sólo brochas, exportábamos pezuñas y pelo. Y ahí empezamos lentamente a armar esta industria.

¿Y cómo atacaron los cambios del mercado?

Mi primera preocupación fue tecnificar la fábrica al máximo cosa de poder competir, en esa época, con el mercado chino y brasileño. Teníamos una máquina prácticamente manual y la misma cantidad de empleados que hoy —setenta personas—, pero donde casi todo era producción. Eran semanas de trabajo que ahora hacemos en un día y medio con maquinaria que vamos actualizando.

¿Su producto estrella sigue siendo la famosa brocha Cóndor?

Sí. Pero tenemos también productos intermedios en brocha, más baratos, que traemos de China. Tenemos muy buenos contactos allá, socios estratégicos. Traemos rodillos espátulas y buzos para pintar y elementos para colocar en el suelo. Estamos tratando de abarcar todo el mercado de accesorios para pinturas.

¿Ya no trabajan con el pelo de cerdo?

Lamentablemente no, nosotros íbamos a los mataderos a recoger todos los pelitos de cerdo, las pezuñas de vacuno y pelos de vaca. Pero en este momento, al chancho, tanto en Chile como en el mundo entero, lo están criando en salas calefaccionadas en donde la cantidad y calidad de pelo bajó muchísimo. Antes sacábamos entre tres y tres pulgadas y media de pelo y hoy no alcanza a una pulgada.

¿Qué hicieron entonces?

Empezamos a traer pelos de China, hasta hace ocho años atrás, pues hubo una gran peste y tuvieron que matar casi el setenta por ciento de la masa de chanchos, lo que disparó los precios. Ahí empezamos a trabajar con pelo sintético. Pero en la brocha Cóndor, mezclamos sintético con el de caballo. El pelo sintético de hoy tiene una calidad muy buena y ha mejorado una enormidad. Son huecos por dentro y una mezcla de pelos ondulados con micro perforaciones. Ya casi es mejor que el de chancho, porque absorbe más pintura.

¿Cuáles son las proyecciones?

Estamos evaluando ampliarnos más en el negocio de la escobilla. Hacemos escobillas de zapatos que se la vendemos directo a Virutex, escobillas de alambre para las industrias de la ferretería y escobillas especiales para la industria de la fruta, para limpiar los packing.

 

FAMILIA WESSER

Sin duda su sello es su vocación social y compromiso con su equipo. Prueba de ello es que justo cuando comenzaron a tecnificar la fábrica se encontraron con un montón de gente que no tenía enseñanza básica ni media completa y se presentó el gran desafío. “¿Qué hacemos? ¿Traemos nuevos empleados capacitados?, porque al tener nueva maquinaria necesitábamos gente que supiera de neumática, electrónica y un montón de elementos técnicos que se necesitaban para operar. Nosotros decidimos capacitarlos a través de ASIVA. Fue muy bonito, a la hora de almuerzo estaban todos estudiando y sacaron su licencia. Después los metimos a los cursos respectivos para manejar las máquinas. La gente lo agradeció mucho y para nosotros fue muy emocionante, algo que sólo ocurre en empresas chicas”.

Otro de los hitos fue que hace diecisiete años la planta se trasladó al sector de El Belloto, un momento clave para la empresa, pues se presentó, al momento de la venta de la primera fábrica, la oportunidad de irse para Santiago, pero Hans y su primo Gerardo decidieron quedarse en la zona, pues tenían mucha mano de obra especializada y de confianza. “Trabajar con pelos no es nada fácil. Y no queríamos perder tampoco el personal que teníamos, nuestra gente lleva en promedio de veinte a treinta años trabajando. Somos todos igualmente viejos (ríe), hemos ido creciendo y aprendiendo juntos. Almorzamos con todo el personal, jugamos fútbol y tenemos una muy buena relación. Eso no lo podíamos perder”.

Por otra parte, destaca su reconocimiento del Premio Empresa Mujer de ASIVA, en una empresa que históricamente fue de hombres, pero donde, actualmente, la mitad del personal es femenino. “Llegó un momento en que se fueron muchos hombres a trabajar a la minería y empezamos a contratar mujeres. Hicimos todo un proceso de capacitación y cambios internos, donde comenzamos con una experiencia bien bonita en la que llegaron estudiantes en práctica como operarias. Hoy vemos con satisfacción cómo existe un respeto hacia sus compañeras y que tenemos un equipo unido”.

¿Cómo es trabajar desde región hacia el país?

No ha sido fácil. Tenemos desventajas, por ejemplo, para comprar repuestos o para el despacho. Pagamos un costo adicional, porque debemos tener una bodega en Quilpué y otra en Santiago, donde también se encuentra toda la parte de ventas. Pero tenemos una gran ventaja que es que acá se vive mucho mejor. Los trabajadores están cerca y son muchos más sanos, no tienen que viajar una hora para llegar a su trabajo, llegan de buen humor a la fábrica y a sus casas.

 

ASIVA

Desde abril del 2015, Hans Wesser es presidente de ASIVA, un cargo que para él ha sido un tremendo honor y un reconocimiento del gremio que lo reeligió el año pasado. “Indirectamente también es un reconocimiento a mi labor empresarial. Somos una de las pocas empresas manufactureras que quedan en la región y nuestro gran desafío en ASIVA es, justamente, reimpulsar esta industria que se caracteriza por ofrecer empleos de mucha mejor calidad. Los trabajadores duran mucho tiempo en sus puestos, porque necesitan capacitación y especialización. Chile se está poniendo cada vez más caro y con la automatización hoy es más fácil competir, entonces hay que incentivar a que esta industria crezca de nuevo”.

Es por ello que ASIVA realizará, el próximo 11 y 12 de octubre, en el Casino de Viña del Mar, el congreso El Encuentro de la Industria: la r-evolución de la manufactura, donde vendrán expositores de Argentina, Bolivia y Perú para realizar una rueda de negocios y comentar distintas experiencias.

¿Cuáles han sido los desafíos?

Nos han tocado unos años tremendamente difíciles. Internamente hemos tenido cambios, al igual que el país y las empresas, donde se ha castigado mucho a la mediana empresa. Hoy se les cortó el Fondo de Utilidad Tributaria (FUT) y eso no va a permitir a los medianos o pequeños capitalizarse con la ventaja tributaria de antes. Va a ser mucho más lento su desarrollo. Ese es uno de los puntos más negativos, sumado al impuesto al trabajo que se viene “de golpe y porrazo” y que debió hacerse muchos años atrás; o la reforma laboral que va a afectar, sin duda, a muchos. Por eso debemos crear incentivos para que la gente se atreva a invertir y abrir empresas y no veo que se esté trabajando en eso. Hay que “darle una espalda” a los chicos y fortalecer el mercado.

 

“El pelo sintético de hoy tiene una calidad muy buena y ha mejorado una enormidad. Son huecos por dentro y una mezcla de pelos ondulados con micro perforaciones. Ya casi es mejor que el de chancho, porque absorbe más pintura”.

“Tenemos desventajas, por ejemplo, para comprar repuestos o para el despacho. Pagamos un costo adicional, porque debemos tener una bodega en Quilpué y otra en Santiago, donde también se encuentra toda la parte de ventas. Pero tenemos una gran ventaja que es que acá se vive mucho mejor”.

“Somos una de las pocas empresas manufactureras que quedan en la región y nuestro gran desafío en ASIVA es, justamente, reimpulsar esta industria que se caracteriza por ofrecer empleos de mucha mejor calidad. Los trabajadores duran mucho tiempo en sus puestos, porque necesitan capacitación y especialización”.

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