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EDICIÓN | Agosto 2017

DEL MITO A LA VERDAD CIENTÍFICA

Gino Cassasa, glaciólogo
DEL MITO A LA VERDAD CIENTÍFICA

¿Cuánto sabemos realmente del temido calentamiento global? ¿Qué significa que la tierra esté aumentando su temperatura? ¿Nos afecta realmente en el día a día? Hay muchos mitos dando vueltas y este ingeniero, apasionado por el montañismo y por estudiar el hielo, intenta derribar algunos y explicar lo más sencillamente los otros. ¿La conclusión? Falta mucho por aprender.

Por Mónica Stipicic H. / Fotografías Andrea Barceló

 

Como casi todos los glaciólogos del mundo, llegó a estudiar el hielo desde el montañismo, desde una vida completa subiendo cerros y desde la opción que tuvo, como egresado de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, de hacer su tesis de grado en la Antártica.

 

Era 1982 y la posibilidad de viajar al continente blanco era una rareza, que un fanático del montañismo no se iba a perder. Fue entonces cuando la glaciología se apareció frente a sus ojos. ¿Pero de qué se trata exactamente esta disciplina?: “Del estudio de la nieve y el hielo en el más amplio de los sentidos, tanto en la tierra como fuera de ella”, explica Gino.

 

En esa época no era una especialidad que dictaran universidades chilenas, aunque ya había algunos profesionales estudiando el tema (como el senador Antonio Horvath, que realizó una tesis sobre Hidrología de Nieves); el único doctor en Glaciología en Chile era Cedomir Marangunic. Por lo mismo, este joven ingeniero —a esas alturas ya casado y con un hijo— decidió hacer las maletas y partir con destino a Japón.

 

Japón no es precisamente un país lleno de glaciares…

No, de hecho la altura máxima es el Monte Fuji, con 3.776 metros y no tiene glaciares. Pero es un país con una larga historia de investigaciones en el Ártico, en la Antártica, en el Himalaya e, incluso, en la Patagonia. De hecho, así los conocí y con ellos participé en una travesía en esquí por los Campos de Hielo. Después de eso postulé a una beca del Ministerio de Educación y Cultura de Japón y partí. Estuvimos tres años en la isla de Hokkaido, en Sapporo, que era como el farwest japonés… abríamos la ventana y salíamos esquiando de la casa. Allá nació mi segunda hija.

 

Después de Japón vino Estados Unidos y de ahí a Punta Arenas. En cada uno de esos lugares nació otro hijo y se acumularon experiencias. La diferencia de Gino con muchos otros científicos es que él decidió salir de la zona de confort del investigador y empezó a motivar a otros con la ciencia, a ser un activista en muchos temas e incluso, en 2011, llegó a conducir un programa de televisión llamado Cambio global, en TVN.
 

“Uno como científico tiene varios roles, como investigar, publicar y formar nuevos científicos. Pero hoy existe un concepto llamado Vinculación con el Medio y eso implica que tenemos una labor que cumplir, salir de la burbuja científica y difundir. Hay que ponerle un poco de esfuerzo, pero al final es entretenido y uno termina participando en cosas muy distintas, como una exposición fotográfica de glaciares, que es lo que acabo de hacer”, dice.

 

 

CALENTAMIENTO GLOBAL Y LOS ESCÉPTICOS

El tema del calentamiento global ronda como un fantasma en todo el mundo. Y Gino ha sido parte de ese movimiento. Incluso fue parte de los grupos IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) que fueron fundamentales en el Premio Nobel de la Paz para el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, en 2007, y que marcaron un hito en la propagación de esta realidad.

Pero este chileno no siempre se cuadró con el cambio climático. “Yo era un escéptico”, aclara de entrada.

¿Así como Donald Trump?

Absolutamente. Yo llegué a Estados Unidos, a la Universidad estatal de Ohio, el año ochenta y nueve, a hacer un doctorado y en esa época el planeta venía saliendo de un proceso que con el tiempo se conocería como Global Dimming, en que la luz bajó su potencia durante varias décadas debido a que la atmósfera era mucho menos transparente producto de la polución. Esto coincidió con los episodios tremendos de contaminación en Londres y fue una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de la Revolución Industrial. En la década del setenta se empezó a limpiar el aire y comenzó a entrar más radiación solar, lo que significó que el planeta se calentara un poco más. Y en ese momento creí que el cambio pasaba por eso.

 

¿Cuándo comenzó a cambiar de opinión?

A fines de los setenta, aparecieron algunos papers más serios, de científicos que aseguraban que si continuaba la inyección de gases de efecto invernadero, la tierra se iba a calentar al punto de derretir los hielos. Pero tampoco les di demasiada pelota… y pasó mucho tiempo, hasta los noventa, cuando realmente me convencí de que algo estaba pasando y empecé a fijarme en la relación que había entre los gases y el aumento de la temperatura.

 

Para quienes no somos científicos, sabemos que cada cierta cantidad de años se producen períodos de calentamiento y de glaciación. ¿Por qué lo que está pasando hoy no puede ser parte de uno de esos ciclos naturales?

Existe algo llamado Los Ciclos de Milankovic, que explican de manera matemática y cuantitativa las glaciaciones y sus causas, porque estas se producen por variaciones orbitales de la tierra respecto del sol. Con esos datos, determinó que las glaciaciones duran setenta y cinco mil años, y los periodos interglaciares veinticinco mil. Es decir, el ciclo completo dura unos cien mil años. Hoy estamos en un período interglaciar que ha durado cerca de veinte mil años, la mitad de los cuales ha coincidido con la aparición del hombre sobre la tierra. El tema es que ahora, con los cambios provocados por el hombre y la inyección de gases de efecto invernadero, la próxima glaciación no va a ocurrir en cinco mil ni en veinte mil años, sino que en cien mil años más. O sea, podemos saltarnos un ciclo completo.

 

¿Cuánto afecta en el desarrollo científico el que existan escépticos?

Creo que es bueno ser escéptico. El escepticismo ha obligado a la comunidad científica a investigar y refutar argumentos.

 

EN EL DÍA A DÍA

 

“El fin de semana fui a Viña con mi familia y me llamó la atención en el camino ver floreciendo los aromos. No soy un especialista en plantas, pero sé que hace diez años la floración no se producía en esta época, en pleno invierno. Y esto pasa con más fuerza en el hemisferio norte, que se está calentando a una tasa mucho mayor”, explica Gino.

 

¿Eso es porque allí se producen más gases de efecto invernadero?

No, lamentablemente los gases se reparten en forma equitativa en toda la tierra. Lo que varía son los ciclos estacionales y por eso es posible ver que la floración se ha adelantado.

 

¿Es verdad que los glaciares se están derritiendo peligrosamente?

Los glaciares se están derritiendo desde que entramos en una era interglaciar, es decir, llevan veinte mil años retrocediendo y es parte de su ciclo natural. Y la verdad es que hemos tenido un clima bastante estable en los últimos diez mil años, a excepción de un período frío que duró unos quinientos años (entre 1350 y 1850), que es donde se congeló Groenlandia y donde, obviamente, los glaciares avanzaron bastante.

 

¿Hay un exceso de alarma frente a ese tema?

Es preocupante en la medida que tenemos las herramientas para detenerlo y no las usamos, que es lo que pasó ahora con la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París. Ciudades como Santiago, La Paz o Quito, por ejemplo, que dependen en gran medida de los recursos hídricos de los glaciares, pueden sufrir las consecuencias de las acciones de una tremenda industria en el hemisferio norte. También se ven afectadas las aguas del mar. Cuando recién empecé a estudiar el tema se hablaba de que el nivel del mar subiría unos treinta o cuarenta centímetros a fines del siglo. Hoy ya se habla de dos metros.

 

¿Eso qué implica?

Es un tema para las localidades costeras, pero sobre todo para los estados isla ubicados en el Caribe o en la mitad del Pacífico, que pueden ver reducida dramáticamente su superficie. Los llamados cayos, por ejemplo, pueden llegar a desaparecer, pero en Chile, con una costa tan abrupta, es muy posible que las cosas no cambien demasiado. Lo otro es que hoy la tierra tiene un grado más de temperatura, y eso provoca un ciclo hidrológico más activo, más evaporación, más lluvias en las zonas donde llueve y más episodios de sequía en las áreas que ya son secas. Los extremos van a ser más extremos.

 

¿Hay alguna salida para esto?

Seamos optimistas… los seres humanos tienen una inmensa capacidad de resiliencia y seguramente van a ser capaces de adaptarse a estos cambios. No hay duda de que vamos a sobrevivir. Pero también hay que tener en cuenta de que somos siete mil millones de personas y juntas sumamos un poder tremendo, por lo que hay que empezar a disminuir nuestra propia huella de carbono. Reciclar, por ejemplo, es una manera de empezar el cambio. Y enseñar a las nuevas generaciones.

 

“Hoy estamos en un período interglaciar que ha durado cerca de veinte mil años, la mitad de los cuales ha coincidido con la aparición del hombre sobre la tierra. Con los cambios provocados por el hombre y la inyección de gases de efecto invernadero, la próxima glaciación no va a ocurrir en cinco mil ni en veinte mil años, sino que en cien mil años más. O sea, podemos saltarnos un ciclo completo”.

“Creo que es bueno ser escéptico. El escepticismo ha obligado a la comunidad científica a investigar y refutar argumentos”.

“Ciudades como Santiago, La Paz o Quito, por ejemplo, que dependen en gran medida de los recursos hídricos de los glaciares pueden sufrir las consecuencias de las acciones de una tremenda industria en el hemisferio norte. También se ven afectadas las aguas del mar. Cuando recién empecé a estudiar el tema se hablaba de que el nivel del mar subiría unos treinta o cuarenta centímetros a fines del siglo. Hoy ya se habla de dos metros”. 

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