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EDICIÓN | Agosto 2017

Diana de Gales

Por Shila Aldunate
Diana de Gales

El 31 de agosto se cumplirán veinte años del fallecimiento de la querida y emblemática princesa Diana, quien causó una pena a nivel mundial, por todo lo que ocurrió en su vida privada y por ese accidente mortal en París.

Se hizo un monolito y siempre hay flores a la entrada del Puente del Alma, pareciendo que la presencia de ella se pasea por esos lugares, recorriendo el túnel y las calles aledañas al río Sena. Triste es, pero hoy le rindo un tributo a una de las figuras más emblemáticas del panorama mundial, como esta mujer, simple y de un estilo bien británico, casi bucólica, que se casó, como en los cuentos de princesas, con ese príncipe de caballo blanco que vino a convertirla en su esposa, maravillosa mezcla que da origen a una de las mejores novelas del siglo XX.

Sí, una novela, porque a poco andar, el mundo se enteró que la princesa vivía uno de los dolores más grandes que puede sufrir una mujer: el desamor y la infidelidad. Todos fuimos testigos de cómo aquella princesa de mirada lánguida y tierna, un tanto fome en su vestir, se fue convirtiendo en una mujer excepcional, regia, alta, estilizada, de piernas kilométricas, con un corte de pelo maravilloso, en el mayor ícono de la moda, perseguida a toda hora por fans, fotógrafos, paparazis, mientras estaba en obras de caridad, eventos culturales o de vacaciones.

A fines de mes tendremos miles de fotografías que darán la vuelta al mundo, sus hijos la reivindicarán, hablando y mostrando a la persona amable, tierna y cercana que fue como madre, escapando siempre del pesado y envejecido protocolo real. No olvidemos que se permitió, incluso, hablar públicamente de la infidelidad de su marido.

Es mi tributo a esta mujer, la común y corriente “only Diana”, que pasó tanto dolor del alma para convertirse en una mujer guerrera, valiente, preciosa, que desafió a la monarquía.

Luchamos por ser regias, miradas y admiradas, pero no todo se puede, porque a veces es a costa de anorexias, bulimias, de muchas infelicidades y desdichas que no se ven. Es para reflexionar, podemos crear y recrear nuestra propia historia.

¡Hasta la próxima!

 

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