Tell Magazine

Columnas » Cine Paralelo

EDICIÓN | Agosto 2017

Dr. Insólito o: ¿Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba?

Por Maximiliano Mills
Dr. Insólito o: ¿Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba?

Estamos en agosto de 2017 y no lo puedo creer: ¡Cumplo cinco años escribiendo esta columna “Cine-Paralelo” en revista Tell! Cinco años significa que ya he comentado s-e-s-e-n-t-a películas para los lectores de Tell. Solo me queda agradecer a su director, Antonio Perocarpi, y a mis editoras, María Inés Manzo y Macarena Ríos, por darme el regalo más apreciado que cualquier cronista puede recibir: la libertad para escribir lo que se le venga a la cabeza, sin recortes ni censura. GRACIAS.

También cada aniversario, durante estos cinco años, me he dado la libertad de analizar la película que yo quiera. Y este mes el elegido es un director que fue más grande que la vida misma: Stanley Kubrick. Conocido por nunca repetir el género de sus películas (Espartaco, Lolita, 2001, Barry Lyndon o El resplandor), Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964), es una película bastante atípica, incluso para la variada filmografía de Kubrick. Ubicada dentro del género comedia de humor negro y sátira política, fue producida, coescrita y dirigida por Stanley Kubrick. Está basada en la novela de Peter GeorgeAlerta roja, y cuenta con el papel protagónico de Peter Sellers, quién desplegando su sello más característico, aquí interpreta tres papeles distintos: el capitán de la Real Fuerza Aérea, Lionel Mandrake; el presidente de los Estados Unidos, Merkin Muffley y al Dr. Strangelove, exnazi y asesor del presidente. Es secundado por la actuación de George C. Scott, interpretando al general Buck Turgidson y con un joven James Earl Jones (la voz de “Darth Vader”), debutando en el cine como el teniente Lothar Zogg. Acorde con la época en que fue realizada, se filmó en blanco y negro, con bastante fotografía en penumbras e iluminación artificial para interiores.

La historia narra cómo el general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Jack D. Ripper (Sterling Hayden), planea comenzar una guerra nuclear con la desaparecida Unión Soviética y emite la orden sin pedirle la autorización al presidente. El Dr. Strangelove le explica a la alta cúpula militar y política reunida en el “Salón de la Guerra” del Pentágono, cómo este dispositivo es una extensión de la estrategia desarrollada durante la Guerra Fría bajo el concepto de la “destrucción mutua”. El plan de ataque del general Ripper indica que los aviones de la escuadra no deberán escuchar ninguna comunicación, a menos que esta venga con un código secreto preestablecido (que solo conoce Ripper), evitando con este protocolo que cualquier otra autoridad desactive el ataque.

Esta es una película jocosa y descabellada. Tanto por el zoológico de personajes que desarrolla la historia como por la rigurosidad profesional característica de Kubrick. Cuentan los integrantes de preproducción que los guionistas y protagonistas fueron sorprendidos por el meticuloso detalle de la cajita con el equipo de sobrevivencia, que cada miembro de la tripulación del avión bombardero B-52 cargaba como parte de su traje de aviador. Hay una toma donde en pleno vuelo se pasa revisión a su contenido. Esta fue la escena que puso nerviosos a los coproductores, quienes conociendo a Kubrick sospecharon que podría haber traspasado códigos de seguridad dentro de la Fuerza Aérea para recabar semejante información clasificada. Y así como en una ocasión Ridley Scott filmo en Francia Un buen año solo porque su casa estaba en Provenza (la misma zona donde se desarrolla la novela), Dr. Strangelove fue filmada en los estudios Shepperton cercanos a Londres, porque Peter Sellers estaba en el medio de su divorcio y tenía una orden de arraigo que le impedía viajar fuera de Inglaterra.

Hay una escena inolvidable e hilarante en el documental Kubrick, una vida en imágenes, donde el actor Sydney Pollack comenta que cuando miraba la imagen de Dr. Strangelove con los hongos nucleares explotando por todas partes y casi saliendo de la pantalla, acompañados de la canción Well’ll meet again de Vera Lynn, solo se le ocurrió pensar “¿A qué loco-demente-rayado se le ocurre mezclar estas imágenes con esta canción?”... solo a Kubrick. Un genio. Y como el genio que era, consigue superarse en la misma Dr. Strangelove, con la que yo considero la línea de un guión más descabellada, ridícula y jocosa en TODA la historia del cine:

“Caballeros, no se puede pelear aquí ¡en el salón de la guerra!”   

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+6+3   =