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EDICIÓN | Agosto 2017

ACTRIZ AUTORA

Soledad Cruz, actriz
ACTRIZ AUTORA

Apasionada por su profesión y motivada por aprender y crear nuevas instancias en torno al teatro, así es Soledad Cruz, una actriz integral que disfruta cada arista de su profesión. Destacada también por su trabajo como directora y gestora cultural, fue la impulsora de un importante movimiento de dramaturgos en la región del Maule, y hoy sigue vinculada a la región que la vio nacer y crecer.

Por Fernanda Schorr. Fotografías Francisco Cárcamo P.

A simple vista, la actriz Soledad Cruz se parece poco al personaje que hoy interpreta en la teleserie nocturna de Mega, Perdona nuestros pecados. Su rol, María Mercedes Moller, Mechita, es una colegiala de dieciocho años, fiel amiga de María Elsa, la protagonista. De esencia inocente, atolondrada y casi infantil, Mechita vive a su propio ritmo, poco conectada con el drama que la rodea. Soledad, en cambio, es mucho más determinada, apasionada e intensa, y su energía y pasión por lo que hace la mantienen en un estado de constante aprendizaje.

Con treinta y tres años, esta actriz talquina ha sido la autora de su propia carrera, desarrollándose no sólo en lo actoral, sino también como directora y gestora cultural. “Me gusta todo del teatro”, cuenta, y advierte que no le gusta que la definan: “Soy una profesional de las artes escénicas, me considero tanto actriz como directora”. Soledad ha actuado en más de veinte obras, como: Lástima que sea una puta, Travesía, El pelícano, Macbeth, entre otras, y ha dirigido tres: El feligrés, El golpe y El pago de Chile, lo que le ha permitido entender el teatro desde todos sus ángulos.

En 2012, impulsada por la búsqueda de su propia identidad actoral y la necesidad de fomentar la creación de teatro identitario para la región, Soledad creó el Festival de Dramaturgia Maulina, instancia que sembró el inicio de un movimiento de dramaturgos en la zona. Hoy, aunque está radicada en Santiago, la actriz sigue vinculando su trabajo a la región con el propósito de aportar desde el teatro a los jóvenes que viven y estudian en esta. En esa misma línea, este año se hizo cargo del Laboratorio Escénico 2017 del Teatro Regional del Maule, un espacio de experimentación teatral que involucra a cuatro actores profesionales de la zona, bajo la dirección de Trinidad González y Marcos Guzmán, ambos directores nacionales.

INFANCIA EN EL MAULE

El invierno en la alameda con mucha neblina, la vida de barrio, el andar todo el día en la calle con sus dos mejores amigos que vivían cerca de la casa, o caminar a todos lados sin tener que tomar micro, son algunas de las cosas que Soledad guarda con cariño de su infancia y adolescencia en Talca. “Si bien llegaban muy pocas cosas artísticas a la ciudad, yo asistía a todo lo que había. Tenía el tiempo para hacer talleres, ir a charlas de literatura, a conciertos y creo que, de alguna manera, eso propició mis intereses”.

Desde que estaba en el colegio, la actriz escogió el camino del arte. Durante toda la enseñanza media incursionó en las artes escénicas a través de talleres extraprogramáticos, y a los dieciocho años ya estaba clara de que el teatro eso era lo suyo, por lo que entró a estudiar la carrera a la Universidad Diego Portales, en ese tiempo liderada por Raúl Osorio: “Nunca se debilitó mi fe ante lo que yo quería hacer, mi vocación. Por eso le puse todo mi esfuerzo, era muy matea, tenía mucha sed de ensayar, de ser actriz”.

TEATRO IDENTITARIO

Al salir de la universidad y tras profundizar en la escuela de Alfredo Castro (Teatro La Memoria), a Soledad nunca le han faltado los proyectos. En 2010, la actriz inició una investigación sobre el trabajo literario del Maule, encontrándose con diferentes autores como el cureptano Hugo Correa, quien fue el primer escritor de ciencia ficción en Chile. Sus paisajes campesinos contrastados con la vida extraterrestre llamaron mucho la atención de la artista, quien decidió adaptar su cuento El feligrés al teatro. Esa fue la primera obra que dirigió y hoy recuerda esa experiencia con cariño: “Ahí empecé a enamorarme de la escritura de la zona. Hicimos una itinerancia por pueblos a los que nunca había llegado el teatro”.

Dos años después, Soledad notó que llevaba un tiempo actuando en obras cuyos personajes no la identificaban. Eso, sumado a su sensación de desarraigo al no sentirse ni muy de Talca ni muy de Santiago, comenzó a gestar dentro de ella muchas preguntas: “Dónde está tu patria, de dónde eres, quién eres… Estaba esa inquietud actoral y las ganas de poder actuar algo que me identificara”. En ese momento la artista recordó la investigación que había hecho antes: “Había dado con muchas joyas de escritores, mucho movimiento literario y dije, aquí en el Maule hay algo que hace que la gente escriba”.

Ese mismo año, junto a su amiga Paula Araya, crearon el Festival de Dramaturgia Maulina —FEDAM—, como una manera de incentivar a los escritores del Maule para que escribieran teatro: “Se unía nuestra insatisfacción por no estar haciendo una obra que nos representara, el rollo por investigar nuestra identidad, y las ganas de potenciar la dramaturgia en el Maule, para tener algún día teatro identitario que represente a la región”.

El festival, que duró tres años consecutivos, consistía en invitar durante un semestre a grandes dramaturgos nacionales a la región —Juan Radrigán, Luis Barrales y Ramón Griffero— a hacer clases a un grupo de diez artistas locales. Al final del taller se escogía una obra que se montaba como lectura dramatizada a público, con la participación de actores y directores metropolitanos.

El proyecto guió a los artistas a escribir sobre sus propios referentes, su historia e identidad, generando así el encuentro con un imaginario maulino. En el proceso aparecieron obras que hablaban sobre el Maule desde diversas miradas; no sólo desde el folclore sino desde la crítica política y social, la vida rural, las tradiciones locales y la historia. Dentro de ellos destacaron  dramaturgos como Joanna Mellado, Dan Contreras, Jorge Benavides y Daniel Acuña, quienes, en 2016, publicaron el libro Nueva dramaturgia maulina, rescatando obras creadas en FEDAM.

El festival, sin embargo, hoy está en receso por falta de fondos: “El año pasado postulamos a dos FONDART, uno nacional y otro regional, y no ganamos ninguno, fue horrible”. Sin embargo su creadora señala que habían llegado a un punto en el que era necesario decantar y detenerse a pensar los próximos pasos a seguir. “Aún existe una deuda de la que yo no me he hecho cargo, y es con toda esta gente que creyó que el festival era de todos, e iba a seguir todos los años, porque en Talca no hay escuela, FEDAM es el único festival formativo que existe”.

APRENDER CONSTANTE

Soledad es una artista curiosa, que en cada proyecto nuevo al que se enfrenta se relaciona con gente a la cual le interesa aprender. En el Laboratorio Escénico 2017 del Teatro Regional del Maule, cumple el rol de productora encargada de la gestión y de liderar el proyecto junto a Victoria Flores, directora de Programación del teatro. El laboratorio ya escribió una obra a partir de un intercambio entre actores y directores. Los ensayos del grupo ya comenzaron en julio y durarán tres meses, y el resultado del trabajo se estrenará en octubre.

Su participación en Perdona nuestros pecados también ha sido una experiencia de aprendizaje: “Esta teleserie y este equipo humano es notable, hay mucha gente que admiro, actores maravillosos”. Hoy sigue grabando la teleserie y, además, está trabajando en un nuevo proyecto con su compañía Del Terror, se trata de La espera, de Guillermo Blanco. Paralelo a eso, la actriz prepara El golpe, obra basada en un texto de Roberto Parra que volverá a dirigir en el Museo La Memoria el 20 de julio.

Por ahora, Soledad está con muchos proyectos, enfocada sobre todo en hacer, en vivir el presente. Y cuando le preguntan sobre sus proyecciones, de inmediato salen a flote sus planes: “Estoy postulando a una beca, quiero irme a España un rato, luego a Italia y a la India a recolectar mucha información. Creo que me toca salir, volver a estudiar, volver a poner en duda todo de nuevo”.  

 

“Aún existe una deuda de la que yo no me he hecho cargo, y es con toda esta gente que creyó que el festival era de todos, e iba a seguir todos los años, porque en Talca no hay escuela, FEDAM es el único festival formativo que existe”.

“Nunca se debilitó mi fe ante lo que yo quería hacer, mi vocación. Por eso le puse todo mi esfuerzo, era muy matea, tenía mucha sed de ensayar, de ser actriz”.

“Estoy postulando a una beca, quiero irme a España un rato, luego a Italia y a la India a recolectar mucha información. Creo que me toca salir, volver a estudiar, volver a poner en duda todo de nuevo”.  

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