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EDICIÓN | Agosto 2017

ESFUERZO Y DISCIPLINA

Cristián Álvarez, capitán de la Universidad Católica
ESFUERZO Y DISCIPLINA

“El talento sin disciplina se pierde, y el que no tiene muchas condiciones, con disciplina puede llegar a ser mejor que cualquiera”, asegura el capitán de la Universidad Católica de Chile. En estas páginas, la historia del curicano Cristián Álvarez.

Por Bernardita Watkins V. / Fotografía: Francisco Cárcamo.

Muchos asocian el éxito de un futbolista al talento innato o al hecho de que simplemente nacieron con un don. Y, sin duda, hay casos, pero son los menos, porque detrás de cada uno de ellos, hay una historia de esfuerzo y decisión que muchas veces supera con creces lo que podemos llegar a imaginar. En Curicó tenemos un ejemplo que nos llena de orgullo, Cristián Álvarez, quien a sus treinta y siete años, casado y con dos hijos, se desempeña como capitán de la Universidad Católica de Chile. Esta es la historia de un hombre que decidió que con disciplina podía llegar a ser el mejor.

 

Hijo del destacado futbolista chileno Luis Hernán Álvarez (poseedor del récord de treinta y siete goles en una temporada) y hermano mellizo del también futbolista Iván Álvarez, para Cristián su padre era un ejemplo. Su infancia transcurrió en el centro de Curicó, vivían cerca del restaurante familiar La Guindalera y en la calle, junto a su mellizo, jugaba mucho a la pelota. A los ocho años, cuando su papá formó una escuela de fútbol, el entrenamiento fue un poco más formal y empezó a participar y jugar de manera constante, hasta que a los trece años, logró entrar a jugar a la Universidad Católica.

 

En Universidad Católica querían a su hermano, y su mamá presionó para que les permitieran entrenar a ambos. Fue así que durante un año viajaban dos o tres veces a la semana, hasta que llegó el momento en que su hermano se quedó a vivir en la capital. Él siguió viajando durante dos años más, hasta que finalmente, a los dieciséis, se fue a vivir a Santiago.

 

¿Fue difícil para ti dejar tu casa a los dieciséis?

Fue muy complicada la etapa de los viajes desde los trece años. Salía del colegio a las once, almorzaba a esa hora, tomaba el bus, luego el metro y regresaba a las once de la noche. Volvía a comer. Eran tres viajes semanales, muy agotadores. Eso durante tres años... hoy miro a mi hijo y creo que no lo dejaría hacer lo mismo, es muy duro... Yo realmente quería y necesitaba irme a Santiago.

 

¿Te apoyaba tu familia?

Absolutamente. Mi papá había fallecido y mi mamá me apoyaba en todo. Mi hermano Coke también. No me acuerdo de haber llorado porque echaba de menos, aunque sí venía los fines de semana a Curicó. Los tres años que viajé me marcaron y me prepararon.

 

¿Qué te motivaba?

No lo sé... pero no me quejaba de nada... no sé si me imaginaba que llegaría a ser el capitán de la Católica, pero por algo lo hacía... el pensar en mi papá y el hecho de ver a mi hermano como una gran figura de la selección Sub 17, yo quería ser como ellos.

 

¿Tenías muchas habilidades para el fútbol?

La verdad es que yo no era bueno para el fútbol, pero siempre trabajé enfocado en lo que quería conseguir y fui mejorando, tanto así, que a los dieciséis llegué a la Sub 17 y clasificamos para un mundial. Después, cumpliendo dieciocho, me llamaron a la Sub 20. A los veinte me llevaron a la Sub 23 y clasificamos para las Olimpíadas, donde ganamos medalla de bronce. 

 

¿Que filosofía hay detrás de este deporte?

Es un deporte de equipo y mucho compañerismo, pero también es un deporte individual y eso hay que entenderlo. Individual en el sentido de que si quiero ser mejor, debo cuidarme, entrenarme y perfeccionarme. No puedo pensar que si mi compañero no hace algo, yo tampoco. Uno debe pensar en uno, en lo que quiere lograr y donde quiere estar.

 

¿Hay muchos jóvenes con condiciones que quedan en el camino?

¡Cien mil! La falta de disciplina es lo que los va dejando afuera. Falta de disciplina en todo aspecto. Y ese es el colador de la vida. He visto muchos jugadores de una gran calidad, pero que no son capaces de aguantar presiones… Algunos por capacidad física, otros por capacidad técnica, otros por capacidad mental, van quedando afuera.

SEMILLERO EN CURICÓ

Hace cuatro años, Cristián decidió formar en su tierra natal un complejo deportivo emplazado en Zapallar, una zona de Curicó, dentro del cual funciona la escuela filial UC Hermanos Álvarez.

 

¿Por qué quisiste desarrollar este complejo deportivo en Curicó?

Siempre he querido devolver la mano a los niños y qué mejor que hacerlo en mi ciudad. Me interesa que tengan una buena calidad de entrenamiento, infraestructura y que sean felices a través de este deporte.

 

¿Qué quieres transmitirles?

Queremos enseñarles lo que es el trabajo en equipo, todo lo que implica ser deportista y lo bien que le hace el deporte a las personas. Les transmitimos que es importante que se preparen, que entrenen y que se alimenten bien. Que el fútbol es un deporte grupal, pero también individual. Todos tenemos la responsabilidad de querer ser mejores y ser buenos ejemplos para nuestros compañeros.

 

¿Cómo se enseña la disciplina?

El objetivo es que los niños disfruten, se diviertan y sean responsables. Asimismo, los padres deben asumir el compromiso de traerlos y llevarlos a los campeonatos.

 

¿Cómo ha sido tu experiencia en este proyecto?

Estoy muy contento, aunque ha sido difícil por la distancia. El apoyo de mi señora ha sido fundamental.

 

¿Qué proyectos tienes?

Después de retirarme del fútbol, quiero darme un tiempo para pensar qué hacer. Este proyecto me hace feliz, no descarto dedicarme a esto y también evaluar si me dedico a ser técnico profesional. Lo importante es hacer las cosas con pasión; al final del día, el trabajo siempre da buenos resultados.

 

¿Qué opinión tienes de nuestra selección de fútbol?

Es una selección ganadora que nos ha enseñado que Chile es campeón. Es un equipo que no le tiene miedo a nada y el que se integre a este equipo, tiene que sumarse a esa mentalidad.

 

“El fútbol es un deporte de equipo y mucho compañerismo, pero también es un deporte individual y eso hay que entenderlo. Individual en el sentido de que si quiero ser mejor, debo cuidarme, entrenarme, querer ser mejor y perfeccionarme”

“Siempre he querido devolver la mano a los niños y qué mejor que hacerlo en mi ciudad. Me interesa que tengan una buena calidad de entrenamiento, infraestructura y que sean felices a través de este deporte”. 

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