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EDICIÓN | Agosto 2017

Equilibrio y sanación

Rodrigo Caimapo, medicina china y naturopática
Equilibrio y sanación

Estudió medicina y kinesiología en la Universidad de Chile y continuó su formación en la Escuela Latinoamérica de Medicina Tradicional China. Una beca le permitió viajar a Beijing, a Shanghái y al Tíbet, donde durante tres años aprendió diferentes técnicas milenarias. Esta es la historia de un santiaguino que desde hace cinco años se instaló en Curicó, en busca de una mejor calidad de vida, sorprendiendo, incluso, a los más escépticos con los resultados de sus tratamientos.

Por Bernardita Watkins V. / Fotografía Francisco Cárcamo.

El solo hecho de entrar a su consulta es una experiencia por sí misma. Música, aromaterapia, el sonido envolvente de una fuente de agua, la figura de un Buda rezando y al menos diez lámparas de cuarzo encendidas, invitan a conectarse con el entorno. Y es que así ha decorado su consulta Rodrigo Caimapo, un hombre que tras completar sus estudios de medicina y kinesiología, decidió ir por más al otro lado del mundo, convirtiéndose en naturópata, iridiólogo y especialista en técnicas como acupuntura, apiterapia, medicina biológica, fitoterapia y terapia neural. 

 

Su primer acercamiento a la medicina china fue cuando practicaba artes marciales. Su maestro trataba sus lesiones con acupuntura y mejoraban mágicamente. Esa sanción milenaria llamaba su atención. Fue así que al terminar sus estudios empezó a educarse en la medicina china, primero en Chile y después, gracias a una beca, en el mismo país oriental. Hoy, con trece años de experiencia, atiende a niños, adultos y ancianos alternando distintas terapias, de acuerdo con las necesidades de cada paciente y al avance de cada enfermedad. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de quienes acuden a él y que el cuerpo genere ciertos balances a través de nuevos hábitos. 

 

¿Qué tal la experiencia de haberte formado en China y en el Tíbet?

Maravillosa, es una cultura totalmente distinta a la nuestra. Ellos son budistas, tienen compasión por todos los seres… un pueblo ancestral, que trata sus dolencias a través de la acupuntura,  las hierbas y los ejercicios. Hacen mucho Tai Chi y Chi Kung, técnicas de ejercicio terapéutico que acá se conocen muy poco. Sólo cuando los tratamientos no funcionan, los complementan con la medicina que para nosotros es tradicional o alópata. A las seis de la mañana las plazas están llenas de viejitos practicando Tai chi. Poseen una cultura longeva y milenaria, se alimentan muy bien y tienen ciertos hábitos que nosotros no. No consumen lácteos, ni pan y viven muchos más años que nosotros.

 

¿Qué los hace más longevos?

La alimentación y la autoconciencia. China es un país donde no son tan religiosos, pero sí hay una gran autoconciencia por el cuidado del cuerpo. En el Tíbet, sin embargo, sí son muy religiosos, y ahí la conciencia es un elemento unificador y sanador.

 

LA TRANSFORMACIÓN

 

¿Cuál es el contraste, según tú, de Oriente con Occidente?

Somos una sociedad con muchas riquezas materiales, pero infeliz y competitiva, ese es el gran contraste. Yo estuve en Lhasa, un pueblo a cinco mil metros en el Tíbet que es muy pobre, pero la gente es muy feliz y devota del budismo, como algo inculcado en su espíritu. Son seres que no son violentos, que se ayudan, sonríen, son personas muy compasivas, es otra especie humana... Creo que la gente en el Tíbet ha evolucionado mucho espiritualmente y el contacto con esas personas me transformó.

 

¿En qué sentido?

La oportunidad de haber estado en contacto con monjes tibetanos, dentro de los monasterios aprendiendo técnicas ancestrales como la meditación, transformó mi mirada sobre la vida y la muerte. En China aprendí junto a profesionales de otros países: Portugal, España, Argentina y Chile. No sólo éramos médicos, sino profesionales de diferentes áreas. Fue una experiencia muy enriquecedora y transformadora.

 

¿Cuáles son las diferencias entre la medicina tradicional y la que tú aplicas?

Lo que yo hago es más parecido a un arte, no lo compararía con una ciencia exacta como la medicina tradicional, sino que es una combinación de técnicas naturales integradas a cada paciente, y lo mejor, es que se puede sumar a un tratamiento médico alópata convencional. Lo importante es utilizar estas técnicas, integrarlas, complementarlas y aplicarlas. Ese es el valor agregado de lo que ofrezco. Y ¿en qué se diferencia de la medicina tradicional? En que son paradigmas totalmente distintos. Uno es un paradigma físico y materialista y el otro es un paradigma bioenergético y holístico, basado, también, en lo que sucede en tu mente, en tus emociones y en tus hábitos. Uno es un concepto energético, que integra diferentes dimensiones, y el otro es físico.


¿Se pueden complementar?

Sin duda, ambas se integran. Muchos médicos derivan pacientes para que se hagan acupuntura u otros tratamientos que se complementan muy bien con la medicina tradicional. Son alternativas para no medicar tanto a los pacientes y complementar sus tratamientos, por ejemplo, con apiterapia (veneno de abejas).

 

LAS ESPECIALIDADES

 

¿Cómo realizas los diagnósticos?

A través del iris, el pulso y la lengua. El pulso se mide con un instrumento llamado diapasón, el cual emite una frecuencia que sintoniza con el pulso y lo mide en tres niveles. Este instrumento ayuda a bajar las revoluciones con las que viene una persona apurada o con preocupaciones y me da un pulso más fidedigno.

 

¿Dónde aprendiste y en qué consiste la técnica de la apipuntura?

La aprendí en China y consiste en tratar enfermedades con el veneno de las abejas, utilizando apitoxina, ya sea en diluciones inyectables o con abejas vivas, pero en puntos de acupuntura de meridianos. Hay un mapeo con los meridianos que recorren el cuerpo y que los chinos han identificado hace más de cuatro mil años.

 

¿En qué casos la recomiendas?

Se utiliza para tratar problemas reumáticos como las artritis reumatoide, las tendinitis, para problemas autoinmunes, cómo el lupus, o neurológicas como el Parkinson. El resultado va a depender del tiempo y de la fase en la que se encuentre la enfermedad. Todo se acomoda y se prescribe de acuerdo a la necesidad de la persona.

 

¿Qué es la naturopatía?

Es una especialidad de la medicina tradicional que consiste en utilizar todos los mecanismos naturales posibles para sanar el cuerpo y, dentro de ellos, se utiliza mucho la fitoterapia, que son tratamientos a través de principios herbarios. No se toman los medicamentos procesados, sino que te nutres de los principios activos que están en las plantas. Para eso, trabajo con un laboratorio de Estados Unidos especializado en hierbas.

 

¿Quiénes son tus pacientes?

La mayoría viene por problemas de dolor, generalmente son casos a los que la medicina tradicional no da cabida o no entrega solución. Atiendo muchos temas complejos, como el cáncer y, por supuesto, también otros más simples: penas, angustias, estados depresivos. Situaciones complicadas, como hernias de columna, artrosis y a muchos adultos mayores que desde los consultorios llegan con una tremenda bolsa de remedios... imagínate su hígado y su colon. Lo que yo hago es desintoxicar sus cuerpos y desde el principio naturopático limpiar el terreno. Vulgarmente, cuando la cocina está llena de hormigas, uno no echa veneno, primero limpia; con el cuerpo es lo mismo, primero se limpia el terreno y luego se hace una biomodulación, ese es el principio de la medicina biológica y para ello administro medicamentos naturales.

 

¿La medicina china es más bien preventiva?

Absolutamente. Llegar a la enfermedad es como un fracaso médico. En las comunidades rurales chinas cada familia tiene un médico de cabecera, encargado de mantener saludable a la familia, se le paga para eso. Si algún integrante se enferma, es un fracaso. Acá es completamente diferente, lucramos con la enfermedad.

 

¿Utiliza remedios?

Medicamentos de farmacia, no. Pero si viene alguien totalmente contracturado, puede tomarse un relajante muscular. Utilizo medicamentos naturales. A casi todos mis pacientes les receto clorofila, que es un potente depurador del cuerpo con muchas propiedades depurativas como, por ejemplo, alcalinizar el cuerpo. Se toma diluyendo una cucharadita en un vaso de agua y la recomiendo a quienes consumen muchos medicamentos. Es de un laboratorio estadounidense. Acá fabrico cápsulas de propóleo para niños y adultos. Spray de propóleo para problemas bucofaríngeos, crema de propóleo para problemas dermatológicos y polen con jalea real como suplemento alimenticio.

 

¿Por qué elegir esta alternativa?

Hasta los más escépticos se han llevado una sorpresa y se han dado cuenta de que esta medicina ayuda, sirve y funciona. Se van a medicar menos, van a sentir un efecto placentero. La acupuntura produce un placer, más allá del efecto sanador. Hay un movimiento energético y los pacientes al día siguiente se sienten mejor y están con más y mejor energía y estado anímico.

 

“Llegar a la enfermedad es como un fracaso médico. En las comunidades rurales chinas cada familia tiene un médico de cabecera, encargado de mantener saludable a la familia, se le paga para eso. Si algún integrante se enferma, es un fracaso. Acá es completamente diferente, lucramos con la enfermedad”.

 

“La mayoría viene por problemas de dolor, generalmente son casos a los que la medicina tradicional no da cabida o no entrega solución. Atiendo muchos casos complejos, como el cáncer y, por supuesto, también otros más simples: penas, angustias, estados depresivos”.

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