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EDICIÓN | Julio 2017

Amor a la danza

Belén Álvarez, exbailarina del Teatro Municipal
Amor a la danza

Fue contra todos los prejuicios de su época, para llegar a ser una bailarina de ballet, y lo logró. Estuvo en el primer escenario nacional, donde participó de clásicas puestas en escena; formó una compañía en Concepción, la primera de regiones en subirse a las tablas del Teatro Municipal, y hasta el día de hoy sigue haciendo clases y encantando a las aprendices de bailarinas.

Por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.

A sus setenta y ocho años, la exbailarina de ballet Belén Álvarez, aun hace clases de danza a las pequeñas alumnas que sueñan con subirse a un escenario y moverse al compás de una composición clásica, igual que ella a los cuatro años, cuando tuvo la posibilidad de asistir a un espectáculo de ballet, y luego le dijo a su madre “yo quiero hacer eso”. Desde ahí, no hubo vuelta atrás.

Así de clara tenía su vocación, nunca dudó en seguir su camino. Asistió a clases de ballet durante su niñez y adolescencia en Viña de Mar. Cuando salió del colegio, su familia la matriculó en un curso de taquigrafía, pero ella encontró una academia de danza camino a su primera clase, y como tenía dinero guardado porque enseñaba inglés a niños, se inscribió en la escuela de baile, y nunca asistió al otro curso.

En esa academia conoció a su marido, Dragomir Yankovic, camarógrafo y documentalista, quien falleció en 2015. Con él vivió en diferentes partes de Chile, incluido Concepción, a donde llegaron en 1973. Antes de eso, permanecieron en Santiago.

AL MUNICIPAL

En la capital, participó en la audición para integrar las filas de la Compañía de Ballet del Teatro Municipal de Santiago y quedó dentro del cuerpo de baile, por lo que participó en todos los ballets de repertorio. Nunca logró ser primera bailarina, aunque siempre fue su sueño. Estar casada y tener cuatro hijos desde los diecinueve años, la hicieron ingeniárselas para cumplir las obligaciones de su casa, marido, los niños y las temporadas y giras del ballet. Sin embargo, tuvo participación activa en la directiva del Sindicato de Bailarines de la entidad, donde abogó, particularmente, por la igualdad de derechos entre los primeros bailarines y el cuerpo de baile. “Era tanta la desigualdad, por ejemplo, con los viáticos que se asignaban para las giras. Era muy inequitativo, pero logramos revertirlo”.

Cuando llegó a Concepción, formó el Ballet Contemporáneo de Concepción, en 1974, compuesto por treinta jóvenes, que se sintieron atraídos por el baile gracias a un programa de televisión que causaba furor en la audiencia de la época: Música Libre. Con ellos, viajó por Chile presentando obras como Cascanueces, Coppelia, Las sílfides y Paquita. El éxito se vio coronado cuando se presentaron en el Teatro Municipal; fue la primera vez que una compañía de regiones conseguía subirse a ese escenario. También, fue el primer grupo regional en ser invitado a un programa de televisión de emisión nacional, Más Música.

Muchos de esos jóvenes fueron reclutados por la coreógrafa australiana Karen Connolly para el ballet de Canal 13 y comedias musicales. Incluso Belén fue invitada por Karen a ser parte de su staff de maestros de baile desde 1987 a 1992.

En el teatro penquista también marcó un hito, al estrenar su compañía la obra completa de Coppelia junto a la Orquesta Sinfónica de la UDEC, dirigida por Ernst Huber-Contwing. Nunca antes se había unido el ballet clásico y una orquesta en vivo en Concepción.

Trabajó por el desarrollo y difusión de la danza, tanto desde su propia academia de baile, como desde la creación del Taller de Ballet Universidad de Concepción, con quienes realizó múltiples presentaciones, junto a la Orquesta UDEC, desde 1994.

ESPERADO GALARDÓN  

En 2009, le entregaron el Premio Regional de Arte y Cultura, un reconocimiento que ella esperaba tranquila y serena desde la alcaldía de Enrique van Rysselberghe, en los setentas, cuando se declaró desierto el premio municipal de arte al que fue nominada.

¿Cómo te sentiste cuando te entregaron el Premio Regional de Arte y Cultura en 2009?

Me sentí muy bien. Pensé “la justicia tarda, pero llega”. Además, ese año fuimos premiados con personas muy conocidas, fue un grupo fantástico.

¿Qué significa para ti la danza?

La danza no es una actividad para relajarse. Requiere una disciplina estricta con reglas. Hay que repetir los ejercicios una y otra vez para tratar de lograr la excelencia. En la danza se busca la perfección. Yo, por ejemplo, he dado el máximo de mí, pero no he llegado a la perfección. Muchos no llegan por condiciones físicas imposibles de soslayar.

¿Qué opinas de la danza actual?

La danza actual es para una élite. Es más difícil de entender, hecha por grupos pequeños que se entienden entre ellos. En cambio, el ballet clásico todos lo entienden. Son historias universales.

¿Cómo fue tu tiempo como dirigente del Sindicato de Bailarines del Teatro Municipal?

Traté de hacer cosas, de mejorar la calidad de vida de los bailarines. También pertenecí a la Comisión Artística, donde hubo momentos muy difíciles y hacíamos de todo, incluso buscar directores. Fue un trabajo de mucha responsabilidad.

¿Recuerdas alguna anécdota de tu paso por el Teatro Municipal?

Recuerdo cuando finalizaban las temporadas. En la última función, siempre alguien hacía una broma que solo nosotros notábamos, por ejemplo, unos compañeros, en una escena de aldeanos, se pusieron el traje de las bailarinas, se maquillaron y se peinaron como ellas. Bailaron tan bien que nadie se dio cuenta, ni el director ni el público. Solo nosotros.

En otra ocasión, un bailarín argentino debía tomar un brebaje en una escena campestre, y después realizar muchos giros y saltos. Los compañeros le jugaron una broma y le pusieron aguardiente en vez de agua. Y tuvo que hacer todo igual.

Siempre se habla de los problemas de extrema delgadez de las bailarinas.

Siempre ha sido igual. En el Teatro Municipal teníamos un director ruso muy exigente y riguroso. Él decía “prefiero una bailarina menos talentosa, pero flaca”. A mí trataban de decirme que podría ser más delgada, pero yo simplemente no hacía caso. Había otras niñas que se desmayaban bailando, por dejar de comer. Yo no quería que eso me pasara. Tenía hijos que cuidar, no podía andar sin energía. Imposible.

¿Cómo aprenden los niños?

A los niños se les enseña dentro de los juegos. Sin embargo, los pequeños de ahora, aunque tienen las habilidades, realizan muchas actividades distintas que pueden elegir y es difícil que se concentren en una sola disciplina.

Belén vive plenamente, entre clases de gimnasia tres veces a la semana y enseñar ballet en la Corporación Cultural de San Pedro de la Paz y en la Academia de Artes Integradas, ADAI, cuatro días a la semana. Además, se alimenta sanamente y no duda en trasladarse en micro, cuando no la pueden llevar en auto. Una mujer que se mantiene delgada, ágil y activa, y aunque su marido falleció hace dos años y lo extraña enormemente, ella llena ese vacío haciendo lo que más le gusta: enseñar a bailar.

 

“La danza no es una actividad para relajarse. Requiere una disciplina estricta con reglas”.

“Los pequeños de ahora, aunque tienen las habilidades, realizan muchas actividades distintas que pueden elegir y es difícil que se concentren en una sola disciplina”.

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