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EDICIÓN | Agosto 2017

NUEVAS DIMENSIONES DEL COLOR

Fernando Cifuentes Soro Artista plástico
NUEVAS DIMENSIONES DEL COLOR

De la arquitectura a lo abstracto y hoy a pintar sin siquiera tocar la tela. Este artista, uno de los más importantes de la escena local, busca la innovación constante y en esta cruzada lo acompañan, como siempre, la música y el color. “No tengo dominio sobre las cosas, sólo sé que puedo hacer que aparezcan”, dice.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos: Andrea Barceló

Impactante. No hay otra forma de describir la casa taller de Fernando Cifuentes Soro en El Arrayán. Casi mil metros cuadrados de desniveles, pasillos, salones y escaleras que se coronan con una vista casi abrumadora de la precordillera.

 

En este lugar hay espacio suficiente para un taller gigante y su imponente atril, pero también para varias salas donde se cuelgan o se apilan sus cuadros. Una galería de arte en su propia casa, rodeada de toda clase de instrumentos musicales, desde los más tradicionales a los más curiosos, y apariciones de color en todos lados: sillas, puertas y adornos muestran orgullosos la intervención del dueño de casa.

 

Fernando, con su característico pelo largo, que reconoce cuidar prolijamente, acaba de llegar de Berlín. El encuentro con la ciudad y con sus orígenes como alumno del Liceo Alemán lo tienen absolutamente trastornado.

 

Arquitecto de la UC de Valparaíso, al salir del colegio ni siquiera se imaginó que sería artista. Pero hoy entiende que ese era su lugar y que tenía que pasar por esa formación para ser quien es hoy día. Los primeros años de los ochenta lo pillaron, entonces, en una escuela muy poética y con enormes niveles de autonomía. “Siempre creí que iba a ser un arquitecto importante, pero me tocó salir a trabajar en una época en que la arquitectura estaba en manos de los ingenieros, en que el valor estaba en el metro cuadrado, no en la obra… y me empecé a aburrir. Comencé investigando sobre pintura y de a poco empecé a matar al arquitecto”.

 

¿Cómo fue ese proceso?

Igual matarlo suena un poco dramático, digamos que uno lo que hace es reenfocarse, porque la obviedad es que mata la creatividad. Lo que pasa es que la pintura te va tomando, te seduce y te invita… y para poder aceptar esa invitación y entrar a ese mundo hay que tener libertad. Y ahí es donde entra también la música, que es un muy buen puente para entender el proceso pictórico.

 

¿Cuándo empezó esa conexión con la música?

Siempre ha estado. Mi familia es muy musical, desde chico las sobremesas en mi casa eran escuchando ópera. Y yo siempre estuve investigando. Me fascina la percusión, cuando toco entro como en un trance, en una conexión que me gusta mucho. Y lo mismo me pasa con la pintura, uno puede hablar mucho o no decir nada, porque es un lenguaje en sí misma… o sea, podemos hablar de técnica, de historia, pero en el fondo, cuando uno está pintando, hay una invitación súper potente, que te abre mundos desconocidos y te conecta con la vida, pero no la de acá, sino la del universo. Eso es lo que yo llamo un Portal.

 

DEJAR DE CREER

 

Portal es precisamente el nombre de la exposición que acaba de inaugurar en la Galería La Sala, donde lo que el artista pretende es abrir una pequeña rendija e invitar a la gente a mirar universos cercanos y lejanos.

 

Se reconoce metódico y riguroso, pero también asume que en el último tiempo ha aprendido a relajarse. “Hasta hace muy poco pensaba que uno tenía que estar entrenado y que ojalá la inspiración te pillara trabajando. Pero hoy no creo en nada de eso. Ahora, si quiero, no pinto. Pero es algo que entendí recién, es la última novedad que tengo”, dice riendo.

 

Pero eso es algo que puedes decidir cuando ya tienes una carrera y cientos de cuadros en tu propia casa…

Claro, pero siempre te han dicho que hay que sacarse la cresta y ojalá ser medio sufrido… y nada de eso es verdad.

 

Como arquitecto debes ser un buen dibujante. ¿Por qué siempre has pintando abstracto?

Porque uno se conecta mirando la realidad, pero una realidad que al dibujarla se transforma. No puedes hacer arte si no sabes dibujar, no es llegar y hacer manchas. Si tú tiras un trazo y el trazo te sale bien es porque eres un buen dibujante. Lo mío es abstracto porque llevamos seis millones de años de figuración, desde las pinturas en las cuevas.

 

Me imagino que muchas veces te pasa que, lo que tú ves en una obra, es súper distinto a lo que ve el resto.

Lo que tú abres es un ver, pero cada uno ve desde sí mismo. Eso es un Portal, es invitar a la gente a que vea algo, pero para todos es algo diferente, porque viene desde su vida, de su experiencia. En la figuración hay una manzana, todos pueden verla de una u otra forma, pero es una manzana. Estamos súper estructurados, nos han dicho que somos de un país, que tiene un nombre, que hay que comer ciertas cosas… y todo eso también es mentira. En la medida que nos identificamos con cosas somos menos libres.

 

¿Y cómo se refleja eso en tu obra?

En que no soy parte de ninguna estructura. Me cargan las academias y me carga cuando me dicen que las cosas son de una manera, si pueden ser de muchas maneras. Y eso lo he probado, he inventado. De hecho, tengo una nueva manera de pintar, que es gravitacional, en que no toco la pintura: la muevo gravitacionalmente y voy dejando que entren todas las energías del universo. Tal como se hizo el planeta.

 

Para entender esta obra, el proceso, aunque novedoso no es demasiado complejo. Lo que el artista hace es licuar la pintura, a veces la deja líquida y otras veces como una pasta. Con ese “caldo” listo lo pone sobre la tela y empieza a moverla, aunque esta sea de cuatro metros, la levanta y la mueve, de un lado para el otro. La pone en el suelo y observa el proceso, le agrega más ingredientes y vuelve a moverla. No siempre aparece lo que busca, pero claramente, ningún cuadro es igual a otro.

 

Hay harto de sorpresa…

Es que la vida es así, y creo que mientras más la manejas, más aburrida es. 

 

Y en el caso de Portal aparecieron olas, mares, cosmos…

Sí. De repente apareció una ola. Y ya sé cómo hacerlas, pero no las pinto; las hago aparecer. Hay artistas a quienes puedes pedirles que te hagas una ola y te la van a hacer impecable… yo no tengo ninguna posibilidad de hacer eso, no me interesa la técnica pura. Siento que no tengo dominio sobre las cosas, sólo sé que puedo hacer que aparezcan.

 

“Me fascina la percusión, cuando toco entro como en un trance, en una conexión que me gusta mucho. Y lo mismo me pasa con la pintura, uno puede hablar mucho o no decir nada, porque es un lenguaje en sí misma”.

 

“No puedes hacer arte si no sabes dibujar, no es llegar y hacer manchas. Si tú tiras un trazo y el trazo te sale bien es porque eres un buen dibujante. Lo mío es abstracto porque llevamos seis millones de años de figuración, desde las pinturas en la cuevas”.

 

“Tengo una nueva manera de pintar, que es gravitacional, en que no toco la pintura: la muevo gravitacionalmente y voy dejando que entren todas las energías del universo. Tal como se hizo el planeta”.

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