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EDICIÓN | Septiembre 2017

China y la corona de la ASEAN

por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
China y la corona de la ASEAN

La ASEAN (Association of Southeast Asian Nations) nació en 1967, años de la Guerra de Vietnam. La fundaron Tailandia, Indonesia, Malasia, Singapur y Filipinas. Su objetivo inmediato, y por razones obvias, fue la paz y estabilidad regional, aunque también se buscó las mutuas conveniencias económicas, en una época en que apenas comenzaba a existir el Mercado Común Europeo.  

Entre 1984 y 1999 se unieron Brunéi, Vietnam, Laos, Myanmar, y Camboya. Papúa ingresó como observador, y en estatus de asociados externos ("ASEAN más Tres”) quedaron Japón, Corea del Sur y China. En 1992, se estableció una zona de libre comercio y reducción tarifaria, enfatizando siempre la búsqueda de la cercanía, la integración y los modos de asegurar la estabilidad regional.

Haciendo un balance general, hoy se puede decir que en lo económico y comercial la organización ha resultado muy conveniente; mas, en política dura y en seguridad no ha mostrado eficacia. Por definición, la ASEAN es un club de iguales, pero en los hechos no lo es por las desproporciones de poder. Además, varios socios ocultan oscuras intenciones que no confiesan, pero que se saben. Entre las intenciones ocultas está el reclamo de islas con soberanías superpuestas. China ha percibido tal dificultad y hábilmente ha aprovechado la situación a su favor, ofreciéndose como garante del orden, mientras se deja para sí islas y zonas marítimas que le son clave. No obstante, China tiene su propio problema: alejar toda otra potencia que ofrezca un patrocinio semejante y le quite protagonismo, rol que obviamente quiere jugar Estados Unidos con su geopolítica y omnipresencia. Durante la administración anterior, Washington buscó la tolerancia y cierto buen modo regional. Pero Donald Trump parece querer abrir en la región la caja de Pandora.

Así las cosas, a pesar de las provocaciones y demostraciones de fuerza, el futuro es evidente: quien desea el control y no descansará hasta tenerlo, es China. La ASEAN es su redil; es un área de tránsito vital, además de ser la región con mayor intercambio comercial. Para los Estados Unidos, la región es un área sensible y primordial para sus aliados (Corea y Japón). Por otro lado, Washington se ha comprometido a moderar y ser garante de equilibrios con otros actores como India y Australia. En ese contexto, ha habido un cierto entendimiento tácito: India crecerá en el Índico y hacia Occidente; China, en sus costas y las zonas vecinas.

Xi Jinping, presidente de China, lleva años delineando su aseanopolítica, la que ha expuesto ante la mismísima ASEAN, y que se resume así: China está complacida con su membrecía en la ASEAN, pero quisiera ser socio pleno. La razón es porque cree ser el mejor garante de la existencia regional. Pero no desea intervenciones ni violencias. Toda solución a cualquier divergencia se ha de hallar por la negociación, que es la actitud de China. China busca el amplio intercambio, la plena integración económica y la conectividad; y, sobre todo, ve hacia adelante un maravilloso porvenir común para crecer en armonía y compartir como nunca antes se hizo.

Cuando Beijing habla así… de paz, destino común, prosperidad universal, necesidad de ser buenos amigos, mejores socios y muchas cosas más buenas y hermosas, se está en presencia de su lenguaje imperial clásico. Entonces, para saber cuál es el capítulo que sigue, basta leer la Historia de China de los últimos dos mil doscientos años. Siempre dicen y hacen lo mismo. Y no es la primera vez que declaran su interés en participar —o mejor, dirigir— el orden del universo. Y el universo chino es: China al centro, y el mundo girando a su rededor. Y justamente el “mundo” es la ASEAN, no el resto del planeta. China no escatimará esfuerzo para mantener el Sudeste Asiático en orden, pero bajo su tuición. Las cifras duras hablan por sí solas: las relaciones económicas entre China y la ASEAN, al comenzar los noventa, era de US$ 7.000 millones. Hoy son US$ 500.000 millones, es decir, es el intercambio más importante para China. La estabilidad, paz y orden en la región es de prioridad máxima para Beijing, por lo que ha decidido jugar el papel de potencia internacional. China cederá e invitará a otros a ceder, pero en un contexto de reconocimiento de quién manda y tiene la batuta de la orquesta. Textual de Xi Jinping: “Nosotros somos la mejor salvaguarda de la soberanía, la seguridad e integridad territorial; a la vez que nos comprometemos a resolver de forma pacífica las diferencias con y entre nuestros vecinos en lo relativo a intereses y derechos territoriales y marítimos”.

Hay que estar advertidos que a China le gusta ser líder y anfitrión. China no ha perdido oportunidad de convocar a la ASEAN a su casa. Beijing ha ido seduciendo a los miembros de la ASEAN con su nueva diplomacia serena e integradora. Sólo le falta convencer a Japón y —eso sí— controlar a la “loca del barrio”. Porque se ha reservado su jugada maestra para el final: manejar la crisis regional y global que causa Corea del Norte. Entonces, reclamará como merecido premio la corona de la ASEAN.

 

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